Nos despertamos y pasamos la mañana disfrutando de la playa del hotel, en la que me quedaría a vivir para siempre jamás ☺
Por la tarde nos esperaba la parte del viaje de la que más ganas teníamos sin duda, y que, puedo decir, que fue la experiencia más mágica de toda mi vida!
Maya Bay es una excursión obligatoria tanto si te quedas en PhiPhi como si estás en Phuket (hay excursiones para ir a pasar el día).
Maya Bay está en la isla Phi Phi Ley, que está protegida, y sólo puedes llegar en barcos de excursiones organizadas en unos horarios determinados a lo largo del día, por lo que está siempre llena de gente (si escogéis esta opción, lo mejor es que vayáis en el primer turno de barcos, sobre las 8 de la mañana, que aún no hay tanta gente).
Como esto nos daba un poco de pereza, buscamos como locos y al final encontramos una mini agencia local que es la única que organiza una excursión para dormir en la playa! Se llama mayabaycamping.com y la lleva un grupo de chicos que son los “guardianes de la isla”. Son los únicos habitantes de la misma, un grupo de unas 15 personas que viven allí, y de vez en cuando organizan pequeñas excursiones para pasar la noche en la playa con ellos.
Cuando llegamos al barco donde habíamos quedado con los chicos de la agencia, nos dicen que éramos los únicos que habíamos contratado la excursión! Ese día coincidía con la Full Moon Party en Ko Panghan y muchos de los mochileros que había en Phi Phi se habían ido par allá.
Así que nos comentaron que habían cambiado el itinerario y que habíamos tenido mucha suerte porque nos iban a preparar un plan especial para nosotros!
De modo que allí nos subimos con los chicos en su long tail y llegamos a Maya Bay justo cuando todos los barcos de turistas se estaban yendo. La entrada a la bahía te deja sin palabras!
Hicimos snorkel con ellos en una pequeña calita de la isla y luego nos fuimos a disfrutar del atardecer en la bahía. Sobran las palabras! No nos podíamos creer la suerte que habíamos tenido y el momento tan especial que estábamos viviendo.
Cenamos todos juntos en la playa y estuvimos de charla hasta las tantas, cantando, aprendiendo tailandés y viéndoles hacer malabares con el fuego.
El cielo estaba despejado y de noche, tirados en la playa, ver el espectáculo de Maya Bay con todo el plancton brillando en el agua fue lo más maravilloso del mundo.
“Dormimos” en una especie de tarima de bambú al aire libre, con los chicos de la isla y no sé cuantos millones de murciélagos. Cómodo cómodo no era, pero tampoco necesitábamos más.
