Nos levantamos tarde, por suerte había parado de llover así que nos dirigimos a comprar los billetes del crucero, no nos dio tiempo ni para desayunar. Los efectos del jet lag habían desaparecido y el cansancio empezaba a hacer mella. Dejamos el coche en el parking y el hombre mayor que nos acababa de indicar donde aparcar quiso hablar con nosotros, nos preguntó que de donde éramos y le dijimos que spain, y aquí nos dimos cuenta que sabiendo inglés hubiéramos disfrutado mas si cabe el viaje. El hombre nos decía algo de Galicia, pero no acabamos de entenderle y mira que nos dio pena.


Las 1000 islas son una cadena de islas (1800) que se encuentra en el río Saint Lawrence en el noreste del lago Ontario. Algunas pertenecen a USA y otras a Canadá. Una vez dentro del barco que hace el crucerito nos subimos a la parte de arriba para apreciar bien todo el paisaje.

El aire era muy frío, pero por lo menos lucía el sol, que era bastante, teniendo en cuenta el día anterior. Las mansiones impresionantes, con todo lujo de detalles. Se montan casas en islas, que ni siquiera tienen espacio suficiente, ya que toda la superficie es casa.

Hay diferentes tipos de cruceros, cogimos el de 2 horas, y la verdad un poco largo se nos hizo, te llevan hasta la zona de Canadá. A la vuelta tienes la opción de visitar Boldt Castle, una isla en forma de corazón fruto de un capricho de un multimillonario, que lo estaba construyendo para su esposa, pero cuando ella falleció, paró la construcción y no volvió a la isla. Como teníamos un largo trayecto por delante decidimos pasar de verlo. Con mucha pena dejamos Alexandría Bay.


A la hora de comer paramos en un restaurante muy muy curioso, ¡¡ era como un museo de la vaca ¡! también llamada Cow, lo llevaban todo unas mujeres simpatiquísimas y como era viernes tenían la especialidad Fish and chips, que yo me lo pedí y estaba bueno, mi mujer se pidió un cacho de trozo de pedazo de hamburguesa que también le gustó muchísimo, en definitiva comimos como reyes. Con los estómagos llenos seguimos camino hasta Seneca falls. Vimos el pueblo totalmente decorado en Halloween y paramos en unos outlets que había por allí.

Después de las compras fuimos directamente al hotel en Rochester, uno de la cadena Red Roof inn, usamos esa cadena de hoteles 2 veces en el viaje y fue la mejor que probamos, limpios, grandes y baratos.