A las 9 de la mañana terminamos de desayunar y vamos hacia el Palacio Vecchio. Cruzando el patio de entrada, al fondo a la derecha está el lugar donde venden las entradas. Entregamos nuestra Firenze Card y nos da el comprobante correspondiente para entrar en el Palacio. Cuando entras, antes de llegar a la venta de entradas, hay dos escaleras: la de la derecha sube al Palacio, la de la izquierda a la torre. Nos informa que para subir a la torre tendremos que entregar otra vez la tarjeta a la persona que está en las escaleras de acceso a la torre y ahí nos darán los comprobantes para acceder ahí.
Empezamos a visitar el Palacio. Aquí sí que nos dejaron hacer fotos sin flash y grabar en vídeo. Con lo primero que nos encontramos es con el salón del Cinquecento, una impresionante sala con grandes cuadros y un techo con pinturas que representan la vida de Cosme I de Medici. También hay varias esculturas, destacando “El genio de la Victoria” de Miguel Ángel. Después vamos pasando de una estancia a otra, todas ellas ricamente decoradas, tanto sus paredes como sus techos.
Accedemos a la segunda planta por una bonita escalera, y una vez pasadas unas cuantas estancias más tendremos las mejores vistas del gran salón del Cinquecento desde un balcón.
Terminamos el recorrido en la Sala de los Mapas. Un gran globo terráqueo está en el centro de la sala y las paredes están llenas de mapas de todo el mundo tal como se conocía en el siglo XVI.
Ya son las 10:30, terminamos de visitar el Palacio y nos vamos hacia la torre. Una vez entregado el ticket de entrada nos ponemos a subir los 223 escalones que tiene la torre. Casi llegando al final nos paramos en un gran mirador de 360º dentro de la torre. Las vistas desde aquí ya son espectaculares.
Unas escaleras más y estamos arriba del todo, en el exterior de la torre. Poco rato estamos ahí, ya que empieza a llover y nos metemos de nuevo dentro de la torre. Detrás nuestro se cierre el acceso, ya que en caso de lluvia no se puede subir. Bajamos de nuevo hasta el mirador y echamos unas cuantas fotos más.
A las 11h decidimos encaminarnos hacia nuestro próximo destino: el Palacio Pitti. Cruzamos el Puente Vecchio y en un momento ya estamos en el Palacio.
El acceso al Palacio se encuentra en una gran explanada. Al final de esta explanada se encuentra la venta de entradas, pero al llevar la Firenze Card nos dicen que podemos ir directamente al Palacio y ahí nos darán las entradas. El comprobante que nos entregan va junto con una tarjeta donde sale todo lo que podemos visitar. Según vayamos entrando en los sitios, nos irán tachando el lugar de la tarjeta.
Aquí podemos visitar: la Galería Palatina, la Galería de Arte Moderna, los Jardines Boboli, el Museo del Argenti, la Galería del Costume y el Museo de la Porcelana.
Comenzamos por la Galería Palatina, un museo dedicado a la pintura y que se encuentra en la primera planta del ala izquierda del palacio. En el ala sur del primer piso encontramos los Apartamentos Reales y su decoración es impresionante. En el segundo piso está la Galería de Arte Moderna, que conserva una gran colección de pinturas y esculturas, prácticamente todas obras italianas. Nada de fotos, nada de vídeo.
Hemos estado una hora y media recorriendo estas salas. Entramos al Museo de la Plata, que en 20 minutos lo tenemos visto (después de ver las anteriores estancias tan espectaculares, este museo no nos dice mucho).
La idea era visitar los Jardines Boboli, pero está lloviendo bastante, por lo que decidimos dejarlo para el día siguiente, a ver si tenemos más suerte con el tiempo.
Ahora iremos hacia la Plaza de Michelangelo, el mirador por excelencia de Florencia. Antes de empezar a subir las escaleras que llegan hasta la plaza, nos paramos a comer en una pequeña pizzería que está en la Via San Miniato llamada I’Pizzacchiere. Dos pizzas (muy buenas) y dos botellas de cerveza Moretti de 66 cc por 19 euros. Muy recomendable si vais por esa zona.
Con el estómago lleno seguimos esa misma calle y vamos a parar a las escaleras que suben a la Plaza Michelangelo.
Una vez en la plaza, sigue lloviendo bastante, pero las vistas de Florencia son espectaculares.
Después de estar un rato haciendo fotos y vídeo, subimos un poquito más a la Iglesia de San Miniato. Con su fachada de mármol, leí que es uno de los mejores ejemplos del románico en la Toscana. Cierran al mediodía, pero a las 15:30 vuelven a abrir. Son las 15:30 y sigue cerrada.
Un grupo de 10 o 12 personas está esperando también para entrar. Nos quedamos por los alrededores hasta las 16h, pero como siguen sin abrir pues nos vamos.
Cruzamos por el Puente de la Grace y vamos al Palacio Medici-Riccardi. Entregamos la tarjeta Firenze y para adentro. Este Palacio, como no, de los Medicis, fue construido por Michelozzo. Todas las estancias están ricamente decoradas, y destacaría la Capilla con su “Cabalgata de los Reyes Magos”.
Y algo que nos llamó la atención fue que en una de las salas había una exposición fotográfica de estrellas de cine. Fue curioso ver como se mezclaban esas fotos con los cuadros originales del Palacio colgados en las paredes.
Una vez visto el Palacio nos vamos a visitar la Galería de la Academia, con su imponente David de Miguel Ángel. Estuvimos tres cuartos de hora allí, y la mayor parte del tiempo admirando el David desde todas las perspectivas. Una de las salas de la Galería está repleta de esculturas, sobretodo de bustos de diferentes personajes.
Para cenar nos vamos a un self-service muy cerca de nuestro hotel. El Ristorante Self-Service Leonardo se encuentra en la Via Pecori, en la primera planta. La comida está bastante buena, y el jefe es muy simpático. Dos cervezas, un plato de macarrones, una lasaña, un plato de calabacín rebozado, dos albóndigas gigantes rebozadas, una ensalada y un trozo de pastel de chocolate por 26,60€
Nos pegamos un pequeño paseíto para rebajar la comida, y al hotel a descansar.
Una frase que repetí mucho este día, y que repetiría los siguientes fue: “Imagínate esto en agosto”. Claro, a cada sitio que íbamos, de colas para entrar cero (si ya de por sí con la famosa tarjetita Firenze Card ya te ahorras colas, pues en febrero…). Había muchos momentos que me encontraba sola por las salas, podías admirar con detalle todo lo que quisieras, y podías recrearte durante un buen rato admirando cualquier cosa sin que nadie más estuviera por ahí.