Nos levantamos a las 07:30. Otra noche que hemos dormido bastante mal. Los mosquitos han vuelto a hacer acto de presencia. Yo tengo la cara llena de picaduras.
Cuando bajamos a hacer el check out ya está el taxi. Llegamos al aeropuerto. Decidimos facturar porque hay un cartel que pone que no se pueden pasar líquidos en el equipaje de mano.
El vuelo se retrasa media hora. Llegamos a Shanghai. El aeropuerto es enorme.
Esperamos poco por las mochilas y vamos a coger el metro. Este metro es mucho más moderno que el de Pekín y la gente es bastante más organizada.
Encontramos el hotel sin ningún problema porque está pegado a la estación. El hotel es una pasada (Mercure Shanghai Zhongya). De los mejores donde hemos estado nunca.
Nos refrescamos y vamos andando al Bund, la zona del río. Pasamos por una calle donde sólo hay ferreterías. Pero con esto quiero decir que a lo largo de la calle hay unas 20 o 30, todas seguidas. ¿Qué criterio utilizará la gente para comprar en una u otra?
Llegamos al Bund. La vista del skyline es impresionante.
Qué pena que haga tanto frio. No esperábamos una temperatura tan baja. Damos un paseo por las calles cercanas buscando algún sitio para tomar algo. Después de andar una hora por calles puramente chinas (oscuras y con tiendas horteras y puestos de comida. Suerte que no podáis olerlas.), decidimos coger el metro para ir a la Concesión francesa. Antes volvemos a pasar por el Bund para verlo de noche. Es más impresionante que de día. Como los chinos son tan horteras, hay luces de colores por todos lados.

Hemos leído en la Lonely que hay una calle "atestada" de bares. Encontramos la calle pero ni rastro de los bares. Después de un rato entramos en una terraza. La tsingtao pequeña vale 30 yuanes. Se ota que esto no es un pueblo. La terraza está bien pero el tiempo no acompaña.
Vamos a dar otra vuelta por si vemos algún otro bar o cafetería, pero nada. Sólo hay tiendas, tiendas y más tiendas.
Vamos a un bar de la Lonely en el que también dan comidas. Lo encontramos pero se podría decir que es un restaurante donde también dan bebidas. Entramos. El restaurante está decorado totalmente occidental. Y de los finos. Cenamos bien pero es la comida más cara hecha hasta ahora (228 yuanes).
Decidimos tomarnos la última en el hotel.
Reflexión del día: está siendo un viaje muy bonito e interesante. Se nota el cansancio. No sólo físicamente sino en nuestras ganas por ir a ver nuevas cosas.