Partimos de Tusayán no muy temprano. Hoy será nuestro último día en las Américas. Nos despedimos de ellas en Las Vegas. Mañana, casi de madrugada, nos volvemos para casa.
Emprendemos el camino de vuelta hacia Las Vegas por Williams, y seguimos por la 40 atravesando un paisaje desértico.
Paramos en Seligman para echar gasolina por última vez. Echamos un vistazo a la tienda, plagada de recuerdos de la ruta 66 y a la bonita cafetería tipo "diner". No entramos en el pueblo porque queremos llegar pronto para quemar tarjeta en los outlets.
Pasamos de largo Kingman, otro pueblo de la ruta 66, y la presa Hoover, llena hasta los topes de gente. Por la carretera hay tramos de autopista patrocinados por ACME... Por un momento creemos ver al Coyote persiguiendo al Correcaminos con un petardo de esa marca...
Durante horas conducimos detrás del mismo todoterreno y nos entendimos a la perfección: Cuando él adelantaba, nosotros también. Nos lo tomamos como una especie de juego. Incluso cuando creímos que íbamos a "separarnos" al parar en la gasolinera... también coincidimos en eso.
Llegamos al Premium Outlet poco más tarde de las 11 y, después de dar una vuelta para situarnos, decidimos comer en un japonés de fast food. No fue ninguna maravilla pero suficiente para llenar el estómago. Un chico se acercó a Eloi entusiasmado para preguntarle de dónde había sacado la camiseta que llevaba, que tenía estampado "Galicia celta" y un símbolo.
No compramos mucho, unos cuantos vaqueros y algo de ropa interior. Hay tantísimo donde escoger que nos agobiamos y queremos marcharnos enseguida. De todas maneras, no hemos venido a comprar.
En la tienda de ropa interior, al cobrarnos la dependienta, tuve una pequeña conversación con ella sobre lo confuso que resulta para un europeo esa costumbre yanqui de añadir la dichosa "tax" en las compras al final. De buen rollo, por supuesto. Nos echamos unas risas y todo.
Volvemos al coche bajo un sol abrasador. Por suerte, el parking es cubierto. Llegamos al Gold Spike, nuestro hotel en el Downtown y hacemos el check-in. Nos dan un pequeño mapa de la zona.
El hotel no es muy grande pero está recientemente renovado, y de precio, una ganga incluso para ser Las Vegas: 24 dólares. Con Wi-fi gratuita en la habitación. También nos dejaron 2 botellines de agua que, recién llegados de los Outlets, con el calor, nos bebimos en segundos. Casi me sentí mal por pagar tan poco. Pero no sufrimos por ellos porque no les salga a cuenta, porque al día siguiente, que salíamos para el aeropuerto a las 5 de la mañana, aún (o ya) había gente gastando en las máquinas tragaperras del casino.
Después de echar una siesta y organizar un poco las maletas, nos lanzamos a quemar los últimos cartuchos de este inolvidable viaje. Paseando sin rumbo, nos metemos en el Central Station. Precioso por dentro.






El downtown a esta hora se ve bastante triste, muy poca gente por la calle y muchos casinos cerrados, excepto en Fremont Street, que siempre está animado.







Vemos algunas de las proyecciones de la pantalla que cubre Fremont: Vimos la de American Pie (fue emocionante, con mucha gente cantando y cogiéndose de las manos, e incluso bailando) y otras:

Como nuestro hotel quedaba tan cerca, cada hora salíamos para ver el espectáculo y dar una vuelta, y luego volvíamos al hotel o nos quedábamos por allí viendo el desfile de fauna humana.
Nos metemos en una tienda de souvenirs enorme para hacer tiempo.

Conforme te vas alejando de Fremont Street, las calles están más oscuras y casi desiertas. Incluso vimos como la policía detenía a un individuo.

Volvemos al meollo del downtown.
Cuando estuvimos en el Luxor, por la tele vimos la noticia de la inminente apertura de una hamburguesería llamada "Heart Attack Grill". Las camareras van disfrazadas de enfermeras y el gerente se pasea por allí en bata de médico, y tienen una ambulancia en la puerta. Los clientes son "pacientes", así que al entrar les ponen una bata de esas que deja el trasero al aire. Su publicidad es bastante explícita: "Nuestros batidos son los más grasientos del mundo" "Un sabor por el que vale la pena morir"... en fin...algo así sólo se puede ver aquí.




Es ya muy tarde, casi las 12 y mañana tenemos el vuelo muy temprano para volver a casa. Hay que devolver el coche (antes blanco, ahora rojo
Nos llevamos muchas cosas de este país, no todas materiales, pero algunas otras se quedaron allí: Unas deportivas rotas, ropa interior vieja, una gorra....
Este ha sido, de momento, el viaje de nuestra vida. El silencio sobrecogedor del desierto y la inmensidad de los paisajes nos ha cautivado. También nos gustó San Francisco y Las Vegas, pero no tiene punto de comparación.
THE END