Como podéis suponer, el título se debe a que este viaje lo hemos hecho en chancletas.
Muchas veces, en el foro se pregunta, y a este destino, ¿qué calzado hay que llevar?
Pues bien, ya en el viaje de regreso, reflexionando, me daba cuenta de que el viaje lo hemos hecho semidescalzos. Es decir, la mitad del tiempo descalzos y la otra mitad en chancletas.
EN CHANCLETAS
DESCALZOS
Y no es por que no tuviéramos otra cosa. Es por que no hace falta.
La mitad del viaje se pasa en barcas, en templos, en playas, en casas donde se va descalzo y para la otra mitad, lo mas cómodo es ir en chanclas.
Esta curiosidad me hizo pensar que quizás, este era un buen título.
Nos habíamos propuesto llevar lo mínimo, para poder viajar sólo con equipaje de mano y no tener que facturar. Pero además de las chancletas, llevamos un par de zapatos puestos y una zapatillas para meter en el agua.
Nos lo podíamos haber ahorrado.
Día 24 de julio.
Empezamos el viaje. Por fin llega el momento.
Después de mucho leer, de muchas incertidumbres, por el hecho de mi casi nulo nivel de ingles, llega el momento de salir.
La intención es pasar 8 días en Chiang Mai, otros 8 en Koh Thao y 4 en Bangkok. Para rematarlo con 3 días de trabajo en Hong Kong.
Salimos de casa a las 5 de la mañana, para llegar al aeropuerto de BCN a las 6 y tomar un vuelo de Spanair a las 7: 30h con destino a Madrid, llegamos sin problemas y hacemos tiempo hasta las 13h., en que sale el vuelo de la Thai con destino a Bangkok . Si no lo pudiéramos coger, nos queda otra alternativa, un par de horas más tarde podíamos intentarlo con Qatar Airwais, con escala en Doha.
Por el hecho de viajar con billetes en stand-by, salimos desde Madrid, en vez de hacerlo desde Barcelona, como hubiera sido lo lógico. Pero las previsiones de diponibilidad eran mejores desde Madrid y además se cumplen.
Nos aceptan y nos dejan llevar el equipaje en cabina.
Nos hemos venido con dos trolleys (maleta de cabina) y dos mochilas. En el equipaje llevamos un par de kilos de provisiones para una española que vive en Koh Tao (provisiones que le envía la mama, qué menos).
En el foro habíamos debatido si facturar o llevarlo en cabina. Porque, como podéis suponer, salir del avión con tu equipaje de la mano, es muy cómodo.
Duda despejada. Las provisiones han viajado en cabina sin problema.
Llegamos puntuales a Bangkok. A las 6 de la mañana. Y aquí, estábamos listados para un vuelo salía a las 10:30 de la mañana con destino a Chiang Mai.
Había otro a las 7:30 pero si hubiéramos facturado y en consecuencia esperar a recoger la maleta, no lo habríamos podido coger.
Al no facturar en Madrid, pasamos el control de aduana en Bangkok, nos dirigimos al mostrador de la Thai y nos dió tiempo a listarnos en este vuelo. Perfecto, habíamos ganado tres horas.
A la llegada a Chiang Mai, lo primero fue cambiar dinero. Cambiamos 50€ a 42 y pico. Después cogimos un taxi, con precio fijo: 120 bht . Unos 3 €. Y fuimos directos al hotel.
Como el taxista era un tipo simpático, le propusimos que nos llevara después a ver algo.
Sin problema, 800 baths hasta las cuatro o las cinco de la tarde.
Nos llevó al hotel, nos esperó media hora, lo justo para hacer el check-in, una ducha y en marcha.
No le establecimos ruta, sólo que nos llevara a cualquier sitio que mereciera la pena.
Y nos llevó al Doi Suthep.
Es un templo situado en una colina próxima a Chiang Mai y desde la que se ve una panorámica de la población.
El templo y alrededores es precioso, ya lo veis en las fotos. Pero no voy a descubir nada que no hayan contado cientos de viajeros del foro, que ya han pasado por este sitio.
Suele pasar que en un viaje lo que más, o de lo que mas te impresiona, es lo primero que ves. Pero este templo es una pasada, por los colores, por la religiosidad de la gente. Me habría pasado todo el día allí.
A continuación, el taxista nos llevo a ver el Tiger Kingdom.
Depende de como se mire puede parecer un numerito para frikies y guiris. Pero
una vez que estas aquí, dispuesto a ver cosas exclusivas, es algo que realmente no vas a poder repetir y desde mi punto de vista, mereció la pena, luego allá cada uno.
Hay varios recintos, unos con animales pequeños, como mucho de diez kilos, otros con gatos de cinco o seis meses y los grandes que tienen un máximo de dos años. A partir de esa edad los retiran de las visitas, porque debe ser mas difícil controlarlos.
Los precios varían algo, cuanto más pequeños, más caro. Nosotros pagamos unos 450 baths cada uno, por la visita a los más grandes. Nos hicimos un montón de fotos y al final se acercó uno de los cuidadores y le pregunté que por qué estaban tan pacíficos, si los sedaban. El muchacho no sólo no se lo tomó a mal, sino que se enrolló muy bien, me dio todo tipo de explicaciones, que los acostumbraban de pequeños y que por naturaleza el tigre es noctámbulo y de día descansa. Esto no me acababa de cuadrar, por que en los zoos los he visto activos. Entonces nos invitó a ver a otro que se estaba levantando. Nos hicimos más fotos. Y el animal se fue donde estaba el primero, lo hizo levantarse y le quito el sitio. Luego se tumbaron juntos.
Cuando salimos de este recinto, nos dimos una vuelta por la instalación y vimos los pequeños sin entrar, pero les hicimos fotos a 8 o 10 metros. El zoom se encargo del resto.
De la visita a los tigres, fuimos a ver un poblado donde han reconstruido el entorno de varias de las tribus del norte mas típicas, con sus formas de vida.
Evidentemente, no son los poblados auténticos, pero la reconstrucción es bastante fiel y los habitantes del poblado son gente que han acaptado el ofrecimiento y se han venido a vivir aquí. Sin duda porque deben vivir mejor.
Aquí encontramos a las mujeres jirafa y a otras tribus de la zona del triángulo de oro, viviendo entre arrozales, como en sus pueblos originales, con esas casas con los techos cubiertos con hojas de teka,
Y con una charca, en la parte de atrás, donde, a modo de piscifactoría, tienen los peces que les sirven de alimento.
Y al igual que en sus pueblos de origen, la venta de pulseritas y otros adornos se ha convertido en una fuente de ingresos importante.
Me llamaron la atención varias cosas, como la belleza de alguna de estas mujeres,
También me llamó la atención el hecho de que la iglesia fuera católica. Parece ser que el trabajo de los misioneros hace que esta gente se sienta más cómoda entre los cristianos...
Otra curiosidad es que en varias casas, tenían en la parte de atras el coche. Eso si, tapado con una malla para ocultarlo de la curiosidad de las visitas.
El de la foto, ¿no parece un Mercedes?
Saliendo de allí, nos fuimos a comer a un sitio próximo, donde tenían una granja de orquídeas y otra de mariposas. Sobre las orquídeas no hay mucho que decir, sólo os dejo unas fotos.
A estas alturas, ya os habréis dado cuenta de que la naturaleza, las plantas y las orquídeas en particular, son una de mis debilidades.
Y en cuanto a la instalación de las mariposas, pues era más bien pobre. En cantidad y en calidad. La mayoría de las mariposas que tenían, las hemos visto en abundancia a lo largo del país.
Saliendo de aquí, le dijimos al taxista que nos llevara al hotel. Estábamos muertos.
El hotel de Chiang Mai, el Raming Lodge, no estaba mal. Es un establecimiento que ya tiene unos años y que determinados aspectos, comó la limpieza, podrían ser mejorables. Y con esto no quiero decir que esté sucio, pero hay rincones en pasillos, escaleras e incluso en la habitación a los que la escoba no llega con frecuencia.
Pero a cambio tiene un precio aceptable, 39,99 €. Aire acondicionado, que para mi es imprescindible y una muy buena situación, a cinco minutos a pie del mercado de fin de semana, en un extremo de la calle. En el otro extremo, a otros cinco minutitos tenemos el mercado nocturno, de diario. También cuenta con un personal muy amable y predispuesto a ayudarte en todo momento y esto se agradece. El último día, el director de márketing nos acompañó al aeropuerto y nos dijo que próxima vez, en vez de reservar con Agoda, que le llamemos a él y tendremos mucho mejor precio. Nos dió su tarjeta. Muy amable.
Otro detalle es que cada día te dejan un cestillo con fruta fresca y agua no facturable en la nevera.
El desayuno correcto, aunque la verdad es que cada vez desayuno menos en los hoteles. Los primeros días, eufórico, empiezo con huevos fritos con bacon, más tostadas con mantequilla y mermelada, para acompañar al café con leche. Y lo remato con un zumo. Al tercer día, los kilos empiezan a acumularse y se impone la cordura. Café con leche y una tostada o cereales, para el resto del viaje. Como en casa.
Una vez duchados y descansados, salimos a comer algo y a dar una vuelta por el mercado de fin de semana. Es una locura. Además de inmenso, se puede encontrar casi de todo, la gente es extremadamente amable, es un placer regatear, nadie se ofende, nadie te acosa, todo se hace con una permanente sonrisa. Todos te reciben con el omnipresente sabandikaaap (o como se escriba), y a partir de ahí, la decisión de acercarte o no, es tuya.
En cuanto al regateo, que yo pienso que es un arte, que nadie se lo tome a mal. Esta gente no trata de engañar a nadie, sólo que los negocios, son los negocios. Y ellos tratan de sacar lo máximo por su producto y nosotros de conseguir el mejor precio. El arte está en saber cuando llegas al límite, en tensar la cuerda sin que se rompa. Y cuando ves que has llegado al tope, tú decides si comprar o no comprar. Pero nadie se ofende.
A mi me resultaba muy curioso perder diez minuos en un regateo y cuando me daba cuenta de que lo que estaba en juego eran 50 o 60 baths ( 1,5€) me daban ganas de rendirme. Pero no es el importe, es la satisfacción de ganar en el juego. Porque cuando cerrabas el precio, a veces no tenias cambio y le dejabas el pico de los 50 baths que habías estado peleando, creando el lógico estupor en el vendedor. Y este de qué va? Deben pensar...
Al llegar al hotel, nos dimos el primer masaje tailandés. Dos horas por 700 baths.
Muy bien, sobre todo por ser el primero. Los siguientes serían más baratos.
Desde la habitación llamamos a Nong y le pedimos que nos organizara algo por el norte del país para los próximos días. Y decidimos los dos días siguientes ir a Chiang Rai en compañía de Tim. El primer día no pudo ser más completo.
Muchas veces, en el foro se pregunta, y a este destino, ¿qué calzado hay que llevar?
Pues bien, ya en el viaje de regreso, reflexionando, me daba cuenta de que el viaje lo hemos hecho semidescalzos. Es decir, la mitad del tiempo descalzos y la otra mitad en chancletas.
EN CHANCLETAS
DESCALZOS
Y no es por que no tuviéramos otra cosa. Es por que no hace falta.
La mitad del viaje se pasa en barcas, en templos, en playas, en casas donde se va descalzo y para la otra mitad, lo mas cómodo es ir en chanclas.
Esta curiosidad me hizo pensar que quizás, este era un buen título.
Nos habíamos propuesto llevar lo mínimo, para poder viajar sólo con equipaje de mano y no tener que facturar. Pero además de las chancletas, llevamos un par de zapatos puestos y una zapatillas para meter en el agua.
Nos lo podíamos haber ahorrado.
Día 24 de julio.
Empezamos el viaje. Por fin llega el momento.
Después de mucho leer, de muchas incertidumbres, por el hecho de mi casi nulo nivel de ingles, llega el momento de salir.
La intención es pasar 8 días en Chiang Mai, otros 8 en Koh Thao y 4 en Bangkok. Para rematarlo con 3 días de trabajo en Hong Kong.
Salimos de casa a las 5 de la mañana, para llegar al aeropuerto de BCN a las 6 y tomar un vuelo de Spanair a las 7: 30h con destino a Madrid, llegamos sin problemas y hacemos tiempo hasta las 13h., en que sale el vuelo de la Thai con destino a Bangkok . Si no lo pudiéramos coger, nos queda otra alternativa, un par de horas más tarde podíamos intentarlo con Qatar Airwais, con escala en Doha.
Por el hecho de viajar con billetes en stand-by, salimos desde Madrid, en vez de hacerlo desde Barcelona, como hubiera sido lo lógico. Pero las previsiones de diponibilidad eran mejores desde Madrid y además se cumplen.
Nos aceptan y nos dejan llevar el equipaje en cabina.
Nos hemos venido con dos trolleys (maleta de cabina) y dos mochilas. En el equipaje llevamos un par de kilos de provisiones para una española que vive en Koh Tao (provisiones que le envía la mama, qué menos).
En el foro habíamos debatido si facturar o llevarlo en cabina. Porque, como podéis suponer, salir del avión con tu equipaje de la mano, es muy cómodo.
Duda despejada. Las provisiones han viajado en cabina sin problema.
Llegamos puntuales a Bangkok. A las 6 de la mañana. Y aquí, estábamos listados para un vuelo salía a las 10:30 de la mañana con destino a Chiang Mai.
Había otro a las 7:30 pero si hubiéramos facturado y en consecuencia esperar a recoger la maleta, no lo habríamos podido coger.
Al no facturar en Madrid, pasamos el control de aduana en Bangkok, nos dirigimos al mostrador de la Thai y nos dió tiempo a listarnos en este vuelo. Perfecto, habíamos ganado tres horas.
A la llegada a Chiang Mai, lo primero fue cambiar dinero. Cambiamos 50€ a 42 y pico. Después cogimos un taxi, con precio fijo: 120 bht . Unos 3 €. Y fuimos directos al hotel.
Como el taxista era un tipo simpático, le propusimos que nos llevara después a ver algo.
Sin problema, 800 baths hasta las cuatro o las cinco de la tarde.
Nos llevó al hotel, nos esperó media hora, lo justo para hacer el check-in, una ducha y en marcha.
No le establecimos ruta, sólo que nos llevara a cualquier sitio que mereciera la pena.
Y nos llevó al Doi Suthep.
Es un templo situado en una colina próxima a Chiang Mai y desde la que se ve una panorámica de la población.
El templo y alrededores es precioso, ya lo veis en las fotos. Pero no voy a descubir nada que no hayan contado cientos de viajeros del foro, que ya han pasado por este sitio.
Suele pasar que en un viaje lo que más, o de lo que mas te impresiona, es lo primero que ves. Pero este templo es una pasada, por los colores, por la religiosidad de la gente. Me habría pasado todo el día allí.
A continuación, el taxista nos llevo a ver el Tiger Kingdom.
Depende de como se mire puede parecer un numerito para frikies y guiris. Pero
una vez que estas aquí, dispuesto a ver cosas exclusivas, es algo que realmente no vas a poder repetir y desde mi punto de vista, mereció la pena, luego allá cada uno.
Hay varios recintos, unos con animales pequeños, como mucho de diez kilos, otros con gatos de cinco o seis meses y los grandes que tienen un máximo de dos años. A partir de esa edad los retiran de las visitas, porque debe ser mas difícil controlarlos.
Los precios varían algo, cuanto más pequeños, más caro. Nosotros pagamos unos 450 baths cada uno, por la visita a los más grandes. Nos hicimos un montón de fotos y al final se acercó uno de los cuidadores y le pregunté que por qué estaban tan pacíficos, si los sedaban. El muchacho no sólo no se lo tomó a mal, sino que se enrolló muy bien, me dio todo tipo de explicaciones, que los acostumbraban de pequeños y que por naturaleza el tigre es noctámbulo y de día descansa. Esto no me acababa de cuadrar, por que en los zoos los he visto activos. Entonces nos invitó a ver a otro que se estaba levantando. Nos hicimos más fotos. Y el animal se fue donde estaba el primero, lo hizo levantarse y le quito el sitio. Luego se tumbaron juntos.
Cuando salimos de este recinto, nos dimos una vuelta por la instalación y vimos los pequeños sin entrar, pero les hicimos fotos a 8 o 10 metros. El zoom se encargo del resto.
De la visita a los tigres, fuimos a ver un poblado donde han reconstruido el entorno de varias de las tribus del norte mas típicas, con sus formas de vida.
Evidentemente, no son los poblados auténticos, pero la reconstrucción es bastante fiel y los habitantes del poblado son gente que han acaptado el ofrecimiento y se han venido a vivir aquí. Sin duda porque deben vivir mejor.
Aquí encontramos a las mujeres jirafa y a otras tribus de la zona del triángulo de oro, viviendo entre arrozales, como en sus pueblos originales, con esas casas con los techos cubiertos con hojas de teka,
Y con una charca, en la parte de atrás, donde, a modo de piscifactoría, tienen los peces que les sirven de alimento.
Y al igual que en sus pueblos de origen, la venta de pulseritas y otros adornos se ha convertido en una fuente de ingresos importante.
Me llamaron la atención varias cosas, como la belleza de alguna de estas mujeres,
También me llamó la atención el hecho de que la iglesia fuera católica. Parece ser que el trabajo de los misioneros hace que esta gente se sienta más cómoda entre los cristianos...
Otra curiosidad es que en varias casas, tenían en la parte de atras el coche. Eso si, tapado con una malla para ocultarlo de la curiosidad de las visitas.
El de la foto, ¿no parece un Mercedes?
Saliendo de allí, nos fuimos a comer a un sitio próximo, donde tenían una granja de orquídeas y otra de mariposas. Sobre las orquídeas no hay mucho que decir, sólo os dejo unas fotos.
A estas alturas, ya os habréis dado cuenta de que la naturaleza, las plantas y las orquídeas en particular, son una de mis debilidades.
Y en cuanto a la instalación de las mariposas, pues era más bien pobre. En cantidad y en calidad. La mayoría de las mariposas que tenían, las hemos visto en abundancia a lo largo del país.
Saliendo de aquí, le dijimos al taxista que nos llevara al hotel. Estábamos muertos.
El hotel de Chiang Mai, el Raming Lodge, no estaba mal. Es un establecimiento que ya tiene unos años y que determinados aspectos, comó la limpieza, podrían ser mejorables. Y con esto no quiero decir que esté sucio, pero hay rincones en pasillos, escaleras e incluso en la habitación a los que la escoba no llega con frecuencia.
Pero a cambio tiene un precio aceptable, 39,99 €. Aire acondicionado, que para mi es imprescindible y una muy buena situación, a cinco minutos a pie del mercado de fin de semana, en un extremo de la calle. En el otro extremo, a otros cinco minutitos tenemos el mercado nocturno, de diario. También cuenta con un personal muy amable y predispuesto a ayudarte en todo momento y esto se agradece. El último día, el director de márketing nos acompañó al aeropuerto y nos dijo que próxima vez, en vez de reservar con Agoda, que le llamemos a él y tendremos mucho mejor precio. Nos dió su tarjeta. Muy amable.
Otro detalle es que cada día te dejan un cestillo con fruta fresca y agua no facturable en la nevera.
El desayuno correcto, aunque la verdad es que cada vez desayuno menos en los hoteles. Los primeros días, eufórico, empiezo con huevos fritos con bacon, más tostadas con mantequilla y mermelada, para acompañar al café con leche. Y lo remato con un zumo. Al tercer día, los kilos empiezan a acumularse y se impone la cordura. Café con leche y una tostada o cereales, para el resto del viaje. Como en casa.
Una vez duchados y descansados, salimos a comer algo y a dar una vuelta por el mercado de fin de semana. Es una locura. Además de inmenso, se puede encontrar casi de todo, la gente es extremadamente amable, es un placer regatear, nadie se ofende, nadie te acosa, todo se hace con una permanente sonrisa. Todos te reciben con el omnipresente sabandikaaap (o como se escriba), y a partir de ahí, la decisión de acercarte o no, es tuya.
En cuanto al regateo, que yo pienso que es un arte, que nadie se lo tome a mal. Esta gente no trata de engañar a nadie, sólo que los negocios, son los negocios. Y ellos tratan de sacar lo máximo por su producto y nosotros de conseguir el mejor precio. El arte está en saber cuando llegas al límite, en tensar la cuerda sin que se rompa. Y cuando ves que has llegado al tope, tú decides si comprar o no comprar. Pero nadie se ofende.
A mi me resultaba muy curioso perder diez minuos en un regateo y cuando me daba cuenta de que lo que estaba en juego eran 50 o 60 baths ( 1,5€) me daban ganas de rendirme. Pero no es el importe, es la satisfacción de ganar en el juego. Porque cuando cerrabas el precio, a veces no tenias cambio y le dejabas el pico de los 50 baths que habías estado peleando, creando el lógico estupor en el vendedor. Y este de qué va? Deben pensar...
Al llegar al hotel, nos dimos el primer masaje tailandés. Dos horas por 700 baths.
Muy bien, sobre todo por ser el primero. Los siguientes serían más baratos.
Desde la habitación llamamos a Nong y le pedimos que nos organizara algo por el norte del país para los próximos días. Y decidimos los dos días siguientes ir a Chiang Rai en compañía de Tim. El primer día no pudo ser más completo.































