No íbamos a poder ir en coche al centro así que preguntamos en recepción por el precio y si necesitábamos el importe justo para el autobús. 25$ nos contesta la empleada. ¡¿Cómo?! ¿25$ un autobús de línea? ¡Ah no! El de línea no, sino que el autobús organizado por el hotel para ir a la marathon. No, nosotras no queremos ése, queremos el de línea. ¡Ah! De ese no sabe nada. ¡Ella no coge nunca el autobús!
No sé. Será porque yo he trabajado en el mundo del turismo, pero pienso que alguien que trabaja en una recepción debería saber esas cosas.
Fuimos a la parada. Sabíamos que era cada media hora, pero no las horas de paso. Esperamos unos tres cuartos de hora. El billete, 3$ ida y vuelta.
Salimos del extrarradio, vamos haciendo infinidad de paradas y una espera, parados, de unos 15 minutos. Empezamos a ver casas impresionantes y árboles, muchos árboles. Y colgando de todos ellos el musgo español, lo que le da un aspecto genuinamente gótico y algo siniestro.
Total, que para cuando llegamos al centro era más de mediodía y el tráfico ya se había restablecido.
Paramos, o nos pararon, frente a la oficina de información (una antigua estación de tren reconvertida) donde cogimos unos mapas e información sobre Tybee Island.
Ya estábamos en Savannah. Ciudad de referencias históricas y escenario de diversas películas. La más conocida, supongo, Medianoche en el jardín del bien y del mal.
Empezamos el recorrido siguiendo el del tranvía turístico, viendo pequeñas plazas enclavadas entre edificios históricos, la Catedral de San Juan Bautista, hasta llegar a Forsyth Park, donde había terminado la marathon y había bastante animación. Escenario con grupo de música local, The Train Wrecks, gente tirada en la hierba...
Seguimos subiendo y pasamos por la plaza Chippewa, donde se rodó las escenas del banco de Forrest Gamp
Al llegar a la calle Brouthton seguimos hacia el City Market. El ambiente era genial, mucha gente (no sé si debido a la marathon o porque era domingo).
Pasamos por uno de los restaurantes más famosos, Lady & Sons, para ver si tenían sitio para comer. Estaba a tope y nos daban hora para las nueve de la noche. Vale, en vez de comer, cenaríamos.
Pero teníamos hambre, así que buscamos otro. Anna's, también en el City Market: Bayou chicken, French onion soup, Crab raviolli, dos buds. Riquísimo. La cuenta venía ya con la "gratuity" incluida, 40,99 $
Después de comer nos acercamos al paseo del río, el Riverfront, con edificios antiguos, pequeñas tiendas de recueros y bares, suelo de adoquines, hoteles con vistas al río, y barcos. Los típicos de palas y alguno de recreo. Había un velero impresionante, 130 pies. Evidentemente la gente se quedaba mirando, por lo que habían colocado un par de hojas con información técnica sobre el velero para "no molestar a la tripulación con preguntas", pero el nombre del propietario y el coste de la construcción estaban en blanco.
En uno de los edificios hay una fábrica-tienda de chuches enorme: Savannah's Candy Kitchen, en el que hay dulces para todos los gustos. Los dulces se transportan por el aire, en pequeñas vagonetas sobre rieles, hasta caer sobre la zona de empaquetado, pero de vez en cuando se te cae alguno encima. Además la tienda es muy bonita. Con posterioridad, hemos visto sucursales de esa casa en varias ciudades.
Al final del paseo está la escultura The waiving girl, en honor a Florence Martus, quien se estima que a lo largo de su vida saludó a más de 50.000 barcos que entraban o salían del puerto de Savannah.
Volvimos hacia el centro y entramos en el Centennial Park Cemetery, un pequeño cementerio en mitad del casco histórico, con los típicos robles llenos del colgante musgo español lo que, sumado a que estaba ya oscureciendo, le daba un cierto aire fantasmagórico.
Seguimos entre plazas y mansiones hasta la calle Broughton, con tiendas elegantes y otras muy originales, y... la heladería Leopold's, donde se hace el mejor helado, para tomarnos un par de cucuruchos. Había un montón de gente, haciendo cola. El local está lleno de fotos de actores, claquetas y carteles de películas, ya que el propietario -hijo del primer dueño, un griego llegado en 1919- ha sido productor de Hollywood y de muchas películas de éxito.
La calle Broughton, y otras también, estaba llena de banderas, y es que al día siguiente era el Veteran's Day.
De vuelta en el City Market, entramos en otra sucursal de Savannah's Candy Kitchen, donde los empleados se lo estaban pasando en grande lanzando caramelos a los clientes y no acertando éstos a cogerlos a la primera.
Había llegado la hora de cenar, pero tras tantas chucherías, refrescos y helado, no teníamos hambre. Así que desperdiciar una cena que imaginábamos estupenda, comiendo a desgana y no apreciando lo comido, no nos pareció bien. Cancelamos la reserva. No les iba a importar mucho, porque seguía habiendo cola.
Al pasar junto a un local, The Jinx, vimos que había música en directo, country, así que entramos, para lo que tuvimos que enseñar el carnet en la puerta!! Cerveza y country, buen final de día.
Fuimos a la parada. Sabíamos que era cada media hora, pero no las horas de paso. Esperamos unos tres cuartos de hora. El billete, 3$ ida y vuelta.
Salimos del extrarradio, vamos haciendo infinidad de paradas y una espera, parados, de unos 15 minutos. Empezamos a ver casas impresionantes y árboles, muchos árboles. Y colgando de todos ellos el musgo español, lo que le da un aspecto genuinamente gótico y algo siniestro.

Total, que para cuando llegamos al centro era más de mediodía y el tráfico ya se había restablecido.
Paramos, o nos pararon, frente a la oficina de información (una antigua estación de tren reconvertida) donde cogimos unos mapas e información sobre Tybee Island.

Ya estábamos en Savannah. Ciudad de referencias históricas y escenario de diversas películas. La más conocida, supongo, Medianoche en el jardín del bien y del mal.
Empezamos el recorrido siguiendo el del tranvía turístico, viendo pequeñas plazas enclavadas entre edificios históricos, la Catedral de San Juan Bautista, hasta llegar a Forsyth Park, donde había terminado la marathon y había bastante animación. Escenario con grupo de música local, The Train Wrecks, gente tirada en la hierba...





Seguimos subiendo y pasamos por la plaza Chippewa, donde se rodó las escenas del banco de Forrest Gamp
Al llegar a la calle Brouthton seguimos hacia el City Market. El ambiente era genial, mucha gente (no sé si debido a la marathon o porque era domingo).


Pasamos por uno de los restaurantes más famosos, Lady & Sons, para ver si tenían sitio para comer. Estaba a tope y nos daban hora para las nueve de la noche. Vale, en vez de comer, cenaríamos.
Pero teníamos hambre, así que buscamos otro. Anna's, también en el City Market: Bayou chicken, French onion soup, Crab raviolli, dos buds. Riquísimo. La cuenta venía ya con la "gratuity" incluida, 40,99 $

Después de comer nos acercamos al paseo del río, el Riverfront, con edificios antiguos, pequeñas tiendas de recueros y bares, suelo de adoquines, hoteles con vistas al río, y barcos. Los típicos de palas y alguno de recreo. Había un velero impresionante, 130 pies. Evidentemente la gente se quedaba mirando, por lo que habían colocado un par de hojas con información técnica sobre el velero para "no molestar a la tripulación con preguntas", pero el nombre del propietario y el coste de la construcción estaban en blanco.


En uno de los edificios hay una fábrica-tienda de chuches enorme: Savannah's Candy Kitchen, en el que hay dulces para todos los gustos. Los dulces se transportan por el aire, en pequeñas vagonetas sobre rieles, hasta caer sobre la zona de empaquetado, pero de vez en cuando se te cae alguno encima. Además la tienda es muy bonita. Con posterioridad, hemos visto sucursales de esa casa en varias ciudades.
Al final del paseo está la escultura The waiving girl, en honor a Florence Martus, quien se estima que a lo largo de su vida saludó a más de 50.000 barcos que entraban o salían del puerto de Savannah.

Volvimos hacia el centro y entramos en el Centennial Park Cemetery, un pequeño cementerio en mitad del casco histórico, con los típicos robles llenos del colgante musgo español lo que, sumado a que estaba ya oscureciendo, le daba un cierto aire fantasmagórico.
Seguimos entre plazas y mansiones hasta la calle Broughton, con tiendas elegantes y otras muy originales, y... la heladería Leopold's, donde se hace el mejor helado, para tomarnos un par de cucuruchos. Había un montón de gente, haciendo cola. El local está lleno de fotos de actores, claquetas y carteles de películas, ya que el propietario -hijo del primer dueño, un griego llegado en 1919- ha sido productor de Hollywood y de muchas películas de éxito.


La calle Broughton, y otras también, estaba llena de banderas, y es que al día siguiente era el Veteran's Day.
De vuelta en el City Market, entramos en otra sucursal de Savannah's Candy Kitchen, donde los empleados se lo estaban pasando en grande lanzando caramelos a los clientes y no acertando éstos a cogerlos a la primera.
Había llegado la hora de cenar, pero tras tantas chucherías, refrescos y helado, no teníamos hambre. Así que desperdiciar una cena que imaginábamos estupenda, comiendo a desgana y no apreciando lo comido, no nos pareció bien. Cancelamos la reserva. No les iba a importar mucho, porque seguía habiendo cola.
Al pasar junto a un local, The Jinx, vimos que había música en directo, country, así que entramos, para lo que tuvimos que enseñar el carnet en la puerta!! Cerveza y country, buen final de día.
