El avión de American Airlines nos salía pronto del aeropuerto de Cancún, creo que a las 9 de la mañana, con lo cual vinieron a buscarnos al hotel tempranísimo. Tuvimos que madrugar mucho y desayunar lo poco que había puesto en la barra del bar del lobby del hotel.
Llegados al aeropuerto de Cancún acompañados de otra pareja de andaluces que estaban alojados en nuestro hotel y que casualmente iban también a alojarse en el Pod 39, pasamos todos los controles sin problemas y el avión nos sale puntualmente. Por volar a USA y no a España quedamos exentos de abonar la tasa de salida de Cancún que todos españoles debemos pagar en el aeropuerto ( 25€ por persona). En el avión nos hacen rellenar un papel exactamente igual al que nos hicieron rellenar cuando íbamos para México. Creo que el vuelo marcaba como 3 o 4 horas a Nueva York y llegamos al JFK casi como una hora antes, perfecto :).
Nos queda pasar el terrible control de los aeropuertos americanos. Un hombre de color con cara de pocos amigos metido en una cabina nos hace una foto y nos toma las huellas dactilares de los 10 dedos, sí, he dicho bien, de los 10 dedos. Te mira el pasaporte y te lo cuña y a nosotros no nos preguntó nada (se supone que te pueden hacer preguntas del tipo de dónde vienes, a qué vas al país, en qué trabajas, etc.). Al tipo este, además del pasaporte tienes que darle el papel de aduana y nosotros le dimos el ESTA, pero pasó del mismo, se ve que tiene los datos metidos en el ordenador y ya les vale, aunque nunca está demás llevarlo con vosotros y entregarlo por si las moscas. Para aquellos que no lo sepan, el ESTA es un papel que puedes rellenar por internet de forma individual (uno por persona) y que cuesta unos 14$. El papel en sí vale para hacerte preguntas subnormales del tipo si llevas armas, tienes antecedentes, etc. Te dicen si te lo aprueban al instante o como mucho en dos días y es imprescindible para entrar en el país. Tiene validez de dos años y aún así, la última palabra de si entras o no en suelo yankee la tiene el funcionario de turno que te puede dar marcha atrás, esto último lo trae bien reflejado en el papel. Se puede rellenar en castellano, así que no hay problema para los que no dominen el inglés.
El tío de la huellas y la foto, en teoría te puede mandar apartarte a un cuarto a que deshagas la maleta que lleves contigo a la vez que te hacen preguntas si te ve sospechoso, a nosotros no nos pasó, pero hay experiencias en este foro que lo relatan.
De ahí ya pasas a por las maletas y para la calle. El tema de las maletas es el siguiente. Como la lleves cerrada con candado te lo pueden reventar para abrírtela. Luego de jodértela te deja un papelito dentro diciendo que te la han abierto por seguridad, menuda gracia. A nosotros no nos las abrieron y eso que las llevábamos sin candado y sin precintar, es decir, a pelo tal cual, pero por lo visto abren 4 de cada 10, así que las posibilidades de que te toque son muy altas.
Ya a la salida del aeropuerto nos estaba esperando el chico de Travelplan para llevarnos en su monovolumen al hotel mientras nos explicaba cosas a tener en cuenta de la ciudad y alguna excursión, todo muy por encima, la verdad.
Llegados al hotel sobre las 15h o algo más, hacemos el check-in con una recepcionista muy maja española y para la habitación. A partir de ahí, ya no volvimos a ver a la pareja andaluza aunque había más españoles alojados en el hotel y trabajando en él. El hotel era grande, con 17 plantas y al no tener desayuno supongo que eso hizo que no coincidiéramos más con la otra pareja, así que no sabemos que tal les fue.
El Pod 39, como su número indica, está en la calle 39 que a su vez une las avenidas 3ª y 4ª, que en realidad no se llama 4ª, sino Lexington Avenue. Está muy cerca del edificio Chrysler y de la estación Grand Central, no más de 5 minutos de ambas y a menos de 10 minutos de Times Square. Las habitaciones son muy pequeñas pero tienen todo lo necesario: ducha con champús y demás repuestos todos los días, caja fuerte, tv pantalla plana, aire acondicionado y calefacción y Wifi gratuito a gran velocidad. Además, cuenta con un bareto terraza en la planta 17 con vistas a los grandes rascacielos de Manhattan que dan un toque la bar muy de serie de tv americana, todo un acierto sin duda y con un ambiente brutal en el que no sólo encontrabas gente del hotel, sino que había muchísima gente de la calle que se reunía allí después de trabajar, rollete local de moda en Manhattan. Por todo ello, a pesar de lo reducidas que son las habitaciones, lo recomendamos 100%, tanto su situación estratégica como por su extremada limpieza.

Después de instalarnos en la habitación nos dispusimos a salir a comer sobre las cuatro de la tarde, había ya mucha hambre. Cómo nuestra primera visita iba ser al edificio de la ONU según nuestro planning, nos dispusimos a bajar en dirección a la tercera avenida y encontramos un restaurante McDonalds en el que poder comer antes de empezar la caminata de la tarde.

Tras comer guiamos nuestros pasos hacia el edificio de la ONU el cual sólo visitamos por su exterior y la verdad no se pierde mucho. Por dentro no se que tal será ni si se puede visitar. Supongo que habrá visitas aunque sea de forma concertada o en determinadas épocas del año.

La siguiente parada subir por Lexington, ver el Chrysler e ir hacia Grand Central para sacarnos la Metrocard ilimitada para toda la semana. Esto nos serviría para explorar ligeramente Lexington y ver que garitos teníamos allí para desayunar todos los días antes de comenzar las caminatas. Como ya dije en la primera etapa, es muy importante llevarlo todo planeado al milímetro si se quiere aprovechar bien el tiempo y no marearse por la ciudad.

Un consejo que puede venir bien para moverse por Manhattan es que casi toda la isla es un cuadrícula en las que las calles van en horizontal y sumando de sur a norte y las avenidas van en vertical sumando de este a oeste. Es muy difícil perderse porque además hay en cada cruce el nombre de la calle y la avenida correspondiente en las míticas señales que ponen los americanos donde los semáforos.

Retomando la narración, visitamos Grand Central por dentro que es una pasada y nos dispusimos a sacar las metrocard en taquilla pero ya estaba cerrado y tuvimos que hacerlo en la máquina que puedes poner en español. 31$ cada una y ya tienes para montar todas las veces que quieras en metro y bus durante una semana. Recordad, cada viaje en metro vale 2,5$, así que a poco que viajéis en este transporte sale a cuanta sacarla.


Siguiente parada, volver a las 3ª avenida y subir por ella hasta la famosa hamburguesería P. J. Clarks, en la 3ª con la cincuenta y algo, donde teníamos pensado cenar y acabamos cenando pese a la cola de gente que había. A pesar de ello, nos decidimos a entrar y preguntar y bingo!, conseguimos mesa para dos al instante y nos comimos una par de hamburguesas potentes, eso sí, al precio de 47$ con la propina incluida que ya te metían en el precio final así que no puedes escaquearte de dejarla. Para pedir las hamburguesas sufrimos un poco y la señora mayor que nos atendió tuvo mucha paciencia con nosotros cuando llegamos a la parte de como queríamos la hamburguesa de cocinada, no nos acababamos de entender, jeje. Que sepáis que, al igual de aquí, hay tres niveles de cocinado: poco hecho (rare), medio hecho (medium cook) y bien hecho (well done).


Para acabar el día, bajamos hasta el hotel por Lexington para ver el Chrysler de noche que debíamos descansar tras llevar despiertos desde las 5 de la mañana.












