Podría haber titulado esta etapa “el día que vi pasar la vida ante mis ojos”… ahora explicaré por qué.
Llegaríamos a Irkutsk a las 8 de la tarde, hora local, y teníamos que coger un autobús hacia Litsvyanka. La estación de autobuses está justo en el lado opuesto de la ciudad y no sabíamos si nos daría tiempo a llegar; así que decidimos que cogeríamos un taxi desde la estación de tren hasta la de autobús, para tardar lo menos posible, y si se había ido el último autobús, pues cogeríamos un taxi hacia Litsvyanka.
El tren, como siempre, llegó puntual. A la salida de la estación había un bullicio tremendo de gente y coches en una gran explanada tipo parking pero llena de baches y agua porque había estado lloviendo. Los taxistas piratas se nos acercaban y nosotros preguntamos precio para ir a la estación de autobuses: /aftabaksál/ (de nuevo, pronuciación made in yo misma).
Al segundo que preguntamos, nos dijo lo mismo: 300 rublos; así que pensamos que era un precio establecido. Como tenía cartelito de taxi en el techo del coche, pensamos que sería legal, pero claro, luego no tenía taxímetro ni nada.
Cuando salimos del caos de coches de la estación, el chico paró y nos empezó a hablar en ruso; al cabo de un rato entendimos que nos preguntaba que después de la estación de autobuses, a dónde íbamos, y le dijimos que a Litsvyanka. Después de otra parrafada, entendimos que se ofrecía a llevarnos. Le preguntamos que cuánto y nos apuntó en una calculadora 1500. La cuestión es que sólo llevábamos encima 1000 rublos y algunas monedas, teníamos intención de cambiar o sacar de un cajero más tarde, así que no teníamos tanto.
Medio en español-inglés-gestos-ruso (podéis imaginaros lo surrealista de la conversación, donde nadie entendía a nadie); le dimos a entender que era muy caro y que no podíamos pagar tanto. Usando el librito de conversación le dijimos que “/niet diéngui/” (“no dinero”), que nos llevara a la estación de autobuses. Él seguía hablando. Nosotros pensamos que total, ya estábamos en el taxi, el tío nos llevaba y era más cómodo que andar buscando un bus que a lo mejor ya había salido. Le pusimos en la calculadora 1000 y al final aceptó (¿300 rublos por llevarnos a la otra punta de la ciudad y 1000 por llevarnos a 63kms? Nosotros tampoco lo entendimos
A mí estas cosas me dan siempre un poco de miedo; pero íbamos mirando el plano de la ciudad en la guía, y mi marido que se orienta muy bien, me dijo que íbamos en la dirección correcta. Luego salimos a una carretera y ya vimos carteles que indicaban “Litsvyanka”, así que me relajé un poco, aunque no me duró mucho.
La circulación por la ciudad no nos sorprendió mucho, después de haber visitado en otras ocasiones los Balcanes y Rumanía: saltarse semáforos, colarse por sitios imposibles entre otros coches, adelantar por la derecha, no respetar las prioridades… Lo “gracioso” y el borde del infarto vino después en la carretera.
El taxi era un cochecito pequeño y muy antiguo, tipo “yugo” yugoslavo o así, con poca potencia de motor. Una curiosidad es que el volante estaba a la derecha, a pesar de que en Rusia se circula por la derecha también; no sé por qué, porque en Mongolia pasaba lo mismo: muchos coches con el volante a la derecha. Suponíamos que eran coches japoneses importados.
Ya he comentado que había llovido y el firme estaba mojado, por lo cual es más peligroso. Bueno, nuestro conductor suicida cogió la carretera y esos 63 kms de distancia hasta Litsvyanka se me hicieron eternos y mi vida pasó ante mis ojos, como he comentado: adelantamientos en línea continua, en curvas, en las cuestas abajo aceleraba a tope porque si no, luego las cuestas arriba no las subía, y nos llegamos a poner a más de 120 por hora
Antes de bajarnos del coche, nos pidió el dinero. Le di el billete de 1000 rublos y parece que se quedó satisfecho. Con el corazón todavía acelerado, bajamos del taxi. ¡Menuda experiencia!
Litsvyanka es un pueblecito a orillas del lago; tiene una acera a lo largo de la carretera junto al lago, y las casas de madera se disponen en calles sin asfaltar perpendiculares a ésta. Nos costó encontrar la calle del hotel, porque no están bien indicados los nombres; nos ayudaron un poco los planos de las guías. Cuando por fin llegamos, el segundo infarto de la tarde: llamamos al telefonillo del número 24 que se supone que es donde está “Deviaty Val Inn”, el alojamiento que habíamos reservado a través de la web Baikal Nature. Nos contesta una mujer y yo le digo en inglés que tenemos una reserva. La voz contesta claramente: “Go Home!” Nos quedamos boquiabiertos. Volvemos a llamar al timbre y repetimos lo de la reserva y la misma voz: “Baikal Nature?” y yo “yes” y la voz: “Go Home!”
Tras dejar las cosas bajamos a dar una vuelta. El pueblo se compone de unos cuantos quioscos de información turística donde se contratan excursiones por el lago, algunas tiendecillas y restaurantes. Ingénuos, intentábamos buscar un cajero para sacar dinero, pero no había. Por suerte, en una de las tiendas se podía pagar con tarjeta así que compramos unas cervecitas, patatas y tabaco para montarnos nuestra particular y agradable velada en el porche de la habitación del hotel.