Hemos dormido muy bien. Por fín, no ha habido mosquitos. Y vaya cama!!!
Hemos salido en torno a las 9 a visitar el templo del buda de jade. Como no está lejos del hotel, decidimos ir andando. Así, por el camino desayunamos.
Como suele pasar, no encontramos ningún sitio y ya hemos llegado al templo. Entramos en un super (de la cadena Día) y compramos algo.
Se nota que estamos al lado de un templo porque hay puestos de barritas de incienso. Entramos en el templo. Está lleno de guiris occidentales. El templo está chulo. Es similar a otros, con varios edificios y patios. No vemos al buda de jade porque hay que pagar algo más.
Estando dentro comienza un rito budista en uno de los salones. Aparecen unos 20 monjes y empiezan con sus cánticos.

Ya nos hemos acostumbrado al ritual de los chinos budistas: queman barras de incienso (dependiendo de "algo" queman más o menos barritas), se agachan en varias direcciones con las barras en la cabeza y se acercan a alguno de los altares a arrodillarse y rezar.

En varios de los altares la gente ha dejado fruta. Creo que esto no lo habíamos visto hasta ahora. Hay varias chicas del templo que parece que indican lo que es cada salón o cómo seguir la visita pero lo que hacen es dirigirte a las tiendas.
Salimos del templo y vamos a los jardines de Yuyuan. Para entrar, pasamos por el bazar de Yuyuan, una serie de callejuelas con edificios muy bonitos.

Por aquí estuvimos anoche cuando paseamos por el Bund. Entramos en los jardines. Es un sitio precioso.

Es un conjunto de estanques, pasadizos y saloncitos de té. Muy bonito y bastante grande.

Salimos y vamos a la Concesión francesa a comer a un restaurante de la Lonely. Está en una zona comercial llamada Xitindian. Es un complejo de casas antiguas y callejuelas. Antes paramos a tomar algo en una terraza. Nos clavan 100 yuanes por 2 cervezas.
Vamos a comer. Sin ver la carta sospechamos que no va a ser barato. Se nota por el estilo de la gente que se por aquí. Casi todos son occidentales. Comemos una hamburguesa. El precio, según la media de Shanghai, es decir, precio español.
Damos un paseo por la calle principal de la Concesión. Se supone que hay varios cafés con terracitas pero nosotros no vemos ninguno. Acabamos entrando en un Starbucks. Recordamos por qué no nos gusta este sitio. Qué asco de café. Bueno, de líquido porque no se puede decir que eso sea café.
Vamos al hotel porque estamos algo cansados y a mí me duele un poco la cabeza. De paso, nos tomamos algo en el bar del hotel.
Después de un ratillo, vamos a Nanjing, una zona donde, según la Lonely, hay varios restaurantes y bares. Entramos en un bar. Por fín pagamos la cerveza a un precio más razonable, aunque sigue siendo el doble que en el resto de China.
Vamos a cenar a un vegeariano. Es muy occidental. Cenamos bastante bien aunque casi no tenemos hambre. Paseo hasta el hotel, y a dormir.
Reflexión del día: Shanghai es una ciudad de contrastes. En una calle estás rodeado de puestos de comida y gente vendiendo cosas en el suelo, donde no ves a un guiri y, al doblar la esquina, estás en una calle que parece Nueva York.
Shanghai es un buen sitio para terminar el viaje porque hay cosas para ver pero de forma tranquila. Se nota el cansancio en que nos cuesta cada vez más planear el día siguiente y que buscamos no andar mucho o no complicarnos mucho el día.