Otra noche que hemos dormido muy bien. José baja a la cafetería para sacar los billetes de avión ya que ahí hay wifi y lo puede hacer desde el móvil.
Salimos del hotel a las 09:30. Vamos a Quindao. Es un barrio antiguo que está a las afueras. El barrio está chulo con casas antiguas y canales. La pena es que está atestado de gente y hay tantos puestos de comida que huele fatal. José está a punto de vomitar.

Es increíble que haya tanta gente comiendo, sea la hora que sea. Ya no sabemos si desayunan, comen o cenan. Creemos que, simplemente, se tiran todo el día comiendo.

Después de dar un paseo, nos vamos a la Plaza del Pueblo. En el metro pasamos por una estación enorme con un diseño muy futurista.

La plaza y el parque del mismo nombre son un sitio enorme rodeado de rascacielos. Buscamos un restaurante de la Lonely para comer pero, oh! qué sorpresa!, ya no existe. ¿Cuántas veces nos ha pasado ya esto? En su lugar hay otro chino con carta en inglés. Entramos. No nos gusta nada. Estamos hartos del arroz blanco cocido con cosas distintas totalmente insípidas.
Vamos dando un paseo por East Nanjing, la calle comercial, hasta el Bund. Vamos andando a lo largo del río. Luego vamos al bazar de Yuyuan porque yo quiero comprar un par de regalos. Es increíble la cantidad de gente que te sale ofreciendo relojes. Acabas mareado.
Para comprar tenemos que regatear. A mí se me da fatal. Enseguida me agobio. José parece un profesional. Se sale con la suya. Seguro que podíamos haber pedido mucho menos pero no tenemos tanta paciencia.
De ahí nos vamos a un bar que recomienda Lonely. Está lleno de occidentales. Tomamos una cerveza y nos vamos a un restaurante donde tomamos algo ayer y nos gustó la carta. Pedimos pizza y pasta. Las 2 cosas estaban muy ricas.
Nos vamos al hotel porque estamos bastante cansados y mañana nos espera un día muy duro y largo.
Reflexión del día: ha sido un día muy tranquilo. Nos da pena que se acabe el viaje pero la verdad es que estamos muy cansados.