La barca pone rumbo al Lodge, ya atardece y los colores rojizos del cielo que se reflejan en el río hacen la estampa preciosa . Nuestras mochilas están en nuestra habitación y César nos lleva a ella nada mas entrar. A la izquierda del enorme comedor recorremos completamente el pasillo de maderas elevadas del suelo hasta la última caseta. Qué grande, parece una suite, no nos esperábamos algo así, baño enorme, cama enorme... esto no cuadra.
- bueno, ahora merendaremos antes en el comedor, dice César ya marchándose.
- espera César, que nosotros no.. que.. que nosotros somos amigos que no.. vamos, que queremos camas separadas, no dormimos juntos ni nada de eso..
El pobre, se hubiera metido bajo tierra si hubiera podido.
“vaya, lo siento, habrá sido un error ..yo no me encargo de esto. Muchos europeos nos piden esto y.. no os preocupéis ahora os reubicamos mientras merendáis, no os preocupéis” Nos pasa en cada viaje una situación parecida, siempre se queda como anécdota pero en el momento se crea una tensión muy incómoda y Adrián lo encaja siempre bastante mal, como una ofensa a su masculinidad.
La merienda es un tipo de panecillo recién hecho y frutas de todo tipo que no sientan de lujo. Con la tripa llena ya hasta comentamos la situación mas relajadamente. Vemos pasar nuestras mochilas transportadas por los chicos del Lodge y al momento César nos invita a ver nuestra nueva habitación, mas pequeña y en el lado izquierdo del complejo, con mas cabañas. “lo siento chicos.. lo siento. Ahora saldremos en barcas para oir los sonidos de la noche, en media hora nos vemos en el comedor, cójanse chaqueta o chubasquero y linterna. Os dejaremos botas para el resto de la estancia”
Lo justo para una ducha y conversar con nuestro grupo, donde predominan países sudamericanos. Nuestras compatriotas también están visitando el país por libre aunque tienen mas días que nosotros, llegarán al cañón de Colca y el lago Titicaca.
Puntuales salimos a la caminata. Los sonidos de vida de todo tipo nos acompañan y machete en mano nuestro guía hace camino, al final otro compañero suyo controla la fila. Nosotros cómo no, al final. A la entrada de un puente de madera lanza un silbido y se desvía. César retrocede y nos pide que apaguemos las linternas.” Silencio, hay cocodrilos cerca ¿?
“Bien, lo cogí” grita el chico. Nos trae un pequeño cocodrilo sujetado por el morro y el principio de la cola, que nos vamos pasando para hacernos una foto con él. Después se vuelve con él a donde lo cogió. Sorprendente… parece hasta preparado.
Pasamos a las barcas, navegamos en la oscuridad y bajo las estrellas, con la banda sonora del lugar y algún chapoteo que se oye de vez en cuando cerca de nosotros. Me siento muy muy insignificante, no se si sobreviviría por ahí perdido mas de dos días..
En la habitación los sonidos de la noche se oían igual de bien que en la caminata nocturna, pero dormimos fenomenal, cada uno en nuestra cama. No nos despierta un gallo sino un sonido de pájaro autóctono que ponen por la megafonía. Por si acaso alguien no lo oye poco después suenan el gran tambor y un curioso sonido de tronco con los que ayer nos amenizaron la cena unos chicos del Lodge.



