Hoy tocaba madrugar de nuevo, con pena nos marchabamos del Loira. Habían sido 4 días muy intensos en los que habíamos disfrutado de los paisajes de la zona, de sus castillos que nos transportaban a otra época...
Pero nos marchabamos con ilusión. Mi mujer pensando que nos dirigíamos hacia Chartres, para ver su catedral, yo con ganas de llegar a Mont Saint Michel.
Rápidamente ella se dio cuenta que nos dirigíamos a otro lugar puesto que llevamos más de una hora de viaje, y en ningún momento encontrabamos carteles que nos indicaran la distancia a la que se encontraba Chartres.
El día no era como los anteriores, cuanto mas nos acercabamos al norte más nublado estaba, pero no llovía. Pasamos cerca de Vitre, (recordaba haber leído comentarios sobre esta ciudad en el foro), y tentaba la idea de parar a verla aunque fuera solo un momento. Pero claro, solo teníamos un día para Mont Saint Michel, así que decidí seguir nuestro camino.
Lo que más me impresionó fue cuando dejamos la autovía. Empezamos a recorrer pequeñas carreteras, con unos paisajes muy verdes, y cuando el GPS indicaba que quedaban unos 6 kms, apareció al fondo la maravillosa vista de Mont.
Realmente es impresionante vas conduciendo tan tranquilo y de repente al tomar una curva, encontrarte a lo lejos con esa maravilla. A estas alturas, Ana ya sabía hacia donde nos dirigiamos, pero al ver el monte su cara reflejaba sorpresa y alegría . Estabamos deseosos por llegar al hotel dejar las cosas y marchar hacia el monte (
www.ot-montsaintmichel.com/ .../index.htm)
Nuestro hotel fue el Relais Mont Saint Michel (
www.relais-st-michel.com/fr). Tras leer muchos comentarios me decidí por este, puesto que prefería ver desde la terraza el monte (sobre todo de noche). Además las habitaciones según los comentarios que había leido en distintas páginas como Booking o tripadvisor, eran de mejor calidad.
La relación calidad precio es malísima. Pero claro, sales a la terraza y ves iluminado el Monte y te das cuenta que merece la pena, además un día es un día! Por cierto nuestra habitación era dúplex y desde ambas plantas se podía contemplar el Monte.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Una vez que dejamos las maletas, nos dirigimos andando hacia la ciudadadela. Desde el hotel se tarda aproximadamente unos 25 minutos, pero merece la pena.
Alrededor de las 13:45 llegamos a la ciudad. Estaba atestada de gente y pensabamos que sería imposible encontrar una mesa. La primera opción que teníamos en mente era en Le Mere Poulard para probar sus famosas tortillas.
Tuvimos suerte, solo nos hicieron esperar 15 minutos, así que mientras tanto decidimos ver como preparan esas tortillas.
Os comento. Justo a la entrada del restaurante se encuentra la cocina. Se ven a unos cocineros batiendo los huevos vestidos con unos trajes tradicionales, mientras que los turistas (como nosotros) no paran de tirarles fotos y grabarlos con videos. Realmente es un espectáculo muy curioso.
Mientras que veíamos y escuchabamos el batir de huevos, nos avisaron de que nuestra mesa estaba preparada. Tocaba comer.
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Los menús se basan en las tortillas. Había 2 distintos uno dulce y otro tradicional.
El menú dulce incluye una tortilla flambeada al whisky ( no me gusto nada) con una ensalada y tarta de chocolate. El menú tradicional, tortilla y tarta de pera (esta si que me gustó). Los precios de los menús 30 euros, y no incluye la bebida.
Es algo caro, aunque es cierto que el tamaño de la tortilla es grande (ocupa casi todo el plato).
Me resultó curioso la textura de la tortilla, era parecida a la de un bizcocho y realmente estaba buenísima. La mesa que nos dieron estaba junto a una ventana en un rincón, tuvimos suerte.
El servicio muy bueno, te atienden en español. Para ser un lugar muy concurrido te tratan con educación, y eso es un punto muy favorable puesto que en España hay restaurantes en los que parecen que te van a regalar la comida por lo mal que te tratan.
A las 15:15 aproximadamente iniciamos la visita. Como ya habréis leído solo hay una calle, repleta de tiendas y turistas. En la capilla de Saint Aubert se iba a celebrar una boda (esta capilla se encuentra hacia la mitad de la calle) y resultaba curioso ver a los invitados muy arreglados mezclarse con turistas en chanclas, pantalones cortos...
La Mere Poulard (famosa cocinera francesa) tiene además algunas tiendas en las que vende latas de galletas (que por cierto están buenísimas). Así que allí también nos dejamos dinero y compramos unas cuantas cajas para nosotros y para regalar. Está claro que todo en Mont Saint Michel es un negocio.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Ya cargados con las galletas, seguimos con nuestra ascensión hacia la abadía. (
mont-saint-michel.monuments-nationaux.fr/ ...ionaux.fr/). El precio de la entrada es 9 euros y gratis si estás en el paro.
Una vez que entras, lo que más nos impresionó fueron las vistas. Ese día la pleamar era a las 22:30, por lo que no disfrutamos del Monte rodeado de aguas, pero aún así tiene su encanto. Sobre todo cuando desde la abadía se ven las pequeñas excursiones andando por medio de tierras que en unas horas estarán inundadas de agua.
Estas excursiones se hacen con guía por el riesgo de meterse en arenas movedizas, así que ya sabeis...
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Mas que una abadía parece una fortaleza defensiva y es que como muchos ya sabreis Mont Saint Michel fue la única plaza del Norte y oeste de Francia que no cayó en manos inglesas en la Guerra de los 100 años. La verdad es que contaba con la Naturaleza como aliada, ¡cuántos barcos encallarían en una de esos rápidos descensos de marea!
Para disfrutar de la visita de la abadía es necesario al menos un par de horas, sobre todo para recorrer cada uno de sus rincones. De todos el que más nos gustó fue el claustro, no ya porque contara con unos capiteles ricamente esculpidos (no era así), si no por las vistas de las que disfrutaba.
Realmente los monjes de la época se lo montaban bien.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Después de la visita, volvimos a bajar la calle, tranquilamente disfrutando de cada paso que dabamos. Bueno, eso fue así hasta que nos topamos con un pequeño cochecillo que se encargaba de recoger las basuras de los numerosos hotelitos y restaurantes que jalonan la única calle del Monte (vaya olor que desprendí el cochecito...).
Decidimos pues irnos al hotel dando un tranquilo paseo para ducharnos, cenar algo e intentar ver la subida de la marea.
Justo cuando llegabamos al hotel empezó a llover, al menos nos había respetado el tiempo durante el día. Tras la ducha nos vestimos y bajamos a cenar a la zona de los hoteles. El del Relais es caro, así que decidimos buscar otro. Encontramos uno abierto (la mayoría cerrados por ser las 21:00). Se llama La Bergerie. A pesar de que las críticas eran malas, mi menú estuvo bien. Foie de primero, cordero de la zona de segundo y postre. Decir que el cordero de la región de Mont Saint michel tiene un sabor especial, y es muy reconocido dentro de Francia, quizás porque estos corderos comen hierbas algo saldas por las grande mareas que se producen. Bueno, el caso es que salí contento con mi comida, en cambio Ana, no tanto. Ella pidió una parrillada de verduras con mostaza dijon (esta mostaza es fortísima y si te pasas, le quita el sabor a toda la comida) ,un crepes y postre. Todo por 45 euros, no estaba mal, sobre todo el cordero que estaba riquísimo.
Al terminar de cenar había parado de llover asi que decidimos acercarnos para ver si conseguíamos ver algo de la subida. Pero fue imposible, la oscuridad lo llenaba todo, de manera que nos volvimos a casa con la desilusión de no haber podido contemplar el ascenso de la marea.
Eso si, desde nuestra habitación disfrutamos de las vistas más maravillosas que una persona pudiera tener...
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Al día siguiente había que madrugar de nuevo, nuestro siguiente destino Chartres.