De camino a Varna entramos a Shumen, en el norte de Bulgaria, para conocer su mezquita Tombul.

Un paseo larguito en la avenida principal con mucho comercio y algún hotel que en ese momento alojaba ciclistas, los que vimos eran rusos.
Con bastante calor llegamos a la mezquita donde nos descalzamos y admiramos dentro de su deteroria palpable, totalmente apuntalada, espero que pronto la puedan ver restaurada y no perdida.
Dá gusto pisar las alfombras tan suaves y con un colorido que parece que fuese ayer cuando las estrenaron.
Adjunto el patio de las abluciones y una escuela coránica además de una tienda de alfombras y otros objetos ( 6 LV.).



De Shumen al caballero de Madara, una explanada aparcamiento con algunos puestos de recuerdos y para comer nos marca el fin de la busqueda (8 LV.).
Una escalera más que empinada a tramos de grupos de escalones que hay que tomar despacio y con algún descanso en los bancos de los rellanos (hay quién las suben del tirón claro).
Antes de coronarla vislumbras al jineta en un corte de roca muy respetable en altura. Una alambrada apunta que hasta aquí se llaga aunque hay una plataforma dentro mas cerca del jinete. Muchosa visitantes.
El relieve del s.VIII de un rey ecuestre con su perro y la lanza clavada en un león.

Bien avanzada la hora de comer llegamos a Varna y gracias a la orientación de mi marido no tardamos en dar con el hotel Akropolis, 55 LV con desayuno y muy cerca de la zona de baño.
Antes que nada vimos el mar después de tantos dias sin él., en un paseo con un centro de baño donde se paga y que cuenta con piscinas, ginnasio y playa. La fuente que corre a su entrada es de agua termal.
No muy lejos encontramos una mehana donde comer Tarator ( sopa de yogur) pescado que suele ser el mismo ( dorada y baila )pan, queso bebidas ensalada 38 LV.
Siesta y paseo hacia el centro, la catedral de la Asunción, la torre del reloj, parque y plaza de gran tamaño y animada de paseantes.
Buscando las termas romanas llegamos a las proximidades del hotel que lo haciamos lejano...Así se aprende. Las termas tienen poco que ver aunque las publicitan mucho.
De nuevo al centro donde dejamos el coche y a dar vueltas y vueltas para encontrar aparcamiento que está imposible.