Este iba a ser uno de esos días de transición, de traslado. No teníamos excesiva prisa para el check-out así que nos lo tomamos con calma.
Tras el desayuno montamos en el minibús para trasladarnos al aeropuerto. Allí, tomamos el tren para el centro de alquiler de coches. El edificio está muy bien organizado, indicando que compañía está en casa piso. La nuestra era Dollar. Era una de las compañías que más cola tenía, junto con Thrifty. Las más internacionales, Hertz, Avis, estaban prácticamente vacías.
El coche ya lo teníamos prepagado, al haber hecho la reserva con rentalcars.com. Lo único que teníamos que pagar ahora era el tanque de combustible (así lo podríamos dejar vacío en el momento de la entrega) y el cargo por trayecto único. Decidimos coger también un servicio de asistencia en carretera 24 horas. Pero no el navegador, que ya lo llevaba de casa. El pago final 616 $. El coche nos ha salido en total por 1000 € por 24 días.
Terminamos con los trámites, nos recalcaron varias veces que dejáramos el depósito tan vacío como pudiéramos y nos indicaron dónde recoger el coche.
Bajamos al garaje y allí nos dieron a elegir entre varios. Todos estaban abiertos y con las llaves puestas. Nos decidimos por un Mitsubishi Galant, principalmente porque tenía control de crucero y eso, en trayectos largos, es una ventaja. Poder descansar el pie.
Tras unos comienzos titubeantes, hasta hacerme con los controles de un coche automático, (me faltaba un pedal je je o me sobraba una pierna) nos pusimos en marcha. Inicio del recorrido. Cuentamillas en 37.333 millas.
Nos dirigimos hacia Stone Mountain, a unas 20 millas de Atlanta. Hasta pasar la zona metropolitana de la capital había mucho tráfico. Y varias zonas de obras. Parece que Obama ha decidido sacar al país de la crisis a base de arreglar carreteras. No nos hemos encontrado ninguna carretera que no tuviera algún tramo en obras. Con sus señales de reducción de velocidad y aviso a los infractores de que las multas se doblan si hay trabajadores en la carretera. Pero no decían nada de los presos, que vimos en una ocasión. Con el típico traje a rayas.
Llegamos a Stone Mountain, pagamos a la entrada 10$ por un pase del día, aunque íbamos a estar poco tiempo. No teníamos muchas referencias del lugar, salvo que era una especie de montaña aislada. Pero fue un poco decepcionante. Yo me esperaba encontrar algo parecido a Uluru, que se ve a kilómetros. Pero Stone Mountain está bastante escondido, hay muchos árboles que impiden una buena visibilidad y está todo demasiado construido. Dirigido principalmente a familias, con una especie de pueblo, tiendas, construcciones y atracciones varias. Se puede hacer un recorrido alrededor de la montaña en un tren y también se puede subir a la cima en un teleférico. Además tiene una talla enorme de tres generales confederados, lo que le da todavía más la impresión de estar demasiado explotado. Estaban montando una pista de nieve artificial en la campa frente a las tallas de cara a las Navidades.
Nos pusimos de nuevo en marcha, hacia Savannah. Volvimos a pasar por la zona alrededor de Atlanta, con su tráfico y sus obras.
De la conducción en EEUU he sacado como conclusión que, vale, en general se conduce algo más lento que aquí, pero los límites de velocidad se respetan poco en las interestatales. Yo conducía por encima del límite y prácticamente todo el mundo me adelantaba. Por la izquierda, por la derecha, coches, camiones... En algunas rutas hay indicaciones para los camiones, no conducir por los carriles de la izquierda, que los camioneros se pasan por el arco del triunfo.
Volviendo a la ruta, a medio camino paramos en una área de descanso (muy bien indicadas y montadas, algunas con seguridad armada por las noches), compramos cuatro chucherías en las máquinas de vending y estiramos las piernas.
Los hoteles los íbamos cogiendo de víspera, normalmente, a través de booking. Cuando lo intentamos para Savannah, estaba casi todo reservado y lo que quedaba era muy caro. Encontramos habitación en La Quinta, que estaba a nos 15 minutos en coche del centro, adonde llegamos hacia las siete de la tarde, ya anochecido.
Nos registramos y fue entonces cuando nos enteramos de que al día siguiente había una marathon. Ahí entendimos la dificultad para encontrar hotel.
Si al día siguiente iba a haber una marathon, las calles estarían cortadas al tráfico. Miramos en internet y ponía que el centro estaba cortado al tráfico hasta las tres de la tarde. No podíamos ir en coche al centro, así que preguntamos y nos indicaron una parada de autobús junto al hotel.
Junto al motel había un Denny's. Cenamos una ensalada, una hamburguesa, acompañados por dos refrescos por 23,8 $, y de postre un buen olor a fritanga. Al volver al motel aprovechamos para hacer colada, que más de una semana ya sin limpiar la ropa, empezaba a cantar un poco.
Tras el desayuno montamos en el minibús para trasladarnos al aeropuerto. Allí, tomamos el tren para el centro de alquiler de coches. El edificio está muy bien organizado, indicando que compañía está en casa piso. La nuestra era Dollar. Era una de las compañías que más cola tenía, junto con Thrifty. Las más internacionales, Hertz, Avis, estaban prácticamente vacías.
El coche ya lo teníamos prepagado, al haber hecho la reserva con rentalcars.com. Lo único que teníamos que pagar ahora era el tanque de combustible (así lo podríamos dejar vacío en el momento de la entrega) y el cargo por trayecto único. Decidimos coger también un servicio de asistencia en carretera 24 horas. Pero no el navegador, que ya lo llevaba de casa. El pago final 616 $. El coche nos ha salido en total por 1000 € por 24 días.
Terminamos con los trámites, nos recalcaron varias veces que dejáramos el depósito tan vacío como pudiéramos y nos indicaron dónde recoger el coche.
Bajamos al garaje y allí nos dieron a elegir entre varios. Todos estaban abiertos y con las llaves puestas. Nos decidimos por un Mitsubishi Galant, principalmente porque tenía control de crucero y eso, en trayectos largos, es una ventaja. Poder descansar el pie.
Tras unos comienzos titubeantes, hasta hacerme con los controles de un coche automático, (me faltaba un pedal je je o me sobraba una pierna) nos pusimos en marcha. Inicio del recorrido. Cuentamillas en 37.333 millas.
Nos dirigimos hacia Stone Mountain, a unas 20 millas de Atlanta. Hasta pasar la zona metropolitana de la capital había mucho tráfico. Y varias zonas de obras. Parece que Obama ha decidido sacar al país de la crisis a base de arreglar carreteras. No nos hemos encontrado ninguna carretera que no tuviera algún tramo en obras. Con sus señales de reducción de velocidad y aviso a los infractores de que las multas se doblan si hay trabajadores en la carretera. Pero no decían nada de los presos, que vimos en una ocasión. Con el típico traje a rayas.
Llegamos a Stone Mountain, pagamos a la entrada 10$ por un pase del día, aunque íbamos a estar poco tiempo. No teníamos muchas referencias del lugar, salvo que era una especie de montaña aislada. Pero fue un poco decepcionante. Yo me esperaba encontrar algo parecido a Uluru, que se ve a kilómetros. Pero Stone Mountain está bastante escondido, hay muchos árboles que impiden una buena visibilidad y está todo demasiado construido. Dirigido principalmente a familias, con una especie de pueblo, tiendas, construcciones y atracciones varias. Se puede hacer un recorrido alrededor de la montaña en un tren y también se puede subir a la cima en un teleférico. Además tiene una talla enorme de tres generales confederados, lo que le da todavía más la impresión de estar demasiado explotado. Estaban montando una pista de nieve artificial en la campa frente a las tallas de cara a las Navidades.
Nos pusimos de nuevo en marcha, hacia Savannah. Volvimos a pasar por la zona alrededor de Atlanta, con su tráfico y sus obras.
De la conducción en EEUU he sacado como conclusión que, vale, en general se conduce algo más lento que aquí, pero los límites de velocidad se respetan poco en las interestatales. Yo conducía por encima del límite y prácticamente todo el mundo me adelantaba. Por la izquierda, por la derecha, coches, camiones... En algunas rutas hay indicaciones para los camiones, no conducir por los carriles de la izquierda, que los camioneros se pasan por el arco del triunfo.
Volviendo a la ruta, a medio camino paramos en una área de descanso (muy bien indicadas y montadas, algunas con seguridad armada por las noches), compramos cuatro chucherías en las máquinas de vending y estiramos las piernas.
Los hoteles los íbamos cogiendo de víspera, normalmente, a través de booking. Cuando lo intentamos para Savannah, estaba casi todo reservado y lo que quedaba era muy caro. Encontramos habitación en La Quinta, que estaba a nos 15 minutos en coche del centro, adonde llegamos hacia las siete de la tarde, ya anochecido.
Nos registramos y fue entonces cuando nos enteramos de que al día siguiente había una marathon. Ahí entendimos la dificultad para encontrar hotel.
Si al día siguiente iba a haber una marathon, las calles estarían cortadas al tráfico. Miramos en internet y ponía que el centro estaba cortado al tráfico hasta las tres de la tarde. No podíamos ir en coche al centro, así que preguntamos y nos indicaron una parada de autobús junto al hotel.
Junto al motel había un Denny's. Cenamos una ensalada, una hamburguesa, acompañados por dos refrescos por 23,8 $, y de postre un buen olor a fritanga. Al volver al motel aprovechamos para hacer colada, que más de una semana ya sin limpiar la ropa, empezaba a cantar un poco.