El trayecto entre las dos ciudades no era muy grande, así que decidimos que bien podíamos aprovechar el día visitando algo antes de llegar a Charleston.
Tybee Island, el punto más oriental de Georgia, se encuentra a unas 20 millas de Savannah, una media hora. En ella se encuentra, según la guía, el faro más antiguo de Georgia, uno de los siete que quedan en pie de la época colonial, aunque ha sido modificado en el pasado.
El recorrido hasta la isla es realmente bonito, atravesando zonas de marismas. LLegamos y aparcamos junto al faro. 1,5 $ por una hora.
Nos acercamos a la entrada y allí descubrimos que junto al faro hay un parking gratuito para los visitantes. Pues nada, un dolar y medio tampoco era tanto. La entrada cuesta 9 $ y junto con el faro se puede visitar el Museo.
El faro tenía colgando una enorme bandera, por ser el Día de los Veteranos.
La subida son 178 escalones, de caracol, pero cada 25 hay un rellano, con una ventana, para ir descansando y admirando las vistas. Y en verdad que merecen la pena. Se ve la playa, las casas diseminadas entre árboles, vamos, típico de película. En la parte baja se conservan varios artículos de época, entre ellos la primera bombilla eléctrica utilizada en el faro.
Tras un rato aguantando el viento en las alturas, volvimos al coche y nos dirigimos a la parte sur de la isla, a la playa, donde anduvimos un rato.
El tiempo no invitaba demasiado, pero había unos cuantos valientes en el agua, surfeando o remando sobre las tablas.
Se estaba muy bien, pero no era cuestión de quedarse toda la mañana en la playa así que nos llegamos hasta el muelle. Está muy bien montado. Los pescadores tienen sus sitios para poder limpiar y cortar el pescado e indicaciones de que especies está permitido pescar y cuales no. Había gente pescando desde el muelle y un afortunado sacó un pez enorme, le costó un rato, pero al final lo consiguió. Un "red fish" dijeron. Le cortaron el anzuelo con unas tenazas y, tras los aplausos y las fotos de rigor, lo devolvieron al agua.
Saliendo del muelle nos encontramos con una advertencia para casos de huracanes.
Buscamos un lugar para comer y nos sentamos en Fannies, frente al aparcamiento donde habíamos dejado el coche. Y aquí nos tocó el momento hilarante del viaje. Pedimos unas ensaladas con gambas y yo, que conducía, un refresco. Mi amiga pidió una cerveza. Y la camarera, con cara de inocente, le pide que le enseñe una identificación para comprobar que era mayor de edad. Nos empezamos a carcajear; le pregunto a la camarera, ¿pero cuántos años crees que tiene? Y ella seguía con cara de ¿eh? Le enseñó el carnet, y creo que ni supo encontrar la fecha de nacimiento. Nos estuvimos partiendo de risa como unos cinco minutos (los de la mesa de al lado nos miraban como si nos hubiéramos vuelto locas) y a la camarera no le sentó muy bien. Cuando volvió con las bebidas tenía un careto que le llegaba al suelo. Luego se le pasó y ya nos sonreía.
Yo entiendo que si tienes delante alguien de 25 años dudes, pero vamos, a nuestra edad...
Y tras la comida y el momento carcajada, vino el momento ¡¡aghh! al volver al coche. ¡Nos habían puesto una multa! Pero, ¿dónde estaba el parkímetro? Ni lo habíamos visto. 35 $ que pagamos vía internet, con un suplemento de 1,5 $
Carretera y camino a Charleston. Dos horas y media de carretera. Algunas veces desesperante: 40 millas a la hora en carreteras de doble carril en cada sentido! Llegamos al Best Western, a unas 4 millas del centro. Check-in y tras descansar un rato, a buscar donde cenar.
Vimos un local que parecía agradable, típico americano, Ye ole fashioned ice cream & sandwich cafe. Hamburguesas, bebida y patatas fritas por 17$
Tybee Island, el punto más oriental de Georgia, se encuentra a unas 20 millas de Savannah, una media hora. En ella se encuentra, según la guía, el faro más antiguo de Georgia, uno de los siete que quedan en pie de la época colonial, aunque ha sido modificado en el pasado.
El recorrido hasta la isla es realmente bonito, atravesando zonas de marismas. LLegamos y aparcamos junto al faro. 1,5 $ por una hora.
Nos acercamos a la entrada y allí descubrimos que junto al faro hay un parking gratuito para los visitantes. Pues nada, un dolar y medio tampoco era tanto. La entrada cuesta 9 $ y junto con el faro se puede visitar el Museo.
El faro tenía colgando una enorme bandera, por ser el Día de los Veteranos.

La subida son 178 escalones, de caracol, pero cada 25 hay un rellano, con una ventana, para ir descansando y admirando las vistas. Y en verdad que merecen la pena. Se ve la playa, las casas diseminadas entre árboles, vamos, típico de película. En la parte baja se conservan varios artículos de época, entre ellos la primera bombilla eléctrica utilizada en el faro.


Tras un rato aguantando el viento en las alturas, volvimos al coche y nos dirigimos a la parte sur de la isla, a la playa, donde anduvimos un rato.


El tiempo no invitaba demasiado, pero había unos cuantos valientes en el agua, surfeando o remando sobre las tablas.
Se estaba muy bien, pero no era cuestión de quedarse toda la mañana en la playa así que nos llegamos hasta el muelle. Está muy bien montado. Los pescadores tienen sus sitios para poder limpiar y cortar el pescado e indicaciones de que especies está permitido pescar y cuales no. Había gente pescando desde el muelle y un afortunado sacó un pez enorme, le costó un rato, pero al final lo consiguió. Un "red fish" dijeron. Le cortaron el anzuelo con unas tenazas y, tras los aplausos y las fotos de rigor, lo devolvieron al agua.





Saliendo del muelle nos encontramos con una advertencia para casos de huracanes.

Buscamos un lugar para comer y nos sentamos en Fannies, frente al aparcamiento donde habíamos dejado el coche. Y aquí nos tocó el momento hilarante del viaje. Pedimos unas ensaladas con gambas y yo, que conducía, un refresco. Mi amiga pidió una cerveza. Y la camarera, con cara de inocente, le pide que le enseñe una identificación para comprobar que era mayor de edad. Nos empezamos a carcajear; le pregunto a la camarera, ¿pero cuántos años crees que tiene? Y ella seguía con cara de ¿eh? Le enseñó el carnet, y creo que ni supo encontrar la fecha de nacimiento. Nos estuvimos partiendo de risa como unos cinco minutos (los de la mesa de al lado nos miraban como si nos hubiéramos vuelto locas) y a la camarera no le sentó muy bien. Cuando volvió con las bebidas tenía un careto que le llegaba al suelo. Luego se le pasó y ya nos sonreía.
Yo entiendo que si tienes delante alguien de 25 años dudes, pero vamos, a nuestra edad...
Y tras la comida y el momento carcajada, vino el momento ¡¡aghh! al volver al coche. ¡Nos habían puesto una multa! Pero, ¿dónde estaba el parkímetro? Ni lo habíamos visto. 35 $ que pagamos vía internet, con un suplemento de 1,5 $
Carretera y camino a Charleston. Dos horas y media de carretera. Algunas veces desesperante: 40 millas a la hora en carreteras de doble carril en cada sentido! Llegamos al Best Western, a unas 4 millas del centro. Check-in y tras descansar un rato, a buscar donde cenar.
Vimos un local que parecía agradable, típico americano, Ye ole fashioned ice cream & sandwich cafe. Hamburguesas, bebida y patatas fritas por 17$