22 de Octubre – Botswana, otro carácter y paseo por el Chobe Riverfront
[align=justify]Nada más despertarnos ese día, queríamos poner pie ya en el siguiente país de este bonito viaje, Botswana. Muy a nuestro pesar todavía quedaban los últimos kilómetros de esa interminable carretera de la Franja de Caprivi hasta llegar al puesto fronterizo de Ngoma Bridge. A pesar de los casi 900km de línea recta, esta región nos había dejado muy buenos recuerdos. Llegamos en coche hasta Katima Mulillo para hacer parada técnica y comprar muchas cosas necesarias para los siguientes días. Nos esperaba una largo recorrido atravesando Chobe, Savuti y Moremi donde poco o casi nada íbamos a poder conseguir excepto en Kasane. Valía la pena ir bien preparado en cuanto a combustible, víveres y agua.
Ya en el mismo puesto fronterizo de Ngoma Bridge se podía percibir que Botswana nos ofrecería diferencias notables en comparación con Namibia. Nada más pasar las ruedas del coche y los pies por el rudimentario sistema de limpieza, un grupo de baobabs te da la bienvenida al país y el aumento del verde y vegetación abundante se hace notar.
[align=justify]Nada más despertarnos ese día, queríamos poner pie ya en el siguiente país de este bonito viaje, Botswana. Muy a nuestro pesar todavía quedaban los últimos kilómetros de esa interminable carretera de la Franja de Caprivi hasta llegar al puesto fronterizo de Ngoma Bridge. A pesar de los casi 900km de línea recta, esta región nos había dejado muy buenos recuerdos. Llegamos en coche hasta Katima Mulillo para hacer parada técnica y comprar muchas cosas necesarias para los siguientes días. Nos esperaba una largo recorrido atravesando Chobe, Savuti y Moremi donde poco o casi nada íbamos a poder conseguir excepto en Kasane. Valía la pena ir bien preparado en cuanto a combustible, víveres y agua.
Ya en el mismo puesto fronterizo de Ngoma Bridge se podía percibir que Botswana nos ofrecería diferencias notables en comparación con Namibia. Nada más pasar las ruedas del coche y los pies por el rudimentario sistema de limpieza, un grupo de baobabs te da la bienvenida al país y el aumento del verde y vegetación abundante se hace notar.
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Al poco de traspasar la frontera nos encontramos ya en una de las entradas al parque nacional de Chobe. Debíamos llegar a Kasane, por la carretera que va desde Ngoma hasta el propio pueblo, atravesando parte del territorio del parque y partiéndolo en dos. La carretera es asfaltada y en buen estado y en cualquier momento pueden pasar grupos de animales ya que en principio, sigue siendo su territorio. Sin comerlo ni beberlo, pasamos por alto Kasane y cuando nos quisimos dar cuenta habíamos llegado a Kazungula, el otro puesto fronterizo que separa cuatro países: Namibia, Botswana, Zambia y Zimbabwe. Dimos media vuelta y al llegar a Kasane encontramos rápidamente el Chobe Safari Lodge, nuestro hospedaje para los próximos 3 días.
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Al llegar al Chobe Safari Lodge y ver nuestro patético camping y el lodge, fue la primera vez del viaje en donde nos entró tentación de pegarnos el gustazo y dormir en camita pero resistimos estoicamente, valía la pena gastarse el dinero en otras cosas. En otros sitios el camping estaba en un lugar bonito, tenías espacio y tranquilidad que compensaba con creces los servicios básicos. Aquí nos dieron una parcela minúscula sin absolutamente nada entre dos matorrales que yo creo que se sacaron de la manga. Les pedimos por favor que nos cambiaran de sitio ya que no cabía ni el coche y accedieron a darnos un lugar más amplio que a pesar de estar al lado de los lavabos y rodeados de muchas personas, estaba un poco mejor. Supongo que Octubre al ser época alta y más siendo Kasane hace que los sitios rebosen de gente. No perdimos tiempo y nos fuimos a la recepción del lodge a reservar el paseo en barco para el mismo mediodía.
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A pesar de ir sin comer las ganas por ver el espectáculo de la naturaleza que ofrece el río Chobe nos podían y a las dos del mediodía salíamos del embarcadero del hotel en una embarcación bastante grande. La clase de gente que iba en él no la había visto en todo el viaje, parecía el Titanic más que otra cosa. Gente bastante remilgada, bien vestida con ropa limpia, pidiendo cubatas al camarero, flipábamos por saber de donde salía toda esa gente incluido algún grupo de españoles que vimos por primera vez. Allí comprendimos que Kasane es como la centralita de los safaris de Botswana junto con Maun donde se distribuyen muchas de las agencias. Todo esto no se vería en la profundidad de Savuti ni Moremi en días posteriores. Nosotros íbamos sucios, guarros, llenos de polvo por más que uno se duchase y con ropa batallera pero bueno, todos queríamos ver lo mismo no? A lo largo del recorrido vimos alguna embarcación mucho más pequeñita y con mucha menos gente y pensamos que hubiera sido mejor, pero de todas maneras no tengo queja de la excursión con Chobe Safari Lodge.
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Al principio nos hizo hincapié sobre muchas de las aves que poblaban las orillas del río y la vegetación abundante que aparece. A destacar había muchísimas garzas, lilacs de múltiples colores y águilas pescadoras (las de la cabeza blanca como la de EEUU) que se encontraban a porrones. También sobretodo en el primer tramo de río iban apareciendo de debajo del agua familias enteras de hipopótamos que salían a respirar de vez en cuando.
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En los pastos verdes que formaban pequeñas islas en medio del río se encontraban también muchas manadas de búfalos. También pudimos observar algunos facoceros, babuinos y cocodrilos. Estos últimos nos sorprendieron por la enorme cantidad que se veían en las orillas no sólo en ese día sino también los posteriores. A diferencia del paso del Masai mara – Serengeti donde los cocodrilos aparecen como voraces depredadores solitarios, aquí se mezclaban con el resto de animales sin ningún problema, hasta cuando tuvieran hambre supongo.
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Ya más a dentro del río, comenzamos a ver diversas manadas de elefantes junto con otras manadas de búfalos. La caída del Sol junto con el paisaje lleno de vegetación transmitía una sensación de tranquilidad impresionante. Entre el sofocante calor y el chapoteo del agua daban ganas de tirarse y nadar en compañía de los animales pero claro está sería de necios hacerlo. Poco a poco fuimos retomando el camino hacia el hotel para llegar justo al atardecer. Este paseo a pesar de ser de lo más turístico de este viaje pienso que te ofrece una perspectiva diferente del safari del que uno tiene imagen y permite relajarte más aún si cabe.
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Al estar de vuelta en el hotel nos dirigimos por la calle principal de Kasane a otro hotel cercano al Chobe Safari Lodge, con el que queríamos reservar la excursión a las cataratas Victoria. La sorpresa fue cuando en la entrada nos encontramos con dos facoceros comiéndose todo el césped del jardín. Esta imagen tan inusual nos dimos cuenta durante los días que estuvimos en Kasane, que es normal y que babuinos y facoceros pasean por las calles como si de gorriones se tratase. Al día siguiente, nos esperaría un recorrido por gran parte de lo que habíamos visto desde el agua pero esta vez por el interior. Nos fuimos a dormir con las ganas de volver a hacer game drive tras varios días en la franja de Caprivi sin agudizar la vista para ver animales.
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23 de Octubre – El ciclo de la vida en el Chobe Riverfront
Ese día nos levantamos como un resorte cuando todavía no había salido ni el Sol. Como siempre en un día de safari, vale la pena levantarse pronto para estar donde la acción con los primero rayos del alba. Ese día valió mucho la pena ya que de buena mañana nos recompensó con un animal que teníamos ganas de ver y todavía no habíamos visto. El plan era recorrer tanto como por la orilla como un poco por el interior la zona del Chobe Riverfront hasta un poco más allá del camping de Ihaha, pasando también por Serondela.
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Nada más entrar en el territorio del parque nos dimos cuenta que la conducción no iba a ser un camino de rosas en los parques de Botswana. La zona del río Chobe es el aperitivo de lo que se vería días más tarde y ya aquí el terreno se presentaba abrupto y dificultoso. No nos consideramos unos inútiles conduciendo pero no somos expertos en todoterreno. Es por esto que alguien que está acostumbrado a un utilitario normal como nosotros y no practica rutas 4x4 o algo por el estilo, siempre le costará un poco más como es normal. No digo que sea imposible, pero sí que hay que tener un poco de habilidad y sentido común para adaptarse a la situación. Eso sí, mola mucho!!
A unos pocos cientos de metros de la entrada bajábamos por un terreno boscoso y escarpado en dirección a los senderos situados a la orilla del río Chobe. De repente nuestra atención fue captada por un grupo de animales que estaban en una llanura al lado del agua. Eran licaones!! Enseguida paramos el motor y nos dispusimos a captarlos con las cámaras antes de que pudieran desaparecer ya que sabíamos que esa oportunidad no se volvería a repetir seguramente. Eran un grupo de diez licaones, (wild dogs) que jugueteaban entre ellos corriendo de aquí para allá.
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A pesar del aspecto desaliñado que tienen nos resultaba emocionante ver este animal después de ver con la ferocidad que atacan en grupo en algunos vídeos, con unas tácticas muy inteligentes. Lástima que ya queden muy poquitos. Sorprendentemente, empezaron a caminar en nuestra dirección hasta que dejamos de verlos por culpa de unos matorrales. Cuando quisimos darnos cuenta, uno tras otro fueron apareciendo justo delante nuestro entre la maleza, para quedarse un rato descansando allí en la misma pista a la vez que nos cortaban el paso. Creo que fue uno de los momentos con más suerte del viaje ya que pudimos disfrutar de estos animales a escasos metros de distancia justo en ese momento, antes de que reemprendieran el camino para meterse en la espesura del bosque.
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Ya una vez en el camino que acompaña a la orilla empezamos a ver antílopes de todo tipo haciendo su vida diaria. Uno de estos el cual nos resultó muy curioso fue al que denominamos en clave “el asustadizo”. Estos antílopes siempre estaban en grupo y a cualquier ruidito o muestra de peligro se escabullían corriendo rapidísimo, antes que cualquier otro animal por lo que vimos. Hasta que no compramos un libro de fauna de África no supimos su verdadero nombre en inglés, ya que la traducción al castellano sencillamente la desconocemos.
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La mañana iba a seguir siendo productiva y dada la riqueza faunística del Chobe, en muy poquito trayecto pudimos ver más imágenes increíbles. Tan sólo un poco más adelante vimos una zona plagada de cocodrilos en los aledaños del agua. Nos estremeció uno concretamente el cual se estaba alimentando del cadáver de un pequeño elefante caído. A la espera, a su lado ya estaba preparado un marabú listo para tener su porción de carroña cuando terminase el depredador su festín. Con tal cantidad de elefantes que hay en el Chobe, no nos extrañó que más de un pequeño que vimos fallezca por cualquier causa.
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A no más de 200 metros del cadáver del elefante, otra imagen nos confirmaba que seguramente alguna manada habría perdido a algunos de sus pequeños. Esta vez, otro pequeño elefante estaba rodeado por no menos de 40 buitres y marabús que se alimentaban de sus restos. Los buitres no paraban de pelearse y darse picotazos para ver quien era el que se llevaba la mejor parte. El ciclo de la vida estaba aquí más presente que nunca. Unos mueren para que se alimenten otros, pero siempre por las reglas de la naturaleza. Quizás estas dos imágenes seguidas fueran de las más salvajes que vimos en todo el viaje, junto con alguna que todavía nos quedaba por ver.
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Debíamos seguir ya que se nos había echado el tiempo encima. Si queríamos llegar hasta Ihaha y volver ya habíamos pasado bastante tiempo sin recorrer mucho tramo. De camino pudimos disfrutar como no, de manadas y manadas de elefantes que se escondían tras cualquier matojo. Como un animal tan grande sabe camuflarse tan bien y salirte en medio de la carretera casi sin enterarte… La fama del parque está bien merecida, no hay lugar en el mundo pienso donde haya tantos paquidermos.
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Al llegar al camping de Ihaha, pudimos estirar un poco las piernas y dar unos pasos, que tras horas conduciendo por terreno difícil y botar como una pelota se agradece. Desde el camping que está a una cierta elevación, pudimos disfrutar del paisaje, que ofrece una gran llanura que bordea el río. Desde aquí se pueden divisar muchísimos animales pastando por la planicie y la sensación de tranquilidad es agradable. En el río, pudimos ver algún pescador local en embarcaciones pequeñitas.
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Como decía la cantidad de elefantes es elevadísima al igual que la de búfalos. Entre eso y que los caminos son estrechos te puedes ver rápidamente dentro de una “emboscada” por parte de ellos. Parece divertido pero no lo es. La vegetación a veces te impide ver que estás desplazándote por en medio de una gran manada de 100 búfalos perfectamente. De repente están al lado del coche y todas las miradas reposan en ti, con algún que otro bramido, rebufo o coz lanzando arena.
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Ya de vuelta, al mediodía comimos en la zona de Serondela con un estado de alerta al 100% para ver que podía salir tras cualquier matorral. Esa sensación es impagable y muy emocionante. Seguimos por los caminos más abiertos por los cuales habíamos pasado temprano por la mañana y a esa hora había una gran cantidad de animales que bebían en la orilla, sobretodo como no manadas y manadas de elefantes para no variar. Fue una madre con sus dos crías la que nos hizo pasar un mal rato. Pasábamos tranquilamente por una pista con un terraplén a la izquierda que daba a diversas charcas plagadas de cocodrilos. Aquí bebían los tres elefantes tranquilamente cuando la cría más pequeña salió corriendo por cualquier susto, cruzando la carretera por delante del coche. En ese momento ya estábamos parados y con motor apagado haciendo fotos y preferimos no movernos cuando la madre emprendió la carrera detrás de la cría. No sé si la madre nos tomó como una amenaza pero decidió pararse justo delante del motor tocando el coche con su trompa y dando bufidos. Luego se movió tranquilamente hasta la ventanilla del conductor para mirarnos fijamente a través de la ventana. No sé si se asustarían de algún cocodrilo o lo que sea, pero lo que es seguro, es que a nosotros nos hicieron temer sobretodo por el coche. Si le pasaba algo había que pagar mucha pasta!!! Lo que sé seguro es que hubiera sido mucho peor movernos y poner más nervioso al animal. La experiencia ahora desde la tranquilidad suena más divertida la verdad.
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Llegamos al hotel tras un día bastante productivo en cuanto al safari se refiere pero aún nos quedaba por ver a unos rateros de manos muy largas. Allí en la papelera de la recepción del hotel, se peleaban varios monos por unas cáscaras de naranja ante nuestra atenta mirada. Justo cuando los dejamos, en el caminito que va del lodge al camping, también había un facocero que al igual que los del día anterior, se había plantado en el jardín para comerse todo el césped que por allí había. Parecía abstraído de nosotros ante semejante festín que se estaba pegando, hasta que nos acercamos demasiado para la foto y pegando un bramido se separó de nosotros. Nos indicaba que traspasábamos el límite.
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Aprovechamos el poco rato que quedaba de luz para darnos un baño reparador en la piscina del Chobe Safari Lodge. Allí, nos dimos cuenta que los monos de la entrada habían invadido literalmente el hotel entero y corrían por las hamacas, bebían de los vasos que la gente dejaba o trepaban por los alrededores de la piscina.
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Ya por la noche fuimos a probar el restaurante del Chobe Safari Lodge tan comentado por el foro, para disfrutar de una cena un poco más elaborada que las que llevábamos teniendo durante los días acumulados. La verdad que no está mal pero para nuestro gusto tenía poca variedad. Había muchos tipos de carne pero no variedad de otros tipos de comida. Me gusta mucho la carne pero no como para comer sólo eso y carne de muchos de los animales que había visto durante el día.
De vuelta al camping nos encontramos con una visitante al lado del coche. Se trataba de un pedazo de arañón como no había visto en mi vida. Tenía el tamaño de la palma de mi mano y no creo que fuese apta a la vista para aprensivos de los arácnidos. A mi me encantó pero a mi novia no tanto. Con este último bicho nos fuimos a dormir pensando ya en el día siguiente, donde veríamos una de las cataratas más grandes del mundo entre Zambia y Zimbabwe, las cataratas Victoria.
De vuelta al camping nos encontramos con una visitante al lado del coche. Se trataba de un pedazo de arañón como no había visto en mi vida. Tenía el tamaño de la palma de mi mano y no creo que fuese apta a la vista para aprensivos de los arácnidos. A mi me encantó pero a mi novia no tanto. Con este último bicho nos fuimos a dormir pensando ya en el día siguiente, donde veríamos una de las cataratas más grandes del mundo entre Zambia y Zimbabwe, las cataratas Victoria.
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