Doi Suthep, Wat Phra Sighn y Wat Chedi Luang. Y alguna sorpresilla que dé tiempo, Pau.
Eso acordamos con nuestro guía. Y la sorpresilla fue lo mejor, sin duda.
Nos recoge a las 9 de la mañana y nos vamos al Doi Suthep. Se tarda un poco en llegar ya que está en lo alto de una montaña. Realmente es bonito y digno de ver. Llegas y ya te encuentras un montón de paraditas para asaltar a los turistas con comida o souvenirs. Unas interminables escaleras suben hacia arriba y a paso decidido las subimos hasta llegar arriba.
Rituales de templos: piernas cubiertas y a descalzarse. Las chicas se alquilan unos mantos y se cubren las piernas y todos nos quitamos los zapatos.
El templo por dentro está muy currado. La estupa principal reluce un montón con el color dorado que tiene y hay un montón de gente haciendo rituales budistas con palillos y flores de loto. Figuritas de buda por todos sitios, olor a incienso y campanillas sonando por todos lados. Un ambiente muy bonito. Muy recomendable.




Decidimos bajar para aprovechar la mañana y nos paramos en un templo muy curioso. Se llama Wat Palad y es un templo muy desconocido incluso para la gente local.
Está en pleno corazón de la montaña del Doi Suthep, y no habia nadie... Sólo monjes y una pareja de gente que lo encontró haciendo trekking.
Tiene unas vistas y una tranquilidad asombrosas.
Aquí tuvimos un encuentro con una serpiente. Estábamos fuera de un templo cuando uno de nosotros grito: Una serpiente!!!
Y todos a correr... hacia ella!
Cámaras en mano, acosamos al pobre y larguirucho animal hasta que se cansó y pasó a darnos un susto haciendo un amago de "ataque".

En ese momento tenía el zoom de mi réflex enfocado plenamente en su cabeza y al hacer ése movimiento, es como si la tuviese encima. Al estar semi-agachado, me caí de culo. Vaya risas! Todos nos asustamos un poquillo, pero juraría que era una pitón, por la forma de su cabeza y no son venenosas. Le preguntaré a Frank de la Jungla.
Más fotos y viendo algunos animales curiosos, un río que bajaba por la montaña y los bonitos jardines oscuros de la zona, nos decidimos a bajar a la ciudad a ver los templos.


Wat Phra Sighn, Wat Lok Molee y Wat Chedi Luang fueron las siguientes víctimas de nuestras cámaras (en orden).



Muy bonitos, todos. Muy bien hechos y muy bien cuidados. Llenos de detalles por todos lados.
En Wat Phra Sighn es donde más rato estuvimos, viendo un ritual de mini-monjes tragándose el sermón de ChiangDalai-Lama, que una vez terminado el ritual se puso a meditar y cualquiera le molesta, sabes? Pero la verdad es que da respeto y personalmente admiro mucho esta forma de ver y practicar una religión. Bromas a parte, creo que son gente digna de respetar, más que los señores con túnicas que tenemos por aquí y que dan misa cada domingo. Mucho más humildes y puros. Es una opinión.


Nos vamos a Siri House, dónde nuestra amiga y huésped Patt me había ofrecido a su hijo Tumm para que nos llevase al Tiger Kingdom. Vistos los precios que ofrecen y el precio que íbamos a pagarle al chaval, acepté. Salía muy a cuenta.
El Tiger Kingdom es una experiencia bonita y bastante recomendable, pero no deja de ser un zoo. Y muy caro. Supongo que es el momento que más gracia hace para enseñar fotos a la gente cuando vuelves, igual que las fotos que nos hicimos en Maya Bay. La gente alucina. Pobres chavales. En realidad la experiencia no es para tanto porque los tigres pasan de ti y tu no interactuas con ellos realmente, te pones al lado para hacerte la foto, los acaricias un poco, y ya. Quizás con los chiquitines sí que jugueteas un poco, porque son más activos.








De todas formas, lo recomiendo. Se sale.
Ducha y al Night Bazaar por enésima vez. Empieza a soplar aire y los tailandeses empiezan a cubrir su puestecitos. Va a llover, y lo tienen bastante claro. No sé porqué.
Total, que se pone a llover a saco. Nos refugiamos en un sitio donde nos hacen un masaje en los pies que te cagas y al salir, ya estaba todo seco.
Después de pensar en como echar unas risas, intentar tomarle el pelo a un TukTuquero para ver si podía llevarnos a Phuket, escuchar la mítica frase para nosotros de "Regatéale" (by Nasser) a una mujer que me ofrecía una ranita de madera por 20 baths (50 céntimos), nos vamos a cenar a la zona universitaria de nuevo. El bar-pub-restaurante-discoteca al que fuimos en esta ocasión se llama Monkey Bar, y a mi no me gustó nada. No tratan con turistas y nos tomaron por tontos, no entendían que queríamos cenar y estuvimos 20 minutos esperando a que viniesen a tomarnos nota. La música sonaba a tope porque nos pusieron al lado del escenario, y el tío que cantaba entró en mi lista de posibles candidatos al vodoo del año.
Pero al salir nos tomamos un batidazo de frutas que lo arregló todo. Última noche en Chiang Mai...