Desayunamos en el completo buffet del motel y hacia las 8 nos ponemos en marcha.



Tardamos un par de horas en llegar a los límites del parque de Death Valley, donde ya empezamos a encontrar puntos de interés.



Paramos en el primer mirador. Hay una bonita vista, pero descubrimos que, caminando unos cuantos metros más hacia dentro del precipicio, se puede disfrutar de una impresionante vista de todo el valle con el lago de sal. Además estamos solos, a diferencia del mirador, que a esta relativamente temprana hora ya está lleno. Tan sólo encontramos a un hombre que vuelve de allí con su ranchera y su perro.



En Panamint Springs compramos un galón de agua y unas gafas de sol para Eloi. Como dice la dependienta, las dos cosas más necesarias en un desierto.

Seguimos hasta Furnace Creek, donde comemos. Como siempre, raciones enormes de todo y con patatas fritas en abundancia.
Continuamos hacia Devil’s Golf Course, donde el viento esculpió formas de sal y tierra.



Un valiente. Fijaos en que está haciendo la señal de la victoria.
Siguiente parada, Badwater Basin, a 86 metros por debajo del nivel del mar. El cartel que indica el nivel del mar está clavado en la montaña. No recuerdo haber pasado tanto calor en toda mi vida, y esto en octubre. En media hora nos ventilamos litro y medio de agua entre los dos. No quiero ni pensar en venir aquí en pleno verano. Me acordé de los que estuvisteis aquí en agosto.


Ahora volvemos atrás y paramos en el aparcamiento de Natural Bridge, después de un camino sin asfaltar de unas 2 millas. Andamos hasta el Natural Bridge durante unos 10 minutos y volvemos al coche.


Recorremos Artist Drive, de sentido único, parando en un par de sitios para hacer fotos y por último en Artist Palette, donde los diferentes minerales dan a las piedras volcánicas unos colores muy intensos: rojos, amarillos, azules, rosas…




El cielo es tan azul que parece que la montaña está sobrepuesta con Photoshop.
Tomamos la 374, disfrutando de los últimos minutos de esta auténtica maravilla de la naturaleza, y ya entramos en Nevada de nuevo.




En la señal se pueden apreciar unos cuantos balazos…esto de que todo el mundo pueda llevar armas…

Pocos kilómetros más tarde, decidimos parar en Ryholite, un pueblo fantasma del que tan sólo quedan 2 ó 3 casas en ruinas. Aquí se rodó una escena de la película “La Isla” (la de Ewan MacGregor, no la de DiCaprio).





Su atracción más famosa es la “Bottle House”, construida con botellas, además del museo al aire libre, que nos pareció más bien tétrico.



En aquel momento había una sesión de fotos con una modelo en bikini que se estaba congelando.
Llegamos al motel, el Atomic Inn, en Beatty, hacia las 6 y media. El check in nos lo hace un personaje que tenía tela, oyéndolo hablar parecía que se acababa de levantar de la cama.

Dejamos las cosas en la habitación, muy grande y cómoda, nos duchamos para quitarnos de encima el polvo del desierto y salimos a ver el pueblo, con intención de comprar provisiones.
En Beatty no hay nada, pero nada, ni siquiera un supermercado. La comida la hemos tenido que comprar en la gasolinera, donde encontramos, allí, en el culo del mundo, a una pareja de catalanes.
Como no hay nada que hacer en el pueblo, volvemos al motel, que está en una calle que si no recuerdo mal ni siquiera estaba asfaltada, para cenar, ver un rato la tele y descansar.