Llegamos a Benarés sobre las 12,30 del mediodía. Nos vino a recoger un ricksaw que habíamos contratado con el hotel donde nos alojábamos (Rs 250 por el pick up). El conductor nos dejó a varias calles de nuestro "hotel", el Shiva Ganges Viey, ya que se encuentra junto a un ghat y no pueden entrar vehículos a excepción de las motos.
El dueño, un pequeño buda en viejo, nos enseñó la habitación y a mí se me cayó el alma a los pies. Era cierto que la habitación tenía tres balcones con vistas al Ganges pero estaba vieja, el baño sucio y la ropa de cama olía fatal. Lo peor de todo es que era el alojamiento por el que más dinero habíamos pagado (Rs 3500 la noche). Para colmo las ventanas cerraban mal (suerte de la mosquitera) y el aire acondicionado funcionaba a trompicones.


Nos asomamos al balcón y allí no se veía ningún Ghat, sólo un río enorme y marrón. Luego supimos que a causa del monzón el nivel del río había crecido 7 metros e inundado la mayoría de los Ghats por lo que no se podía ir paseando de uno a otro.
Salimos a dar una vuelta y entre el disgusto del hotel, las calles estrechas, la suciedad, el calor asfixiante y el cielo plomizo...Benarés me desbordó más de lo que estaba el Ganges! Cuando meses atrás nos planteábamos el recorrido del viaje, habíamos pensado empezar el viaje por esta ciudad. Suerte que dejáramos Benarés para el final porque si el primer día hubiera plantado los pies allí aún estaría en estado de shock!

Nos encontramos españoles por la ciudad (como en toda India) y nos recomendaron hiciéramos el recorrido por el Ganges en barca a motor. Era tanto el caudal del río que la corriente era muy fuerte y los que habían subido en barquita a remo habían pasado miedo. Finalmente lo negociamos con el dueño de nuestro "hotel". Regateamos algo pero nos importaba sobre todo nuestra seguridad ya que insistía en llevarnos en barco de remos. Pagamos Rs 150 cada uno y nos vendrían a recoger a la puerta del hotel al día siguiente antes de que amaneciera.
La tarde la dedicamos a pasear.



Tomamos una tarta y unas bebidas (Rs 100) en el Bread Brown Bakery del que hablaba la Lonely...y que nos costó dios y ayuda encontrar. Otros establecimientos habían copiado su nombre y los indios no estaban muy dispuestos a colaborar indicándonos cuál era el original. De todos modos, tampoco nos pareció un lugar como para echar cohetes.
Cuando anochecía nos acercamos al Ghat donde se hace la Puja. Estaba hasta arriba de turistas y si querías ver algo tenías que subir a alguna de las barcas que había amarradas en el río. No conseguimos ver mucho de la ceremonia pero sí demasiado de los trapicheos de los barqueros cazaturistas. Salimos de allí algo defraudados y con la sensación de que era más una actuación que una celebración simbólica o religiosa.
Para cenar, el Lotus Cafe, gestionado por una europea y en la puerta de nuestro hotel. La cuenta subió a Rs 400.


El segundo día nos despertamos muy temprano aunque era difícil no hacerlo ya que el aire acondicionado no funcionaba. Salimos a la calle cuando aún era de noche. Allí nos esperaba el barquero. Subimos a una embarcación en la que ya había una familia india. Y empezamos el recorrido viendo amanecer. La sensación fue completamente diferente a la del día anterior. Había movimiento en los ghats pero se respiraba paz y mucha serenidad. Y la luz de los primeros rayos del sol era impresionante.







La familia que nos acompañaba en la barca cogió agua del Ganges y empezó un ritual mojándose cabeza, manos... El problema vino cuando nos empezaron a lanzar agua también a nosotros. Creo que no pude cerrar más fuerte la boca, los ojos y hasta la nariz!!! Jaja
Nos devolvieron al hotel donde desayunamos por Rs 175 tostadas, zumo, cereales, yogur, lassi y te y volvimos a las escaleras de nuestro Ghat para ver la vida en el Ganges.







Después fuimos a Manikarnika. Las calles que desembocan en el Ghat de las cremaciones te sobrecogen: el suelo mojado, el humo, la leña, el sudor, los familiares que esperan en silencio, los cuerpos envueltos en túnicas doradas que esperan su turno, los intocables que vigilan las piras...
Lástima de unos cuantos personajes que empañan este momento tan impactante, que se permiten dirigirte a uno u otro lado dependiendo del dinero que pagues y que convierten algo "sagrado" en un espectáculo morboso...
No tuvimos cuerpo para la comida pero recuperamos fuerzas en la cena. De nuevo en el Lotus, sentandos en los cojines de la terraza, viendo atardecer y despidiéndonos del Ganges. Todo por Rs 380.

