A las 6 de la mañana, después de dormir estupendamente, Hassan daba palmas de jaima en jaima para poner en pie a todo el mundo. Poco después saldría el sol y nadie quería perderse el espectáculo. Un poco de agua en la cara y comenzamos la ascensión por la duna hasta el punto más alto, algo más de 250 metros. Desde arriba se disfruta de un precioso espectáculo mientras el sol se asoma poco a poco por detrás de las montañas que tenemos al fondo. Las dunas se prolongan más y más y una vez arriba no apetece bajar sino seguir por las crestas pasando de una a otra, pero Hassan nos espera para regresar así que una carrera duna abajo, da la sensación de calzar las botas de 7 leguas, y en unos segundos estamos en la jaima. Desde allí vemos a un japonés que se desliza sobre unos esquís por la arena..
Después de desayunar, iniciamos el camino de regreso. Hassan es un simpatiquísimo y muy amable chico que se esfuerza por charlar con nosotros a pesar de que, además de árabe y bereber, apenas habla unas palabras de español y un poco de francés. Caminar descalzo por la arena es una delicia..
En el albergue nos facilitan una habitación para ducharnos, pues en las jaimas no hay ningún tipo de servicio, y al rato iniciamos de nuevo camino en nuestro todo terreno. En primer lugar nos dirigimos a Khamlia, el pueblo de los negros, así llamado porque sus habitantes son originarios de Mali y de piel negra. La mayoría se dedica a la agricultura, pero tienen gran afición por la música. Tocan grandes tambores y cantan mientras bailan una danza en la que dan saltos y mueven todo el cuerpo excepto la cabeza, vestidos totalmente de blanco, Algunos actúan en algunas casas habilitadas para tal fin cuando llega algún grupo de turistas. Es curioso y resulta atractivo, aunque se antoja demasiado turístico. Dejamos atrás el pueblecito de Merzouga y después de Rissani, en dirección a Alnif, hacemos una parada para saludar a unos amigos Hassan y Mustafá. Forman parte de un grupo de guardas que protegen un pájaro de especial interés por encargo del gobierno de Arabia Saudí, para que grupos de saudís puedan venir a cazarlo en determinada época del año. Comemos en Alnif, un pintoresco pueblo donde todo gira en torno a los fósiles, del que ya hablamos más arriba. El restaurante, justo al lado de la tienda de Mohand Ihmadi tiene una agradable terraza, además de amplios comedores, uno de ellos de estilo árabe con cierto toque naif. El dueño del restaurante es un maestro y a petición nuestra se ofrece a acompañarnos al liceo del pueblo para que podamos visitarlo (somos profesores...). Allí nos recibe el director que nos acompaña a un aula en la que se imparte clase de Matemáticas en ese momento en un grupo de un nivel similar al 1º Bachillerato. El profesor nos permite compartir la clase por unos minutos con ellos e incluso tengo la oportunidad de resolver un ejercicio en la pizarra para los alumnos, participativos y con una actitud muy correcta en todo momento. Aunque el mobiliario de esta clase era bastante viejo y las paredes estaban un tanto desconchadas, en general el centro tenía buen aspecto. Nos llamó la atención que en muchos de los pueblos por los que pasamos los colegios y liceos tenían un aspecto muy bueno y aparentaban unas buenas instalaciones. En muchas ocasiones parecía ser el mejor edificio del pueblo. Después el director nos ofrece zumo y galletas en su despacho y allí mantenemos un cambio de impresiones sobre el estado de la educación en España y Marruecos. Él nos hace saber que uno de los principales problemas con que se enfrentan es el absentismo y el elevado número de abandonos que se producen cada curso, en especial, en las zonas turísticas, donde muchos niños abandonan las aulas para ofrecerse como guías a los turistas o vender cualquier tipo de objeto, Fue una bonita experiencia,
Poco después de Tazzarine, pasamos por una zona de cultivo de henna y nos paramos para observarla. Unos cuantos chiquillos, muy amables y simpáticos se acercaron a charlar un ratito con nosotros. También la dueña de la finca estaba por allí y nos permitió arrancar una planta que nos hemos traído con intención de plantarla una vez en casa.
En Tansikft enlazamos con la carretera de Ouarzazate a M´hamid y desde allí nos dirigimos a Zagora, ya siempre por el precioso valle del Draa. Son muchos kilómetros bordeando el río Draa al lado de miles y miles de palmeras y zonas de cultivo que forman una lengua verde que destaca entre los tonos marrones, rojizos y ocres de la tierra y las montañas de alrededor.
Llegamos, ya de noche a Zagora, que se veía muy animada en su cache principal, con muchas tiendas y mucha gente en la calle. Nos alojamos en el riad Lamane (120 € en M.P. 2 pax).
