El día de navegación lo dedicamos al descanso. Después de todos estos días de no parar, estábamos deseando un buen rato de relax.
Como ya os conté anteriormente, el primer día en el barco aprovechamos para reservar hora para un masaje, así que por la mañana nos fuimos a disfrutar de nuestros masajes y desprendernos de TODO el cansancio acumulado. ¡qué placer!, como nuevos nos dejaron.
Después a pasear por cubierta, por los pasillos, por los salones, por el centro de fotografía. En fin, matar el tiempo que se dice.
En este viaje el asunto de la fotografía no resultó un agobio. Había fotógrafos del barco en muchos puntos, pero sólo realizaban fotografías si las solicitabas. Incluso en el acceso al coctel del capitán y la cena de gala, tenías que pedir ex profeso la foto para que te la hicieran. Me gustó este sistema porque en Costa son unos verdaderos pesados, tienen a los fotógrafos en la salida de todas las escalas y dentro del barco, en fin que te los encuentras hasta en la sopa y luego, claro, como las fotos son buenas pues acabas picando y te gastas una pasta
Y con eso llenamos la mañana y después a comer y sestear. Como nosotros no somos de siesta empleamos el tiempo en echarnos unas partiditas de mus aprovechando que somos 4 y siempre viajamos con la baraja.
Esa tarde habían organizado muchas actividades a bordo, entre ellas una escalada por el muro ad hoc que tiene el barco y mi hijo pequeño se apunto. Pues ¡hala! Todos para allí para verle subir. La verdad es que hacía buena rasca, pero unos padres hacen cualquier cosa por un hijo, así que allí aguantamos todo el tiempo hasta que consiguió subir a lo más alto.
Luego unos coctelitos hasta la hora de la cena y después hacer la maleta y dejarla en el pasillo para el desembarco.
Por la mañana nos levantamos prontito para desayunar antes de que nos echen y luego al puerto a coger un taxi que nos lleve hasta nuestro hotel.

