Nuestro viaje iba llegando a su fin, y como ya veníamos un poco cansados de todo lo que habíamos recorrido, decidimos tomarnos estos dos días más relajadamente y disfrutar de la vida parisina. Cabe decir que yo ya había estado previamente en París por lo que nos saltamos algunas visitas imprescindibles como el Palacio de Versalles o el museo del Louvre.
Nos levantamos en nuestro apartamento, del que por cierto todavía no os he hablado con tanto estrés
Nuestro primer día en París empezaba por uno de los sitios más emblemáticos: Notre-Dame. La catedral es una obra maestra de la arquitectura gótica francesa, y bien merece un buen rato de visita su interior, porque mires dónde mires encuentras algo que te maravilla. Es de especial mención las coloridas vidieras y las famosas gárgolas que vigilan desde lo alto la catedral.


Tras salir de Notre-Dame nos dirigimos a la oficina de turismo con la intención de comprar el pase de dos días para visitar museos. Sin embargo, al llegar allí nos informaron que al día siguiente era el European Heritage Day por lo que muchos de los museos abrían sus puertas gratuitamente. Qué suerte!!!
Estuvimos paseando por la Cité y nos acercamos al mercado de flores y pájaros de la plaza Louis-Lépine.

Cruzamos el río y fuimos paseando por la orilla del Sena hasta llegar a la Pasarelle des Arts. Este puente está lleno de candados que ponen los enamorados como símbolo de su amor. Una vez allí nos pareció una bonita idea, pero claro no teníamos candado (ahora entendíamos porque habíamos vistos tantos candados a la venta en las tiendas del borde del Sena


Seguimos caminando por el margen del río hasta llegar al museo del Louvre. Este museo es tan impresionante por su exterior, una fortaleza del s XII, como por su interior, con una gran colección de objetos, entre los que destaca la Mona Lisa o la Venus de Milo. Creo que este museo es para visitarlo detenidamente, y como sólo teníamos un par de días, y yo ya lo había visitado, decidimos verlo solo por fuera. Paseamos por la plaza y nos hicimos las típicas fotos con la pirámide de cristal y el Arc de Triomphe du Carrousel.


Continuamos nuestro paseo por el Jardin des Tuileries y nos dirigimos a la Opéra National de Paris Garnier. Este edificio, construido por Charles Garnier en 1875 para Napoleón, es impresionante y tiene que ser una maravilla ver aquí una obra.

Seguimos por el Bd des Capucines y llegamos a La Madeleine. Ésta tiene la estructura de un templo griego pero en su interior hay una impresionante iglesia católica. Llama mucho la atención el contraste con respecto a las iglesias habituales y la seriedad del templo. El altar tiene una figura de María Magdalena ascendiendo al cielo que es impresionante. Esta visita aunque nos gustó mucho, no la pudimos disfrutar bien porque había música de órgano súper alta y digo música, por no decir que un gato se estaba paseando por encima del teclado que era lo que parecía…



Ya se estaba haciendo un poco tarde, y decidimos irnos al apartamento a comer, y sobre todo, a echarnos una siestecita

Montmartre es principalmente conocida por ser el lugar de encuentro de muchos artistas. Al lado de la basílica se encuentra la Place du Tertre, una plaza llena de encanto y de artistas pintando y exponiendo sus obras. Estuvimos un rato observando cómo pintaban la mayoría son unos verdaderos artistas!! Luego seguimos paseando por las callecitas de Montmartre, disfrutando del ambiente, los bistros, las patisseries,…

Cogimos el metro y nos bajamos en el final de los Campos Elíseos para ver el Arco del Triunfo.

Una vez hechas las correspondientes fotos, bajamos paseando por la avenida de los Campos Elíseos. Esta avenida está llena de tiendas de marca, concesionarios de coches de lujo, … y sobre todo de gente!!! Andando, andando llegamos hasta el Grand Palais y el Petit Palais que, como ya estaba anocheciendo, estaban iluminados para la ocasión.


Ya estábamos un poco cansadillos pero al fondo se veía el pont de Alexandre III y Les Invalides con su espectacular cúpula dorada reflejando las luces del crepúsculo, así que no nos pudimos resistir y nos acercamos a admirar la magnífica estampa de París anocheciendo. La verdad es que es uno de los momentos más bonitos que tuvimos en la ciudad, las farolas antiguas del puente, el Sena, la Torre Eiffel, Les Invalides, los dos Palais, miraras dónde miraras había algo que te enamoraba, en este momento pudimos entender porque París se considera una de las ciudades más románticas del mundo.


Extasiados de tanta belleza, y algo exhaustos de tanto pateo, nos dirigimos paseando por la orilla del Sena hasta la plaza de la Concorde para coger el metro hasta nuestro barrio. Cuando nos bajamos nos encontramos con el ambiente de Montmartre por la noche y como no, del mítico Moulin Rouge.

A pesar de la tentación, decidimos ir para casa que había sido un día largo y aún quedaba París que ver mañana.