Iniciamos nuestro viaje desde Las Navas del Marqués, así que el día 15 salimos hacia Madrid para hacer la maleta, realizar las últimas compras y poder llegar al aeropuerto a tiempo. Ese mismo día concertamos un taxi que viniera a buscarnos a nuestra casa.
Como nuestro vuelo salía a las 7,15 de la mañana desde la terminal 2, salimos de casa a las 5,30. El taxi nos estaba esperando y llegamos al aeropuerto en 20 minutos. Como la T2 es pequeñita fue muy fácil localizar el mostrador y, de todas formas, yo ya había hecho el cheking el día antes y como no teníamos maletas que facturar pasamos directamente al control de equipajes. Todo sin problemas. Había alguna tienda abierta y también una cafetería, desayunamos y compré allí mismo una crema hidratante que me sellaron para poder pasarla luego en el tránsito.
Hicimos conexión en el Charles de Gaulle, aeropuerto que no me gusta nada y la experiencia de esta vez me reconfirmó en la idea de no volver a pisarlo, si puedo. La puerta de llegada y la del nuevo embarquen se encontraban las dos en la zona F, muy cerca una de otra, sin embargo el funcionamiento de este aeropuerto es horroroso, tuvimos que pasar 4 controles de pasaportes y en ellos consumimos casi una hora de nuestro tiempo de tránsito y cuando llegamos al control de equipajes la cola era monumental y faltaban 30 minutos para la salida del vuelo. Comentamos lo que pasaba con el personal pero no sólo nonos hicieron ningún caso sino que lo hicieron con el tono de “mira el listillo que se quiere saltar la cola”, el tiempo pasaba, la cola no corría y veíamos que perdíamos la conexión. Al final llegaron las azafatas de Air Kenia preguntando por los pasajeros de su vuelo y nos colaron. Salimos con una hora de retraso pues en nuestra situación se encontraba la mayor parte del pasaje. No entiendo tanto control cuando lo que hacíamos era salir de la zona Schengen y, al menos, podrían poner más personal y ser un poquito más amables.
El vuelo fue correcto, habíamos elegido ventanilla y eran filas de dos asientos, así que viajamos cómodos. Todos los asientos tienen su pantalla para ver películas (en inglés) y oír música y nos sirvieron aperitivo, comida y merienda. Aprovechamos el tiempo para leer y hacer unos crucigramas y el tiempo no se hizo muy largo.
Aterrizamos en el aeropuerto Nomo Keniata. La salida sin problemas hasta que llegas al control de pasaportes y obtención del visado. Las colas impresionantes, tardamos más de hora y media en conseguir nuestro visado y no sirvió de nada el no facturar el equipaje pues las cintas de recogida están una vez pasado el control y no ahorramos nada de tiempo. La próxima vez me llevo el visado desde Madrid.
En el propio aeropuerto se puede cambiar moneda, cambiad algo por lo menos pues así las propinas os saldrán más baratas, tened en cuenta que el conductor y los maleteros del hotel, así como camareros y demás esperan vuestra propina. Las monedas no son bien aceptadas pues no las cambian, hay que dar billetes y 5$ (es el billete mas pequeño) me parece excesivo para el mozo de las maletas, mejor chelines, los dólares los conservé para conductores y rastreadores.
A pesar de las dos horas y media acumuladas de retraso, allí nos estaba esperando un conductor con un cartel con nuestro nombre para llevarnos a nuestro hotel, el Fair, que ya conocíamos de la vez anterior y nos había gustado mucho.
Llegamos a las 10 de la noche al hotel, cansados y hartos del viaje (la próxima vez probaré a viajar de noche) y nos fuimos directos a nuestra habitación, nos dieron un apartamento con un cuarto de baño inmenso y una bañera tamaño familiar (era tan grande que cupimos los dos) y nos dimos el gustazo de llenarla y darnos un baño de espuma, sin prisas, relajados y nos quedamos nuevos.
La habitación contaba con artículos de tocador, botellas de agua, plancha, wifi gratuíto, tetera y una cama inmensa donde te podrías perder.
Descansamos de maravilla y a la mañana siguiente tomamos un estupendo desayuno buffet con frutas frescas, zumos naturales, huevos hechos al momento, salchichas, becon, bizcochos, etc. y nos vinieron a buscar para llevarnos al aeropuerto Wilson, muy digno aeropuerto para vuelos interiores desde donde operan multitud de compañías, entre otras Air Kenia que fue la que nos llevó hasta Masai Mara, todo muy cómodo, incluida la sala de espera que tenía cafetería y tienda en donde me hice con una guía de plantas que no me sirvió de nada pues solo traía árboles de jardín, su nombre “The Beautiful plants of Kenya” de John Karmali, no le compréis, mejor comprad “Wayside Flowers of East Africa” de Teresa Sapieha.
Por fin subimos al avión que nos llevaría hasta el Mara.
Al subir nos explicaron que teníamos que bajarnos en la tercera y última parada (este avión es como un bus) pues íbamos al aeropuerto de Keekorok. Como siempre me pasé el viaje mirando por la ventanilla e intentando averiguar qué es lo que estaba viendo.
Me llamó la atención cómo se distinguen los poblados masais desde el aire, todos esos círculos rodeados de casas y ver las charcas de agua llenas de animales.
Y bueno, ya estamos aquí, ya hemos llegado a nuestro destino, al aeropuerto de Keekorok
Por fin en Masai Mara. En esta última parada se baja otra pareja española y yo me dije ¿a que estos también van a Enkewa? Y justo, así era. Allí estaba Jose Serrano esperándonos en el Land Rover acompañado de Tipira, uno de los rastreadores masais y nos presentaron a Jose Manuel y Bea, nuestros compañeros de safari durante unos cuantos días. En poco tiempo descubrimos que nos habían tocado unos compañeros ideales, simpáticos, agradables, muy buenos conversadores y divertidísimos, les echamos mucho de menos cuando se fueron.