El recorrido que hicimos fue el siguiente:
Día 1: llegada a Gijón por la noche (los enlaces no permitían otra forma).
2. Ver Gijón.
3. Salir de Gijón por la mañana dirección Oviedo, visitar la ciudad y a por la tarde salir hacia Cangas de Onís.
4. Ver Cangas de Onís, subir a Covadonga y a Lagos y por la tarde seguir a Potes.
5. Fuente Dé, Llanes y Ribadesella.
6. Mirador del Fito, Lastres, Colunga, Cabo de Peñas y Avilés.
7. Salida del aeropuerto a las 7.30 de la mañana...
La primera sorpresa al llegar a Asturias fue que el autobús que nos debería haber llevado hasta Gijón y que suele esperar por el vuelo de Madrid antes de salir... no lo hizo. Se marchó a las 21.20 horas y cuando salimos en busca de él ya no estaba. Hicimos por esperar pero un chico que andaba por allí nos contó que a él le había ocurrido lo mismo la semana anterior y que la única solución que había a esa hora era coger un taxi. "Afortunadamente" éramos cuatro por lo que nos salió más barato... En apenas 35 minutos estábamos en la puerta del "Hotel Hernán Cortés" que elegimos por las buenas críticas que tenía. Y se cumplieron las expectativas. Está situado al comienzo de las principales calles comerciales de Gijón y en la zona centro, a mitad de camino para llegar a la zona de la Marina y por el otro lado de la Playa de San Lorenzo. Es un hotel antiguo, pero con todas las comodidades de uno moderno. El trato del personal fue exquisito aunque íbamos con el miedo del "especial" tipo de desayuno: te ofrecían 3 en función del precio (Express, Continental y Buffet) de menor a mayor.
Esa misma noche, aprovechando el adelanto horario que supuso el viaje en taxi, fuimos a cenar a "Los Pecaditos", una franquicia de montaditos a 1 euro y copa de vino o refresco también a ese precio. Probamos 3 cada uno y aunque no fue una cena-cena sí que por lo menos matamos el gusanillo. Aprovechamos para ver la calle Corrida de noche y la zona de la Plaza Mayor, donde paramos en una sidrería para beber una botellita... Para el que no lo sepa (yo no lo sabía) la sidra que solemos beber no es igual a la que se te ofrece en Asturias, así que la segunda sorpresa (después de la del autobús) fue ésta. Es más ligera (no tiene gas) y menos dulce, ya que no se le añade nada. Es la fermentación del zumo de manzana puro y duro. Es por eso que la "tiran" desde arriba para que al llegar al vaso coja "cuerpo". Hay que tener en cuenta también que solo se sirve en el vaso el "culín", que debe tomarse de seguido y sin pausa, "como si fuera agua", nos llegaron a decir. Y ya si se quiere hacer de la manera correcta, hay que dejar un poco en el fondo y lanzarlo "a la tierra" (yo prefería beberlo todo).
Después de un paseo nocturno de vuelta al hotel tocó descansar. Por cierto, en el hotel nos dieron una 9ª planta que de noche al llegar nos dio vértigo pero que por la mañana nos ofrecía unas vistas más que buenas de la zona centro de Gijón.
La mañana del segundo día aprovechamos para callejear, previo desayuno. Elegimos el formato Continental, con café (posibilidad de repetir), zumo, sandwich o tostadas y pieza de bollería. La verdad es que con eso fue más que suficiente y contábamos con poder "picar" algo antes del almuerzo. Además, pese a que anunciaban que costaba 5.50 nos lo dejaron en 5.00… Mejor.
Empezamos por la zona antigua, pasando por la Plaza Mayor, el Museo de Jovellanos (entrada gratuita) y subimos a Cimadevilla para ver las vistas de Gijón. Bajamos por el Club de Regatas para ir a la Playa de San Lorenzo. Antes paramos en la Iglesia de San Lorenzo y entramos en las Termas Romanas, visita que por lo menos a nosotros nos pareció interesante (2.50 euros). Almorzamos en un restaurante de menú de la Calle Instituto (de cuyo nombre no puedo acordarme). La pareja que venía con nosotros ya había estado hacía unos años y estaba bastante bien en relación calidad – precio. Por la tarde fuimos hacia la zona de compras (Corrida y Paseo de Begona), a los Jardines de Begoña y la del Náutico. La verdad es que es una ciudad para pasear tranquilamente, el ambiente es muy agradable y cada vez que preguntamos por algo el trato fue exquisito. Ya a la noche fuimos buscando algo de cenar por la zona de la Plaza de Italia y paramos en una pizzería en la calle Cervantes (La Toscana). Todo perfecto. Para ser un miércoles nos sorprendió la cantidad de gente que “callejeaba” por la noche, con las terrazas llenas y tomando sus cañitas y sus sidras.