Desayunamos unas tostadas y un capuchino y salimos dirección a la estación de tren para ir hacia Pisa.
Los billetes se pueden sacar en la misma estación en unas maquinas que están en varios idiomas, entre ellos el español, son muy sencillas de utilizar y se puede pagar tanto en efectivo como con tarjeta. El tren nos dejó en Pisa Centrale. Desde la estación hay que coger toda la calle recta, atravesar un puente y la zona de tiendas hasta el final, hasta que en una calle grande hay que girar a la izquierda, te lo indica un cartel. Hay que andar la calle recta más de un kilómetro. Llegas al campo de los Milagros donde se encuentra el Duomo, el Baptisterio y la famosa torre inclinada.
Lo primero que hicimos fue reservar la subida a la torre ya que va por horas y acababan de abrir, nos dieron cita para las 10.30. En ese rato aprovechamos para ver el Baptisterio y el Duomo sobretodo por fuera, por el conjunto que forman.
Toda la plaza está rodeada de puestos de souvenirs y recuerdos. Las entradas y los bolsos se dejan y recogen a la entrada en la plaza a la derecha de la torre. La subida a la torre cuesta 15€ por persona, caro, pero una vez que estábamos allí queríamos subir. Puntual a su hora nos dejaron pasar, los escalones están desgastados de tanto pisarlos por el mismo sitio debido a la inclinación. La primera parada es casi a mitad de torre o poco más y se puede apreciar la inclinación de la torre al andar por el anillo exterior, es muy bonito ver la plaza desde aquí.
Te dan unos diez minutos por esta zona, hicimos unas cuantas fotos y disfrutamos las vistas. Una mujer sufrió un desmayo y llamaron a los servicios médicos. La subida no es difícil pero esta mujer se mareó. Luego te dejan subir hasta arriba del todo dividido en dos pisos, el que están las campanas y el superior por encima de estas. Cuando estábamos arriba tocaron las campanas con mucha fuerza. Desde arriba se divisa toda la ciudad y el campo de los Milagros, pero lo más curioso y lo mejor es sentir la enorme inclinación de la torre y como se aprecia arriba del todo. La torre, aparte de lo curioso también es bonita.
La inclinación viene desde su construcción donde debido al terreno se desniveló. Al bajar a la plaza la recorrimos con más calma haciéndonos varias fotos, incluidas las típicas sujetando la torre. Sin duda creo que esta visita a Pisa es más que recomendable, a demás es corta y antes de la hora de comer ya estábamos otra vez en Florencia. Nada más llegar y enfrente la estación está la iglesia Santa María Novella, la entrada al interior cuesta 3.5 € por persona.
La iglesia es bonita tanto por dentro como por fuera y merece la visita. Luego nos dirigimos a las capillas Mediceas con la intención de entrar pero al final decidimos dejarlo y pasear tranquilamente por la ciudad, aunque dicen que las capillas merecen la pena. El resto de la tarde la pasamos paseando tranquilamente por esta bella ciudad. Además tuvimos la suerte de ver una especie de cabalgata que finalizaba en el Duomo, donde la gente iba vestida con trajes de época típicos florentinos de los siglos de esplendor de esta ciudad, de las familias más influyentes, era diferente a nuestra cabalgata de reyes, ellos celebran el día de la epifanía, pero nos gustó mucho.
Estaba todo lleno de gente como en nuestras cabalgatas pero con otro estilo. Después fuimos paseando hasta cruzar de nuevo el puente Vecchio y llegar al palacio Pitti, donde volvían los que terminaban la cabalgata y nos hicimos fotos con ellos. El palacio era enorme pero lo vimos solo por fuera, dicen que los jardines de Boboli que lo rodean son muy bonitos pero en otra época, claro.
En Florencia nos tomamos dos o tres helados en varias de sus múltiples heladerías, luego fuimos a cenar y después al hotel.

Los billetes se pueden sacar en la misma estación en unas maquinas que están en varios idiomas, entre ellos el español, son muy sencillas de utilizar y se puede pagar tanto en efectivo como con tarjeta. El tren nos dejó en Pisa Centrale. Desde la estación hay que coger toda la calle recta, atravesar un puente y la zona de tiendas hasta el final, hasta que en una calle grande hay que girar a la izquierda, te lo indica un cartel. Hay que andar la calle recta más de un kilómetro. Llegas al campo de los Milagros donde se encuentra el Duomo, el Baptisterio y la famosa torre inclinada.

Lo primero que hicimos fue reservar la subida a la torre ya que va por horas y acababan de abrir, nos dieron cita para las 10.30. En ese rato aprovechamos para ver el Baptisterio y el Duomo sobretodo por fuera, por el conjunto que forman.


Toda la plaza está rodeada de puestos de souvenirs y recuerdos. Las entradas y los bolsos se dejan y recogen a la entrada en la plaza a la derecha de la torre. La subida a la torre cuesta 15€ por persona, caro, pero una vez que estábamos allí queríamos subir. Puntual a su hora nos dejaron pasar, los escalones están desgastados de tanto pisarlos por el mismo sitio debido a la inclinación. La primera parada es casi a mitad de torre o poco más y se puede apreciar la inclinación de la torre al andar por el anillo exterior, es muy bonito ver la plaza desde aquí.

Te dan unos diez minutos por esta zona, hicimos unas cuantas fotos y disfrutamos las vistas. Una mujer sufrió un desmayo y llamaron a los servicios médicos. La subida no es difícil pero esta mujer se mareó. Luego te dejan subir hasta arriba del todo dividido en dos pisos, el que están las campanas y el superior por encima de estas. Cuando estábamos arriba tocaron las campanas con mucha fuerza. Desde arriba se divisa toda la ciudad y el campo de los Milagros, pero lo más curioso y lo mejor es sentir la enorme inclinación de la torre y como se aprecia arriba del todo. La torre, aparte de lo curioso también es bonita.

La inclinación viene desde su construcción donde debido al terreno se desniveló. Al bajar a la plaza la recorrimos con más calma haciéndonos varias fotos, incluidas las típicas sujetando la torre. Sin duda creo que esta visita a Pisa es más que recomendable, a demás es corta y antes de la hora de comer ya estábamos otra vez en Florencia. Nada más llegar y enfrente la estación está la iglesia Santa María Novella, la entrada al interior cuesta 3.5 € por persona.

La iglesia es bonita tanto por dentro como por fuera y merece la visita. Luego nos dirigimos a las capillas Mediceas con la intención de entrar pero al final decidimos dejarlo y pasear tranquilamente por la ciudad, aunque dicen que las capillas merecen la pena. El resto de la tarde la pasamos paseando tranquilamente por esta bella ciudad. Además tuvimos la suerte de ver una especie de cabalgata que finalizaba en el Duomo, donde la gente iba vestida con trajes de época típicos florentinos de los siglos de esplendor de esta ciudad, de las familias más influyentes, era diferente a nuestra cabalgata de reyes, ellos celebran el día de la epifanía, pero nos gustó mucho.

Estaba todo lleno de gente como en nuestras cabalgatas pero con otro estilo. Después fuimos paseando hasta cruzar de nuevo el puente Vecchio y llegar al palacio Pitti, donde volvían los que terminaban la cabalgata y nos hicimos fotos con ellos. El palacio era enorme pero lo vimos solo por fuera, dicen que los jardines de Boboli que lo rodean son muy bonitos pero en otra época, claro.

En Florencia nos tomamos dos o tres helados en varias de sus múltiples heladerías, luego fuimos a cenar y después al hotel.
Foro de Roma