La mayoría de los hoteles que hemos ido cogiendo tenían desayuno incluido. Unos muy bien, otros más flojo, pero en general suficiente. Éste hotel también.
Tras el desayuno nos acercamos a la ciudad en coche. Preguntamos a unos policías por un parking público y nos indicaron uno, pero finalmente aparcamos en uno que estaba junto al Visitor Center. Y vaya centro para visitantes, enorme. Unos antiguos almacenes reconvertidos. Tenía incluso una pequeña exposición de pintura. Cogimos folletos varios y preguntamos por la hora del desfile del Día de Veteranos. La respuesta, no estaban seguros. Tras preguntar a otros compañeros nos dicen que el desfile fue la semana anterior! En fin.
Mi amiga se había quedado sin tarjeta para la cámara de fotos, así que preguntamos a una chica que nos indicó que el mejor sitio que se le ocurría era una farmacia CVS. Pasamos por la zona del campus universitario, muy animada, llena de gente joven y algunos locales muy majos. Y no podía faltar el coche del policía del campus.
A primer vista, Charleston parece una ciudad muy agradable.
Al igual que en otras ciudades circulan tranvías antiguos.
Seguimos hasta el mercado, uno de los más antiguos del país, con sus escaleras exteriores y barandado de forja. Hoy en día aloja puestos de artesanía y pequeñas tiendas.
En la entrada había puestos de venta de cestos y otros productos fabricados con "sweetgrass", cuya traducción exacta no he encontrado, pero eran como hojas de palma. Esta tradición vino a Charleston con los esclavos traídos desde África y continúa con sus descendientes.
En la parte superior del mercado se puede ver un letrero de "Daughters of Confederacy" una sociedad creada a finales del siglo XIX por las hijas de los soldados que sirvieron a las fuerzas de la Confederación en la guerra civil.
Saliendo del mercado, buscamos la Gateway Walk, que se supone es una zona de pequeñas placitas y árboles, pero no fuimos capaces de encontrarla. Así que seguimos hacia la calle Church, viendo antes la Iglesia Circular, sólo por fuera ya que estaba cerrada. El cementerio adyacente es el más antiguo de la ciudad que cuenta con monumentos.
Seguimos bajando por Church St. ¡Vaya casas! Era ir admirando edificios uno detrás de otro. Y los coches aparcados frente a las entradas estaban en consonancia. De una de estas casas salió una mujer, que al ver que mi amiga estaba haciendo fotos le preguntó "¿qué era lo que le gustaba de la casa?" Vamos, que si le hubiera preguntado que era lo que no le gustaba habríamos terminado antes. Y en Charleston también hay un Barrio Francés. Y calles de adoquines. Muchas de las casas tienen un cartel con información sobre la historia de la misma.
Llegamos hasta Battery, pero gran parte estaba en obras y continuamos por Battery St. hacia arriba. Más casas impresionantes.
Al fondo de la bahía se veía Fort Sumter.
Otro de los puntos destacados en las guías sobre Charleston es Rainbow Row, una hilera de casas pintadas de colores. He de reconocer que he visto pinturas y fotos e imágenes de dichas casas con un buen surtido de colores, pero en la actualidad los colores son bastante pastel y algo descoloridos. Supongo que el color en las pinturas y las fotos promocionales está bastante retocado. He visto incluso alguna casa que es de color distinto a como sale en fotos más antiguas. Antes era rojiza y ahora es azul.
Como buena ciudad histórica, hay paneles y señales indicativas en cualquier punto de la ciudad. Como la que informa de la captura, durante la Guerra Civil, del barco Planter , por parte de un piloto esclavo, junto con otros marineros, que lo dejó en manos de las fuerzas unionistas, ganándose su libertad con este acto.
Seguimos hasta el Waterfront Park y el muelle, que tiene vistas a la bahía pero poco más. Enfrente está Patriot's Point, con el portaviones de la II Guerra Mundial USS Yorktown, reconvertido en museo. También es visible Castle Pinckney, una pequeña fortaleza construida a principios del siglo XIX que está siendo devorada por la maleza, abandonada.
El Smokehouse Brewery, en el 161 E Bay St., como su nombre indica, es una antigua fábrica de cerveza reconvertida en restaurante. Hicimos un alto ahí para comer algo. El lugar es enorme, y muy agradable. Tiene hasta un pequeño escenario.
Tras un buen descanso, continuamos por las calles de Charleston y fuimos a unos de los lugares que, junto con las plantaciones y sus historias, más tristeza me han causado: el antiguo mercado de esclavos. La entrada cuesta 7 $ y muestra, con un display de fotografías, sonido y utensilios, la historia de la esclavitud.
A principios del siglo XIX se prohibió la venta de esclavos en la calle, por lo que se construyeron edificios como éste para seguir con el comercio. Llegó a haber 48 en Charleston.
Todos hemos visto películas de esclavos. Quién no recuerda Raíces. Pero viendo los anuncios de subasta o venta en los periódicos, con las edades de los esclavos, algunos tan sólo de meses, sus oficios, el precio y valor que tenían -los de 20 años eran los más valiosos- se te cae el alma a los pies. En el interior no está permitido sacar fotos.
En Charleston hay varias casas históricas que se pueden visitar, pero tal vez la más interesante pueda ser la de Nathaniel Russell, un rico hombre de negocios que la mandó construir a principios del siglo XIX.
Su elemento más destacable es una escalera de caracol, "suspendida", es decir, que tan sólo se apoya en su base y en el rellano de cada piso. En el interior de la casa no está permitido hacer fotos, así que la que os dejo aquí es de la web de Historic Charleston Foundation.
La casa sólo se puede visitar en tour organizado, 9 $ por 35 minutos, en los que van enseñando las distintas dependencias de la casa, pero no se puede subir por la escalera.
Iba anocheciendo en Charleston y volvimos a buscar Gateway Walk, y la conseguimos encontrar tras dar varias vueltas. Pero ya estaba demasiado oscuro, así que no se veía apenas nada.
Eran las seis de la tarde y en la calle King ya estaba todo cerrado. No había nadie en la calle.
Pero era demasiado temprano para cenar, así que fuimos hacia la zona del campus universitario, y en el Caviar & Bananas de la George St. nos tomamos unas cervezas. Es un local con comida, bebidas, tienda...
Pensamos que en la costa tendría que ser un lugar bueno para tomar marisco, así que probamos en la calle Meeting, en Hyman's Seafood.
Cuando llegamos a la puerta correcta (ya que hay tienda, otro restaurante...), la chica que estaba allí nos pregunta si queremos mesa, le decimos que sí, mira hacia arriba, hacia una pantalla de tv. y nos dice que subamos y que al empleado que nos pregunte le digamos que nos lleve a la mesa 903
Desde abajo, veía las mesas que estaban libres y te adjudica una directamente.
El lugar es enorme, fuimos por una sala, luego otra y otra hasta que finalmente nos sentaron a una mesa. Y debe de ser muy conocido, ya que en cada mesa hay pequeños letreros indicando qué famoso ha comida en ese sitio. En el mío comió Neil Armstrong. En otros Steve Guttenberg, Sarah Jessica Parker...
Pedimos un Captain's Platter y un especial del día, Gambas rellenas. Antes de traernos los principales nos sacaron una especie de croquetas, muy duras y pastosas. Luego nos sacaron coleslaw y finalmente el plato. Una típica ración estadounidense, enorme. Ni que decir tiene que no pudimos terminárnoslo.
Mientras esperábamos el plato se pasó por nuestra mesa, y por la de todos, primero el Primo Martin y luego Eli Hyman, el dueño del restaurante, dando la bienvenida y las gracias por ir.
Tras el desayuno nos acercamos a la ciudad en coche. Preguntamos a unos policías por un parking público y nos indicaron uno, pero finalmente aparcamos en uno que estaba junto al Visitor Center. Y vaya centro para visitantes, enorme. Unos antiguos almacenes reconvertidos. Tenía incluso una pequeña exposición de pintura. Cogimos folletos varios y preguntamos por la hora del desfile del Día de Veteranos. La respuesta, no estaban seguros. Tras preguntar a otros compañeros nos dicen que el desfile fue la semana anterior! En fin.
Mi amiga se había quedado sin tarjeta para la cámara de fotos, así que preguntamos a una chica que nos indicó que el mejor sitio que se le ocurría era una farmacia CVS. Pasamos por la zona del campus universitario, muy animada, llena de gente joven y algunos locales muy majos. Y no podía faltar el coche del policía del campus.
A primer vista, Charleston parece una ciudad muy agradable.


Al igual que en otras ciudades circulan tranvías antiguos.

Seguimos hasta el mercado, uno de los más antiguos del país, con sus escaleras exteriores y barandado de forja. Hoy en día aloja puestos de artesanía y pequeñas tiendas.
En la entrada había puestos de venta de cestos y otros productos fabricados con "sweetgrass", cuya traducción exacta no he encontrado, pero eran como hojas de palma. Esta tradición vino a Charleston con los esclavos traídos desde África y continúa con sus descendientes.
En la parte superior del mercado se puede ver un letrero de "Daughters of Confederacy" una sociedad creada a finales del siglo XIX por las hijas de los soldados que sirvieron a las fuerzas de la Confederación en la guerra civil.



Saliendo del mercado, buscamos la Gateway Walk, que se supone es una zona de pequeñas placitas y árboles, pero no fuimos capaces de encontrarla. Así que seguimos hacia la calle Church, viendo antes la Iglesia Circular, sólo por fuera ya que estaba cerrada. El cementerio adyacente es el más antiguo de la ciudad que cuenta con monumentos.

Seguimos bajando por Church St. ¡Vaya casas! Era ir admirando edificios uno detrás de otro. Y los coches aparcados frente a las entradas estaban en consonancia. De una de estas casas salió una mujer, que al ver que mi amiga estaba haciendo fotos le preguntó "¿qué era lo que le gustaba de la casa?" Vamos, que si le hubiera preguntado que era lo que no le gustaba habríamos terminado antes. Y en Charleston también hay un Barrio Francés. Y calles de adoquines. Muchas de las casas tienen un cartel con información sobre la historia de la misma.








Llegamos hasta Battery, pero gran parte estaba en obras y continuamos por Battery St. hacia arriba. Más casas impresionantes.


Al fondo de la bahía se veía Fort Sumter.

Otro de los puntos destacados en las guías sobre Charleston es Rainbow Row, una hilera de casas pintadas de colores. He de reconocer que he visto pinturas y fotos e imágenes de dichas casas con un buen surtido de colores, pero en la actualidad los colores son bastante pastel y algo descoloridos. Supongo que el color en las pinturas y las fotos promocionales está bastante retocado. He visto incluso alguna casa que es de color distinto a como sale en fotos más antiguas. Antes era rojiza y ahora es azul.

Como buena ciudad histórica, hay paneles y señales indicativas en cualquier punto de la ciudad. Como la que informa de la captura, durante la Guerra Civil, del barco Planter , por parte de un piloto esclavo, junto con otros marineros, que lo dejó en manos de las fuerzas unionistas, ganándose su libertad con este acto.
Seguimos hasta el Waterfront Park y el muelle, que tiene vistas a la bahía pero poco más. Enfrente está Patriot's Point, con el portaviones de la II Guerra Mundial USS Yorktown, reconvertido en museo. También es visible Castle Pinckney, una pequeña fortaleza construida a principios del siglo XIX que está siendo devorada por la maleza, abandonada.




El Smokehouse Brewery, en el 161 E Bay St., como su nombre indica, es una antigua fábrica de cerveza reconvertida en restaurante. Hicimos un alto ahí para comer algo. El lugar es enorme, y muy agradable. Tiene hasta un pequeño escenario.


Tras un buen descanso, continuamos por las calles de Charleston y fuimos a unos de los lugares que, junto con las plantaciones y sus historias, más tristeza me han causado: el antiguo mercado de esclavos. La entrada cuesta 7 $ y muestra, con un display de fotografías, sonido y utensilios, la historia de la esclavitud.
A principios del siglo XIX se prohibió la venta de esclavos en la calle, por lo que se construyeron edificios como éste para seguir con el comercio. Llegó a haber 48 en Charleston.
Todos hemos visto películas de esclavos. Quién no recuerda Raíces. Pero viendo los anuncios de subasta o venta en los periódicos, con las edades de los esclavos, algunos tan sólo de meses, sus oficios, el precio y valor que tenían -los de 20 años eran los más valiosos- se te cae el alma a los pies. En el interior no está permitido sacar fotos.

En Charleston hay varias casas históricas que se pueden visitar, pero tal vez la más interesante pueda ser la de Nathaniel Russell, un rico hombre de negocios que la mandó construir a principios del siglo XIX.
Su elemento más destacable es una escalera de caracol, "suspendida", es decir, que tan sólo se apoya en su base y en el rellano de cada piso. En el interior de la casa no está permitido hacer fotos, así que la que os dejo aquí es de la web de Historic Charleston Foundation.
La casa sólo se puede visitar en tour organizado, 9 $ por 35 minutos, en los que van enseñando las distintas dependencias de la casa, pero no se puede subir por la escalera.



Iba anocheciendo en Charleston y volvimos a buscar Gateway Walk, y la conseguimos encontrar tras dar varias vueltas. Pero ya estaba demasiado oscuro, así que no se veía apenas nada.
Eran las seis de la tarde y en la calle King ya estaba todo cerrado. No había nadie en la calle.


Pero era demasiado temprano para cenar, así que fuimos hacia la zona del campus universitario, y en el Caviar & Bananas de la George St. nos tomamos unas cervezas. Es un local con comida, bebidas, tienda...
Pensamos que en la costa tendría que ser un lugar bueno para tomar marisco, así que probamos en la calle Meeting, en Hyman's Seafood.
Cuando llegamos a la puerta correcta (ya que hay tienda, otro restaurante...), la chica que estaba allí nos pregunta si queremos mesa, le decimos que sí, mira hacia arriba, hacia una pantalla de tv. y nos dice que subamos y que al empleado que nos pregunte le digamos que nos lleve a la mesa 903
El lugar es enorme, fuimos por una sala, luego otra y otra hasta que finalmente nos sentaron a una mesa. Y debe de ser muy conocido, ya que en cada mesa hay pequeños letreros indicando qué famoso ha comida en ese sitio. En el mío comió Neil Armstrong. En otros Steve Guttenberg, Sarah Jessica Parker...
Pedimos un Captain's Platter y un especial del día, Gambas rellenas. Antes de traernos los principales nos sacaron una especie de croquetas, muy duras y pastosas. Luego nos sacaron coleslaw y finalmente el plato. Una típica ración estadounidense, enorme. Ni que decir tiene que no pudimos terminárnoslo.
Mientras esperábamos el plato se pasó por nuestra mesa, y por la de todos, primero el Primo Martin y luego Eli Hyman, el dueño del restaurante, dando la bienvenida y las gracias por ir.
