Se agotan las horas que voy a pasar en la Gran Manzana, y comienzo a experimentar cierta sensación de pérdida. A lo largo de estos días he pensado en varias ocasiones que podría vivir felizmente en esta ciudad durante una temporada. Por desgracia, eso ahora mismo es impensable... Así que aparto las quimeras de mi cabeza, y me lanzo a las calles.

Como sabéis, Nueva York es mucho más que Manhatan. En realidad la ciudad está formada por cinco distritos (Manhattan, Bronx, Queens, Brooklyn y Staten Island), aunque en un viaje de siete días resulta inviable recorrerlos todos, por supuesto. Pero yo no quiero marcharme sin dar un garbeo por el muy cinematográfico vecindario de Brooklyn. Además, recorrer a pie el puente es un “must” que no estoy dispuesto a perderme.

Comienzo mi periplo con un vistazo al skyline neoyorkino desde Brooklyn Bridge Park. No me canso de ver este panorama: colosal y al mismo tiempo con un punto de calidez, de romanticismo.
Según me han comentado, en Brooklyn las tiendas y los grandes almacenes son similares a los de Manhattan, pero mucho más baratos, así que me pongo a buscar la zona comercial.... ¡pero aquí sólo hay boulevares arbolados y calles residenciales! Claro, es que estoy en Brooklyn Heights. Una vecina del barrio (amabilísima, como todo el mundo al que abordé a lo largo del viaje) me indica que debía dirigirme a Montague Street. Cuando llego me parece una calle con mucho encanto, llena de comercios de barrio y tal. Pero yo busco grandes almacenes y gran concentración de tiendas.... Y finalmente alcanzo mi objetivo cuando descubro Fulton Street. Aquí hay de todo, incluido un enorme Macy’s en el que me compro varias docenas de calzoncillos (sí, es poco glamouroso, pero los calzoncillos “de marca” son especialmente baratos en NY; y aquí me puede mi carácter práctico).
Según me han comentado, en Brooklyn las tiendas y los grandes almacenes son similares a los de Manhattan, pero mucho más baratos, así que me pongo a buscar la zona comercial.... ¡pero aquí sólo hay boulevares arbolados y calles residenciales! Claro, es que estoy en Brooklyn Heights. Una vecina del barrio (amabilísima, como todo el mundo al que abordé a lo largo del viaje) me indica que debía dirigirme a Montague Street. Cuando llego me parece una calle con mucho encanto, llena de comercios de barrio y tal. Pero yo busco grandes almacenes y gran concentración de tiendas.... Y finalmente alcanzo mi objetivo cuando descubro Fulton Street. Aquí hay de todo, incluido un enorme Macy’s en el que me compro varias docenas de calzoncillos (sí, es poco glamouroso, pero los calzoncillos “de marca” son especialmente baratos en NY; y aquí me puede mi carácter práctico).


Tras curiosear por las tiendas y tomarme un té helado de fruta de la pasión (¡me encanta!) en el Starbucks, sigo castigando mis pies en dirección al puente más famoso de la ciudad de los rascacielos.

Qué queréis que os diga: lo hemos visto tantas veces que parece que llevamos toda la vida caminando a la sombra de sus cables de acero. El Puente de Brooklyn hay que recorrerlo sí o sí; y conviene hacerlo en dirección Manhattan, porque las vistas son mucho más espectaculares. Para los menos deportistas, tranquilidad: hasta una abuelita con andador podría realizar este breve paseo, apto para todo tipo de condiciones físicas. El puente es tan mítico que sobran todos los comentarios.

Tengo la tarde por delante y aún me queda un ticket del CiyPass sin usar: el del Metropolitan Museum. Pienso que puedo echarle un vistacillo rápido, porque tampoco quiero pasarme allí dentro mi última (por ahora!) tarde en Nueva York. ¡Un vistacillo rápido! Qué iluso. Como si eso fuera posible.
El Metropolintan me deja con las patas colgando por muchas razones: la primera, sus ENORMES dimensiones (es directamente inabarcable, habría que pasase un mes entero aquí para verlo todo con cierto detalle); la segunda, por la enorme variedad de sus fondos (es que tienen de todo... ¡pero de todo!: desde escultura china a Arte Contemporáneo); la tercera, porque de todo tienen mucho, muy bueno y muy variado. Además, han encontrado la forma de hacer atractiva la exhibición incorporando a la propia estructura del museo estancias o habitaciones directamente “importadas” (ejem) de los más dispares puntos de la geografía mundial. Puedes ver un templo egipcio enterito; una mastaba; el salón de un palacio Bizantino... o el patio de armas del andaluz castillo de Vélez- Blanco. Sí, así tal como suena: se lo llevaron de aquí y lo montaron allí, piedra por piedra. También me sorprende ver la reja de la Catedral de Valladolid. Y en cuanto al arte medieval, hay que decir que el museo tiene una segunda sede, llamada “The Cloisters”, que está al norte de Manhattan.... y es, básicamente, una abadía francesa REAL llena de piezas de arte del medievo. Esto yo no lo vi, pero debe ser precioso.
El Metropolintan me deja con las patas colgando por muchas razones: la primera, sus ENORMES dimensiones (es directamente inabarcable, habría que pasase un mes entero aquí para verlo todo con cierto detalle); la segunda, por la enorme variedad de sus fondos (es que tienen de todo... ¡pero de todo!: desde escultura china a Arte Contemporáneo); la tercera, porque de todo tienen mucho, muy bueno y muy variado. Además, han encontrado la forma de hacer atractiva la exhibición incorporando a la propia estructura del museo estancias o habitaciones directamente “importadas” (ejem) de los más dispares puntos de la geografía mundial. Puedes ver un templo egipcio enterito; una mastaba; el salón de un palacio Bizantino... o el patio de armas del andaluz castillo de Vélez- Blanco. Sí, así tal como suena: se lo llevaron de aquí y lo montaron allí, piedra por piedra. También me sorprende ver la reja de la Catedral de Valladolid. Y en cuanto al arte medieval, hay que decir que el museo tiene una segunda sede, llamada “The Cloisters”, que está al norte de Manhattan.... y es, básicamente, una abadía francesa REAL llena de piezas de arte del medievo. Esto yo no lo vi, pero debe ser precioso.



Pues nada, tenía que pasar: el “vistacillo” se ha convertido en varias horas de pateo por las incontables salas de este centro mundial del arte. Mis piernas necesitan un descanso, así que me voy al hotel
Tarde/noche de despedidas. Decido no sacar la cámara y deambular sin rumbo por algunos de mis barrios preferidos de la ciudad: West y Greenwich Village (no sé bien dónde empieza uno y termina el otro); Noho, Nolita, Hells Kitchen. Comienzo a ser consciente de que esto se acaba, me tengo que ir. Y no quiero.
Tarde/noche de despedidas. Decido no sacar la cámara y deambular sin rumbo por algunos de mis barrios preferidos de la ciudad: West y Greenwich Village (no sé bien dónde empieza uno y termina el otro); Noho, Nolita, Hells Kitchen. Comienzo a ser consciente de que esto se acaba, me tengo que ir. Y no quiero.