Lo primero que hicimos fue ir a cambiar dinero. Llegamos muy pronto, pero ya había colas en la puerta del banco Metropolitano. Como quedaba media hora dimos un paseo por el barrio, viendo el día a día de la gente: niños llendo al colegio, la gente a trabajar, un ambulatorio médico, puestos callejeros de venta de comida... A la vuelta la cola había aumentado, así que esperamos pacientemente a que llegara nuestro turno.
Tras un buen desayuno a base de fruta tropical y un café con leche y tostadas, y de estar un rato hablando con Maritza y Manolo salimos rumbo a la Habana Vieja.

Fuimos caminando por las calles de Vedado, observando viejas casas coloniales, con sus patios enormes, pero que da pena el estado en que se encuentran, muchas de ellas apuntaladas. Y los coches, que te entran ganas de hacerte fotos con cada uno que ves, auténticas piezas de museo.

Caminando llegamos al Capitolio, que estaba cerrado por restauración, así que tras las pertinentes fotos lo rodeamos para ir al barrio chino. Muy curioso una especie de almacén-taller de reparación de trenes, que también parece un museo. Cerca está una fábrica museo de puros, que no visitamos.

Rápida vuelta por el barrio chino (que no tiene nada de especial) y nos dirigimos hacia la parte sur de la Habana Vieja, si bien antes paramos en la Plaza Vieja, en un sitio que terminaríamos frecuentando, la Factoría Plaza Vieja, donde elaboran una buena cerveza (clara, tostada o negra, 2 CUCs la jarra, 12 el tubo de unas 6 jarras) y suele haber música en directo.
Terminamos visitando el mercado de artesanía, de los mayores de la ciudad, donde predominan los cuadros pintados a mano.
De ahí fuimos a comer al Jardín de Oriente (C/ Amargura) en un patio, muy agradable, unas hamburguesas y algo más, muy muy barato y bastante bueno. Para beber, como no, Bucaneros.
Después subimos a la Cámara Oscura, desde donde se tienen unas vistas muy buenas de toda la ciudad. Nosotros habíamos estado ya en la de Cádiz y es exactamente igual. Lo malo es que se estaba nublando bastante, y el pase que hicieron sólo para nosotros 3, se veía ya bastante mal, pero sigue siendo curioso.

Cuando salimos empezó a jarrear, así que buscamos refugio en la propia plaza, en una cafetería que está justo enfrente de la Factoría, y tomamos un café (buenísimo, como todos los que degustamos en Cuba) mientras veíamos como los niños disfrutaban de la lluvia jugando en la plaza, metiéndose en la fuente,...
Cuando paró de llover, a la media hora o tres cuartos después, fuimos paseando hacia la plaza de la Catedral, si bien ésta ya estaba cerrada. Y como volvía a amenazar lluvia fuimos hacia la Bodeguita del Medio. Es una turistada, y el mojito no es ni mucho menos el mejor que se puede tomar, ni el más barato, pero pese a ser un sitio pequeño el ambiente que creó el grupo que estaba allí tocando fue muy bueno, y nos lo pasamos en grande.

Por último fuimos hasta la Plaza de Armas, donde los libreros ya estaban recogiendo sus puestos, así que decidimos volver a la casa caminando. De paso que íbamos, pasamos por el Floridita, le hice una foto a Hemingway y, tras visitar el servicio, volvimos tranquilamente caminando. Esa noche salimos a dar una vuelta rápida, y a descansar, que el día había sido intenso.