5 de diciembre de 2011
Como fuimos puntuales en la retirada, no nos cuesta ponernos en funcionamiento, constatar que el ratoncito Pérez también viene a París y, desayunar temprano. En el hotel nos hemos quedado la mitad, se nota que es lunes.
Hoy nos vamos a acercar en primer lugar a la zona conocida como las islas. Metro cité. Una vez allí nos encontramos de frente el Palacio de Justicia.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Pero nosotros buscamos los dos puntos importantes e imprescindibles en todo recorrido clásico, la Sainte Chapelle (integrada en el propio palacio de Justicia) y la catedral de Notre Dame. Como llegamos bien de hora, no hay demasiada cola para entrar en la famosa capilla consagrada en 1248 por el rey Luis IX al lado de su palacio, para albergar de forma adecuada unas reliquias santas, adquiridas durante una cruzada.
Para acceder, hay que pasar un control estricto. Una vez en el patio, podemos admirar el contraste entre el espléndido gótico de la Santa Capilla y el más austero, pero no menos impresionante, del Palacio de Justicia.
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Entramos prontito y estamos un buen rato admirando los dos espacios en que se divide la bella capilla. El inferior, que incluye la estatua de San Luis, es el más sencillo:
*** Imagen borrada de Tinypic ***
El superior, es en el que se encuentran las famosas vidrieras, que todos hemos visto en alguna fotografía.
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Hay grupos de escolares visitando la iglesia con maestros que seguramente les explicarán las
historias bíblicas que cuentan las vidrieras. Nosotros, simplemente, nos quedamos contemplándolas con admiración.
Hoy nos vamos a demorar mucho rato en las visitas. Algún punto del itinerario lo pagará, pero no nos importa mucho, la verdad. Estamos para disfrutar, no para ir corriendo de aquí para allá.
Sin detenernos en la “Conciergerie” vamos, demasiado tranquilos, hacia Notre Dame.
Imposible no pararnos a hacer alguna fotografía con los puentes sobre el Sena, tan hermosos y románticos.
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Hubiera querido acercarme al más antiguo de ellos “el Pont Neuf”, pero no hay tiempo. Tampoco para ver de cerca la Tour Saint Jaques, que queda enfrente y que fue el punto de salida de los peregrinos a Santiago en París, pero se ve tan hermosa, allá al fondo, que nos resulta imposible no fotografiarla al menos, aunque sea de lejos, para tener un recuerdo.
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Todavía nos metemos en una tienda y salimos cargados de cajitas de música muy monas, pues algún detalle hay que llevar. Para apreciar el sonido de las cajitas, ponen varias a la entrada para que sean probadas por quien quiera. Estaban desde "La Internacional" a "Yesterday", pasando por "La Boheme" o "Cumpleaños Feliz"… Nosotros nos decantamos por "Milord" y el "Vals D'Amelie", más parisinas.
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Seguimos yendo a Notre Dame, pero al otro lado del Sena aparece el Hotel de Ville, de aspecto impresionante. Nueva parada.
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Empiezo a pensar que no llegaremos nunca a Notre Dame, pero sí, ahí está, hermosísima, con su gran árbol de Navidad en la puerta. Llena de turistas que hacen cola para subir a la torre (descartado). Simplemente entraremos a verla, ya que para eso no hay problema.
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A mí siempre me ha impresionado mucho Notre Dame. Quizá por su peso histórico. La encuentro bella e imponente.
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Una maravilla gótica que, aunque fue muy dañada en los tiempos de la Revolución y casi demolida, fue salvada por la popularidad de una novela de Victor Hugo, la dedicada al jorobado de Notre Dame, en 1831 (Creo que es “Nuestra Señora de París”, a ver si me animo a leerla) que inspiró una campaña de peticiones para salvarla. Muy bonito y romántico, como tantas cosas en París.
Hoy estaremos demasiado relajados como para aprovechar mucho el tiempo… nosotros tranquilamente en el interior de Notre Dame, contemplando el rincón navideño, escribiendo un mensaje de paz (hay una invitación a hacerlo en unos papelitos de colores que luego se echan en una urna) y viendo también una pequeña exposición de belenes.
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Se está muy bien por aquí y se nos ha pasado la mañana lo que se dice en dos visitas. Abandonamos Notre Dame, que junto al Sena, dibuja una estampa del París más auténtico.
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Nos gustan los libros viejos, así es que nos entretenemos viendo los puestos que comienzan a montarse junto al Sena. Miramos las apretadas filas de libros con ojos admirativos.
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Mi marido lamenta que estén en francés, lengua que no domina. Sin embargo dicho lamento se transforma en entusiasmo cuando continuamos hacia el siguiente destino: la librería “Shakespeare & Company” que está en la rue Boucherie, más o menos enfrente de Notre Dame. Todos los libros son en inglés.
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Esta vieja y peculiar librería, es hija de otra anterior situada en Rue l’Odeon, que fue cerrada por los nazis en 1941. La actual fue abierta en 1951 y ha atraído a numerosos escritores que incluso pueden dormir en el local, a cambio de prestar servicios en caja. Esto parece extravagante, pero cuando entras no te sorprende. Libros y más libros en todos los rincones imaginables. Escaleras que suben hasta un ático con más libros apilados y sillas por aquí y por allá, por si quieres sentarte un rato y echar un vistazo a alguno. Un lugar mítico, con el encanto de la autenticidad. Eso se nota.
Salimos con unas cuantas bolsas. Lástima que sólo se pueda hacer fotos en el exterior. Es comprensible y respetable.
www.shakespeareandcompany.com/
Cuando salimos ya son las dos de la tarde, hora más bien tardía para comer en París. Así es admiramos por fuera los muros vetustos de La Sorbona…
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Y tomando el metro en la curiosa estación Cluny-Sorbonne, nos adentramos algo más al sur del Barrio Latino.
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Buscamos una estrecha calle adoquinada. Para algunos, la calle con más encanto de París. La Rue Mouffetard. Está algo alejada de la zona que más suele visitarse el Barrio Latino, pero vale la pena acercarse a ella.
Parece que tenemos especial predilección en este viaje de conocer los sitios, a través de los dibujos que aparecen en sus muros, que nos dejan su mensaje sobre el lugar en el que nos encontramos.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
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La Rue Mouffetard es una calle llena de locales pintorescos y encantadores que llaman nuestra atención, como este curioso cine.
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Y, sobre todo lo que encontramos en ella es una multitud de opciones para comer a muy buen precio (estamos en zona estudiantil) tanto de menús tradicionales como creperías.
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Finalmente llegamos a uno que se llama “La Grotte”, que a mí me sonaba de haberlo visto recomendado por el foro de “Los viajeros” y nos metimos allí. Comida estupenda y atento servicio por menos de 15 euros. Os recomiendo que os paséis por esta larga calle llena de locales antiguos, cafés y bares baratos de estudiantes.
Damos un pequeño paseo tras la comida, que nos llevará hasta la coqueta Place de le Contrescarpe.
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Y desde aquí vemos el encantador París más cotidiano, en el que nunca nos fijamos en una ciudad como ésta.
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Un París más de cerca.