Por fin, tras casi dos días podemos decir que ha empezado nuestro viaje. Varias razones nos llevaron a elegir Perú como destino, la primera es el Machu Pichu, que será la quinta maravilla en pasar por mi retina, tercera en el caso de Adrián pero no le importa mucho esta cuestión. Otro incentivo era la buena sensación que nos quedó del viaje a México y la ventaja de compartir idioma. Pero la definitiva fue el poder disfrutar de selva en estado puro, imagen que te viene al escuchar Amazonas y pasar en menos de 24 horas a estar en el desierto. Puerto Maldonado es otro lugar frecuentado por turistas con ofertas similares, pero…no es el río amazonas. Así formamos nuestro particular triángulo obtuso.
Las dos riveras del río están por cada lado a una distancia que dudo si podría hacer a nado y nos desviamos por sus bifurcaciones sin casi percibirlo, con la selva formando un precioso skyline natural. Ya mas cerca de la orilla se puede ver que no esta donde parece, zonas de marismas y pequeñas islas se sitúan ante ella, unidas por puentes o simples caminos de madera elevados, haciendo los desembarcos parecerse a una pantalla del Mario Bros. Pronto aparece nuestra pantalla porque la lancha reduce potencia y apunta a un desembarcadero con uno de esos puentes que tiene pinta de ser el truco para no ser necesario continúe.
A causa del retraso acumulado por el avión y la sesión musical del aeropuerto vamos con retraso y nuestro grupo ya ha empezado la visita de la tarde, a la que nos unimos nada mas pasar el puente y pisar tierra. En la primera mirada a ella ya vemos que la naturaleza ocupa cada rincón y debemos tener cuidado de no meternos en la autopista por donde trozos de hoja circulan a ritmo constante sobre hormigas rojas, parece que lleven su propio abanico. César, nuestro guía nos espera al principio del complejo donde empezamos a ver monos por todos lados, dos de ellos llegan a saludarnos antes que él.
Antes de adentrarnos mas, antimosquitos por todo el cuerpo, a los mosquitos no los veremos con la misma facilidad que las hormigas con abanico pero seguro que están por aquí.
César es autóctono del lugar, nos comenta que lleva mas de 25 años como guía del amazonas Iquiteño y se va a esforzar por hacer inolvidable la visita, frase que casi no llego a oir entera porque un mono se ha subido a mi cabeza con una facilidad asombrosa. Imposible bajarlo, se equilibra en mi occipital con destreza y no duda en usar las orejas como soporte. Con el rabillo del ojo veo a mi espalda otro monito bien erecto observando la funda de la cámara de fotos. Peligro, son una banda organizada!! César lanza una onomatopeya autóctona a la que el potencial ladrón responde como si fuera una orden militar, mientras pone en mi mano algo fresco. Mi incómodo nuevo amigo se desliza por mi hombro pero se asegura la estabilidad abrazándome el cuello con la cola. El otro desobedece la orden recibida y trepa por la cámara al otro brazo, el botín ha aparecido inesperadamente y ya no hace falta seguir compinchados, ahora el mas listo se lo lleva.
Que situación mas agobiante y a la vez mas divertida. Cuatro manos y algún pie me impiden que mantenga la mano cerrada mas de lo que hubiera querido. Hasta ahí duró mi compañía, creo que han arañado un trozo cada uno pero la siguiente ración la tiene Adrián. Que sufra ahora los abrazos.
César nos dice que va a empezar un pequeño show en el teatro, que vayamos para allí y nos presentará al grupo, hay dos chicas españolas. La estructura de madera en la que estamos ya sentados me recuerda un poco a Xcaret, una caseta en medio y todos los visitantes en la bancada semicircular.
En efecto el show es pequeño, nos presentan un par de especies de monos y varios loros, con horas de amaestramiento y práctica a sus espaldas. De forma estudiada suceden a los animales las plantas, cada una con propiedades especificas, ancestrales e ideales para nuestra estancia en el lugar. Vale, ya lo hemos pillado, con una mirada entre nosotros sobra para levantar el trasero de la madera.
“César, no vamos a comprar plantas ni flores, nos vamos a dar una vuelta por donde antes” No son necesarios los rodeos no vamos a perder tiempo con teletienda en vivo. Con resignación nuestro guía asiente y nos dice que no nos vayamos lejos y tengamos cuidado con las arañas peludas y las ramas que se mueven o necesitaremos mas de una planta del mostrador disfrazado de show turístico.
Al estar toda la gente con Vicente el amazónico zoológico es todo para nosotros. vida y colores por todos sitios, hasta algunos que camuflan a los depredadores mas silenciosos. “Ojito con esa serpiente” me señala mi compi. Ahora entiendo las ramas que se mueven, no era farol.
Encorremos a un tucán para quitarle su merienda y nos topamos con una tortuga que probablemente nos podría contar lo que pasó realmente cuando Raúl de Orellana decidió ponerle ese nombre al río en honor a las mujeres guerreras que le atacaron cual episodio mitológico griego. Todo en ella es rarísimo, el caparazón es un relieve montañoso curiosamente simétrico, el cuello largo con apéndices que cuelgan de los lados y protuberancias a modo de pinchos elevan la piel de la parte de arriba. No se sabe dónde termina el cuello y empieza la cabeza pero sus orejas le dan forma de martillo y una ambigua sonrisa nos evita mirar de frente cuando por fin parpadeamos.
No la podemos levantar y tampoco parece que le haga especial ilusión al pobre animal que sigue su paso lento hacia… el futuro. Mas ramas que se mueven pero esta vez encima nuestro. Un mono que salta de una a otra con la misma soltura que lo haría un canguro sobre tierra firma. Pero juega con ventaja, ¿tiene tres brazos? Después del encuentro con la tortuga extraterrestre todo puede ser. No, es la cola, quinta extremidad cumple su función igual o mejor que las otras cuatro.
La gente ya sale de la botica amazónica con selváticos remedios y César acompañado por varias personas del grupo.
“Hemos visto ramas moverse – le informo sonriente – pero ninguna araña peluda de momento”
“aah, pero eso es porque se esconden, ahora se las muestro”
No estoy muy seguro de haber creado una situación que me vaya a gustar mucho pero no hay vuelta atrás. Se dirige hacia una Ceiba varias veces centenaria y con un palo empieza a rebuscar entre las ramas del árbol, que lo apuntalan como una antena natural. Y efectivamente, todo tipo de arañas salen espantadas del lugar hacia todos los lugares, montones. El pie de César corta el paso a una de ellas, pero lo confunde con la base de otra pequeña Ceiba. Desde el metro de distancia que estoy le veo los ojos y los pelos de sus patas que nuestro guía acerca hacia nosotros. Adrián brinca pero yo me quedo paralizado, mirándola. “¿gustan? No pica, ni muerde es inofensiva” Mi inactividad es tomada como afirmación y de todos modos la pregunta era retórica porque ya la tengo en mi brazo. estoy parálizado DIOS MIO; y pensar que de niño me daban ataques de fobia cuando veía alguna en el cobertizo de la tienda de mis abuelos. Adrián inmortaliza semejante momentazo y los segundos pasan como minutos y la arañita se acerca peligrosamente a la zona de mi brazo que no voy a tolerar que pise con semejantes peludas patas. No es el único que tira fotos pero ya vale, suficiente para poder aportar pruebas a mi padre cuando se me ría en la cara nada mas se lo cuente. De hecho ni yo me lo creería si me lo hubieran dicho días antes…
Nos reagrupamos, César nos informa que tenemos que salir ya en busca de los delfines rosados si queremos tener posibilidad de verlos, esas horas son las mejores para conseguirlo. Parados en medio del río nos comenta que en esa parte viven varias familias de 5 o seis miembros pero son los padres los que mas salen a la superficie. En silencio absoluto empieza a hacer silbidos ayudado con las manos que nada tienen que ver con los que emiten los delfines, por lo menos los únicos con los que hemos estado en Riviera Maya. Sea como sea funcionan, los que van en la parte derecha de la barca llegan a verlos, solo los más rápidos. Silencio de nuevo y otra aparición, esta vez en pareja y por el mismo lado, que aparte de la nueva alegría de casi todos hace que la barca se tambalee bruscamente por los movimientos de los que estamos en el bando contrario. Una aparición lejana por el otro lado termina con el efímero avistamiento de delfines amazónicos.
“Llego el momento del baño” dice César, los que quieran bañarse deben ponerse salvavidas. La situación que no se había pasado por mi cabeza me pilla fuera de juego. El bañador esta en la mochila que ha salido rumbo al Lodge en la barca que nos había dejado en la isla con los animales. Bien, tendrá que ser en ropa interior pero...¿Cuál llevo? …
La actitud de César es firme a pesar de la negociación sobre las distancias a alejarse, como tiene que ser,él se lo pone también. Ya tengo trazado el plan y no hay tiempo que perder. Cojo con sigilo un salvavidas para mi y otro para Adrián. “tápame lo mas posible que me tengo que meter en calzoncillos. Con cara de póker hace lo posible, esta vez estar los últimos en la barca como le gusta a él ha sido la mejor ayuda que he tenido. Ya estoy en el agua y a los pocos segundos me separan ya de la barca 10 metros. Una gran sensación, que dejo de disfrutar al momento,cuando me doy cuenta que la salida va a ser peor aún que la entrada, sin toalla y con el calzoncillo mojado, lo que va a mojar todo el pantalón si me lo pongo encima alegremente. que estress
Me separo del grupo y me voy al otro lado de la barca donde Adrián sigue haciéndome fotos sin saber el problemón que tengo encima. Sólo hay una forma de hacerlo y así se lo cuento, una jugada todavía mas difícil que la anterior.
Disfruto del momento único, dejándome llevar por el río que muestra su fuerza de arrastre en cuanto dejas de moverte. Pero ya vale, tengo que subir antes de que empiece a hacerlo todo el mundo. Doy la vuelta a la barca para situarme en el lado contrario a donde están todos y subo con decisión y gran sigilo, dispuesto a hacer el cambiazo lo mas rápido posible y por un momento me quedo en la barca, sentado y completamente mojado como vine a este mundo. Ya esta, he pasado vergüenza si, alguien posiblemente se habrá dado cuenta, probablemente, pero me he bañado en el río Amazonas, en calzoncillos y con un nudo doble ahí abajo para evitar intrusos microscópicos por la uretra.
Mi fiel slip, empapado ha vivido su última aventura. No imagino un lugar mas adecuado descansar para siempre que allí. En el río mas largo del mundo “adiós amigo”










