Al día siguiente de nuestra llegada a Loldia House visitamos el Lago Nakuru en un safari de día completo. Aunque había leído mucho sobre el lago y también había visto muchas fotos, la realidad superó todo lo que yo me había imaginado. La vista del lago repleta de flamencos y pelícanos es impresionante así como el sonido que emiten tantas aves juntas.
Después de la primera impresión uno se toma su tiempo para contemplar tranquilamente el espectáculo y entonces es cuando lo ves de verdad, cuando puedes distinguir las distintas escenas: flamencos paseando, comiendo,
pelícanos alimentándose, levantando el vuelo, aterrizando… Uno podría pasarse allí horas enteras sin aburrirse, simplemente contemplando la vida bullir a tu alrededor.
Pero en este parque hay otros muchos animales aparte de las aves así que, a nuestro pesar, volvimos a montar en el 4x4 para proseguir nuestro safari. Samy es un verdadero conocedor de este parque y un profundo conocedor de sus animales y sus costumbres y así, mientras viajamos, nos fue contando de sus costumbres, su alimentación, etc. Nos condujo primero a una zona que había estado habitada pues allí es fácil encontrar leones, como así fue, pudimos ver una leona que posó en diversas posturas en nuestro honor.
Después vimos una familia de rinocerontes compuesta de varios adultos y un pequeño, todos ellos apiñados alrededor de un árbol.
También vimos entre la fronda un rinoceronte negro, animal esquivo al que es difícil fotografiar, aunque yo, la verdad, no sería capaz de distinguirlo, aunque nuestro guía se esforzó en mostrarme las diferencias, pero yo debo ser una discípula torpe porque sigo sin verlas.
Después paramos para comer en una zona preparada para ello, con mesas y bancos y, a pesar de ello, no se puede levantar la guardia pues sigues estando al aire libre y las fieras también, por lo que siempre hay que pararse cerca del transporte por si hay que echar a correr. Afortunadamente no fue necesario y pudimos saborear el exquisito almuerzo que nos habían preparado.
Ya por la tarde avistamos una manada de leones, había un macho y varias hembras, una de ellas tenía dos cachorrillos de apenas un mes de vida. Una preciosidad, juguetones y blanditos, parecían de algodón. ¡qué ganas me dieron de achucharles como si fueran peluches! Afortunadamente sólo fue una idea; aunque algo chiflada, no lo estoy tanto como para eso
Como todos los cachorros jugaban entre ellos y acabaron hechos un montón
Vimos otros muchos animales, jirafas, búfalos, cobos, chacales, hienas… Pero el que me hizo mucha ilusión divisar fue este pequeño mamífero conocido como elefante de las rocas. Es una especie de musaraña que vive entre las rocas en vez de hacer nidos o huras y tiene costumbres diurnas, pero es muy difícil de observar.
Crescent Island
Como teníamos tiempo visitamos también la isla de Crescent Island. La verdad es que fue la parte menos interesante de todo el viaje, pero tiene el encanto de poder andar entre los animales pues en esta isla no hay depredadores y puedes acercarte a las jirafas todo lo que ellas te dejen y también estirar las piernas que, en este viaje, con tanto automóvil se quedan anquilosadas.






