Nos recoge Tumm, el hijo de la dueña de Siri House, Pat, puntualmente en el aeropuerto.
Muy educado, es el primer Tailandés con el que hacemos contacto. Yo estaba ligeramente sorprendido, después de tanta información recopilada antes del viaje... Los Thais son gente increíble.
30 minutos después y con un poco de tráfico llegamos a una preciosa ghesthouse llamada Siri House, con la cual ya llevaba algunos meses en contacto con la dueña para que nos reservase las habitaciones.
Es sencillamente preciosa. De madera, con un jardín amplio y una zona para sentarte a descansar, una mesa para comer, desayunar, o charlar.
La dueña, Pat, es un encanto. Se esforzaba por recordar nuestros nombres cada día, por ofrecernos lo mejor, recomendarnos sitios... También nos recomendó excursiones con las que imagino que se lleva comisión, pero al decirle que ya las tenía contratadas desde aquí, no me volvió a insistir más.
Las habitaciones cómodas, amplias, sin TV (para qué?), con ventilador y con agua caliente. WiFi gratuito por toda la casa.



Por 700 baths la noche. Sin duda hicimos amistad con ella, y con su nieta de 18 meses, que vivía con ella. Les cogimos mucho cariño y nos integramos en la familia y en la casa durante 4 inolvidables días.
Después de alojarnos, nos fuimos a cenar al Night Bazaar. Bonito sitio para pasear, acabamos volviendo 2 veces más. Venden de todo. Para mi, mejor que Patpong.
Imitaciones de camisetas del Barça, de mejor calidad que en Bangkok. Imitaciones de camisetas de marca, imitaciones de todo tipo. Artesanía de calidad, sitios para comer en la calle, masajes... Yo me arrepentí de contratar 15KG con AirAsia, si no me hubiera llevado las compras desde Chiang Mai.
Los precios, mucho más bajos que en Bangkok y, sobre todo, mucho más que en Phuket, donde todo es carísimo.
Qué mas esperar del primer día? Cansados como estábamos, cogimos un TukTuk y volvimos a Siri House a dormir.
Al día siguiente nos recogería Pau para llevarnos a Doi Inthanon.