He de confesar que hasta un par de meses antes de nuestro viaje no había oído hablar nunca de esta ciudad china. Pero cuando planeábamos el viaje y mis hijos dudaban en si venir o no (que al final por una cosa u otra fue que no), mi hijo dijo que él solo venía si íbamos a Chongqing.
Buscando información encontré que la ciudad tiene un área metropolitana con más de 30 millones de habitantes y es bastante popular en internet por las imágenes de sus edificios, aunque no suele incluirse en las típicas rutas turísticas. Como no estaba demasiado lejos de nuestra ruta (hablando en distancias chinas), decidí visitarla, para lo cual, tras abandonar Wulingyuan en bus, tomamos el tren de las 11 y pico en Zhangjiajiexi que nos dejaría a media tarde en Chongqingbei con la idea de visitarla de noche, mientras al día siguiente haríamos la visita a la luz del sol (por primera vez tuvimos un día completo soleado).
Cuando llegas a cualquier ciudad china en tren, lo primero que ves son los barrios exteriores que están plagados de edificios de 30 o 40 plantas, creando grandes zonas de pequeños rascacielos. Normalmente impresiona ver semejante acumulación de ese tipo de edificios, pero en el caso de Chongqing alcanza su máxima expresión. Durante kilómetros, un denso bosque de altos edificios se va extendiendo hasta donde alcanza la vista, unos junto a otros, auténticas colmenas humanas donde vive el equivalente a 2/3 partes de España. Si no hubiera suficientes, los pocos espacios libres se rellenan con más rascacielos en construcción ya que la ciudad continúa creciendo en casi medio millón de habitantes por año, habiendo tenido años donde el crecimiento rondaba el millón anual (lo que obliga a construir ¡unas 1000 viviendas diarias!).
La estación de Chongqingbei está bien comunicada por metro, así que en una media hora más estamos a las puertas de nuestro hotel, el Chongqing Goodtime Art Fashion Apartment (17€), sito en la planta 22 de un alto edificio céntrico que parece de oficinas y con un amplio ventanal con vistas sobre la ciudad, aunque no sobre la parte más conocida. El hotel es una especie de piso con 4 habitaciones, la nuestra tiene un pequeño vending con algunos artículos eróticos.
Hemos pasado ya el ecuador del viaje y tenía miedo que, una vez dejadas atrás las actividades al aire libre que son las que más nos gustan, el resto del periplo disminuyera en intensidad; solo nos quedaban 4 ciudades por ver, pero afortunadamente fueron las mejores ciudades que visitamos en el viaje.
Salimos a media tarde a pasear por la ciudad sin un destino definido con la idea es perdernos por las calles para poco a poco acercarnos a la orilla del río Jialing. El centro de la ciudad es una especie de península algo elevada rodeada por los ríos Jialing y Yangtze, y una de sus características es que muchos de sus rascacielos han sido construídos en cuesta, algo poco habitual. Ello crea un curioso urbanismo, un pequeño caos de edificios, alturas, puentes,... por el que merece la pena deambular.
Tras un buen rato llegamos a la orilla donde se sitúa Hongyadong, una reconstrucción de lo que fue años atrás la zona portuaria de Chongqing llena de tiendas y sitios para comer. Es un tanto caótico y al anochecer se llena de miles y miles de personas, quizás haya sido el lugar donde hemos visto mayor concentración de gente, cuesta caminar.
Todo el lugar está profusamente iluminado, lo que sumado a que en las dos orillas del río hay decenas de altos rascacielos compitiendo por cual tiene la iluminación más espectacular hace que el skyline nocturno de la ciudad sea uno de los más impresionantes del mundo.

Cruzamos un puente para pasear al otro lado y ver otra perspectiva del lugar desde un paseo.
A las 22:30 se apagaron la mayoría de las luces, así que comenzamos nuestra retirada hacia el hotel.
Chongqing bien merece un desvío, una ciudad para no olvidar.