Nos levantamos "tarde", hacia las 8 y desayunamos en la habitación, calentando el té en el microondas del pasillo del edificio principal del hotel. La niebla baja de primera hora aún persiste a esta hora.
Nos dirigimos a Williams, donde en primer lugar entramos en el Visitor Center. Allí conseguimos un mapa de Arizona.




Todas las tiendas están ambientadas en la route 66 pero la mayoría están cerradas, al igual que los restaurantes y otras atracciones turísticas. Supongo que en verano no debe caber un alfiler. Una pena, pero nos ha gustado verlo.
Hemos pensado en ir a Seligman pero está lejos y además, casi seguro que pasará lo mismo que en Williams, que esté todo cerrado.
Así que le pedimos a Marta que nos diga por dónde cae Sedona, que descartamos de la ruta inicial por falta de tiempo. Está a sólo una hora, con lo que decidimos ir a comer allí.
Pasamos al lado de Flagstaff y allí tomamos la 89A, que en esta época de año está preciosa, con los típicos colores del otoño.


Una vez en Sedona, nos encontramos un monumental embotellamiento para entrar en el pueblo. Hartos de no avanzar nada, decidimos dejar el coche en un lado de la carretera, a unos cientos de metros del centro, e ir andando. Luce el sol, y hace un calor horroroso.


Comemos en el "Open Range", el restaurante, después del París de Las Vegas, donde nos gastamos más dinero en almorzar: 36 $. Acostumbrados a gastarnos entre 10 y 20 $, parece una fortuna.
Sedona en sí no tiene nada de particular, es un lugar hiperturístico e hipercaro, pero el entorno es muy bonito.


Enseguida tenemos visto lo poco que vale la pena, así que volvemos a la 40 hasta Williams y allí tomamos la 64.
Una señal anuncia Kaibab Lake. Decidimos desviarnos para verlo, e hicimos bien. Es un lugar tranquilo y agradable.


Antes de llegar a Tusayán, paramos a hacernos algunas fotos en el Camping de Los Picapiedra que vimos a la ida pero no nos dio tiempo a parar:


En algo más de media hora nos plantamos en Tusayán y a descansar.