Este día abandonamos Phi Phi en dirección Krabi. El barco no salía hasta las 3 de la tarde, de modo que hasta entonces, aprovechamos para darnos nuestros últimos baños en Phi Phi y hacernos otro capazo de fotos.

Comimos unas hamburguesas en un barecillo cerca del hotel, con la curiosa compañía de un gatito que no se movía de nuestra mesa ni a tiros… aquí son gandules hasta los gatos… jejeje. Una hora antes de coger el ferry, nos llevaron los del hotel, muy amablemente, como siempre, en sus long tail boat hasta el pier donde cogeríamos el barco dirección Krabi. Al subir al barco, nos pusieron una pegatina en la camiseta donde aparte de Krabi, concretaban más la zona, en nuestro caso ponía RAILAY, si vas a la otra zona ponía PANG NGA.

Este ferry era más grande que el que cogimos para ir a Phi Phi. Dejamos los maletones en la parte de bajo del barco y nos subimos a la parte de arriba, donde el trayecto sería más ameno, ya que, aunque hiciera sol, gracias a la brisa del mar, no era agobiante. Aquí conocimos a una pareja de españoles, eran vascos y muy majos, ellos iban a la otra parte de Krabi, aún así, el último día en Krabi nos los encontramos y comimos con ellos, luego lo comentaré. Nos pusimos musiquita y a disfrutar del paisaje y del trayecto. Todo lo que veíamos alrededor era precioso.

Llegamos a nuestro destino y antes de llegar a tierra, nos tocó pasar nuestras maletas a un long tail boat que sería el que nos acercaría a tierra firme. El Ferry no podía meterse muy hacia la orilla ya que la marea era muy baja a esas horas de la tarde. En este último trayecto y en el que cogeríamos al final del viaje es cuando realmente nos dimos cuenta que no hacía falta llevar maletas tan grandes, ya que el transporte de ellas de barco en barco era realmente incómodo.
Una vez nos dejó el Ferry en tierra, nos tocó llevar prácticamente a peso las maletas hasta el hotel, que estaba cerca, pero para nosotros se nos hizo eterno por culpa del peso de las mismas. No podíamos arrastrarlas con las ruedas porque la superficie por la que caminábamos era fango y piedras… un cuadro!! Por fin llegamos al hotel en el que pasaríamos nuestras dos últimas noches en Tailandia.
El hotel era el SUNRISE TROPICAL RESORT, una pasada de hotel. La habitación era otra casita, similar a la del hotel de Phi Phi, pero mucho más grande, con más detalles, domótica, hidromasaje, ducha en un patio exterior… la mejor habitación de todo el viaje. El hotel como tal, en cuanto a servicios, no era nada del otro mundo, una piscina normalita y poco más, pero la habitación nos encantó.
Mientras hicimos el check-in y arreglamos un poco la ropa y las maletas, se nos hizo la hora de cenar. Antes de cenar, fuimos a conocer la zona. Era una zona muy muy muy tranquila, mucho más que Phi Phi. Teníamos unos cuantos baretos y dos o tres agencias para contratar excursiones. Los baretos eran con encanto, estaban bastante bien y de precio tampoco eran excesivamente caros. Esa noche cenamos en un buffet donde elegías el pescado fresco que quisieras y lo podías acompañar con los entrantes que quisieras, pescado no podías repetir, de los entrantes y ensaladas sí. No estaba espectacular, pero por lo menos cenamos algo diferente y probamos el pescado fresco de la zona. Tras la cena, fuimos a tomar algo a un garito que había en la playa del otro lado del hotel, explico esto del otro lado del hotel: En Railay, la playa está a las espaldas de los hoteles, la parte delantera, que es por donde vinimos con el Ferry, es simplemente para embarcaciones, no para baño.
El garito tenía unas esterillas puestas en la arena, rollo chill-out, con sus antorchas y velitas alrededor. Nos tomamos una copa y disfrutamos de la paz y la tranquilidad del lugar hasta que decidimos volver al hotel. Nuestro primer día en Krabi había concluído.