Nos levantamos temprano,casi todos los días nos solíamos levantar a eso de las 8:00 para aprovechar bien el día y nada más desayunar nos montamos en el coche rumbo a Dol de Bretagne,la verdad es que aquí estamos muy poco tiempo,pues excepto las típicas casas coloridas de entramado tan características de aquí hay poco más que ver,una vuelta por el centro (la verdad es que en una sola calle,la "Grande Rue des Stuarts" se concentran todos los comercios más importantes y toda la actividad de la ciudad;cogemos un plano de la ciudad en la oficina de información y turismo y seleccionamos lo que más nos apetece ver,hay unos jardines que parecen prometer (promenade Jules Revert) pero al poco tiempo de entrar y ver lo que son nos decepcionan y no seguimos. Además de esto,se puede ver la catedral y a unos pocos km. saliendo de la ciudad el Menhir "Champ Dolent"[/b].Nosotros no queremos desviarnos porque además no nos atrae demasiado ver el megalito. Nos hacemos unas fotos en unas casas que,por su singularidad con respecto a las demás nos parecen atractivas y proseguimos nuestro camino a la siguiente parada. En Dol de Bretagne calculo que habremos gastado un par de horas,no más.
Nuestro siguiente destino es uno que me hacía especial ilusión:Cancale.
Este pequeño y encantador pueblo pesquero es considerado "la ciudad de las ostras",ya que está íntegramente dedicado al cultivo y venta de ostras y mejillones y a la hostelería.

Llegamos alrededor de las 11 de la mañana y ya estaba abarrotado de gente,es recomendable llegar pronto,pues aunque hay un parking (de pago,eso si) que asegura que puedas dejar el coche cerca,en seguida se llena y puede resultar complicado encontrar sitio para aparcar en un pueblo tan pequeño,al menos aparcar cerca sin tener que salirte a las afueras y darte la caminata de vuelta.
Nada más salir del coche me inunda ese olor penetrante a sal,a mar,tan característico de los lugares costeros y una profunda sensación de bienestar,seguramente mis pupilas se dilataron porque querían abarcar todo lo que estaba viendo,un pueblito de película,coqueto,con ese aire tan típico marinero ¡me encantaba!

Paseamos por su paseo marítimo,vimos los criaderos de ostras y mejillones que,con la marea baja quedan totalmente a la vista

paseamos entre los puestos de ostras comparando y viendo cuales nos gustan más,observando a la gente que las come allí mismo,sentados en el paseo,como quien toma un aperitivo sentado en la terraza de un bar;había leído que es muy típico de allí y me apetece imitarles, asi que en un puesto me preparan una docena a un precio irresistible:¡4,80 € la docena! asi que como dice el refrán "donde fueres,haz lo que vieres" me senté y las comí allí,junto al resto de la gente,mirando al mar y degustando por primera vez en mi vida las ostras (siempre me habían dado un poco de reparo y no sabía si me iban a gustar,pero no podía dejar la oportunidad de probarlas en un sitio así ¡y menos aún a ese precio!)

Es una gozada pasear tranquilamente entre los puestos de ostras y mejillones,entre los numerosos restaurantes que rivalizan por atraer la atención y la visita de los turistas;hay que decir que es una pasada lo bien que se lo montan algunos restaurantes con su marketing 100% palpable y visible y que es un espectáculo que deja a la vista bandejas enormes de marisco super bien decorado y colocado (para que entre por los ojos antes que por la boca) a la entrada de éstos,haciendo de reclamo,y que parece que compitan por ver cual lo pone más bonito,más grande o incluso más barato

Pasead,mirad,oled,comparad tamaño,precio,cual parece más fresco,en fin, esas cosas antes de decidiros; ésta en concreto nos costó 62 € para 2 personas con vino blanco incluído y agua,¡genial!
Para quien no le guste el marisco o tenga intolerancia al pescado,en el paseo marítimo hay un puesto donde venden bocadillos,hot dogs,hamburguesas y cosas así, así que tranquilos,que hay comida para todos los gustos 8)
Después de comer,pasear,descansar y hacer muuuuuchas fotos nos dirigimos hacia Saint Maló,llegamos alrededor de las 16:00 h. Esta ciudad es conocida como la ciudad de los corsarios y fue un antiguo puerto pirata,joya de la costa esmeralda,es una ciudad intramuros,la parte antigua está totalmente rodeada por una muralla que la protegía de los ataques; caminamos literalmente sobre el mar,ya que la marea estaba tan baja que podíamos adentrarnos metros y metros mar adentro sin llegar a mojarnos. Es muy curiosa por los enormes palos-troncos que,alineados a lo largo de toda la playa,hacen la función de rompeolas,ya que cuando hay tempestades aquí,las olas son tan espectaculares que incluso rebasan con su impresionante fuerza los palos y llegan hasta la carretera.

Paseamos por el centro de la ciudad,siguiendo la muralla y nos montamos en un trenecito turístico de esos que te llevan por toda la zona sin necesidad de andar
mientras saboreamos una crèpe de chocolate,la verdad es que haber sabido que además de ir como sardinas en lata apretados hasta mas no poder por expreso deseo del conductor,en su afán de aprovechar al máximo el espacio de los vagones,y de que luego el recorrido no fue para tirar cohetes no habríamos cogido el trenecito dichoso,pero bueno,subimos hasta arriba del todo siguiendo la muralla sin esfuerzo alguno y compramos en una tienda muy bonita y muy coqueta de que otro modo no habríamos visto,unos paquetes de deliciosas galletitas bretonas de mantequilla para regalar a nuestras hijas.
Al atardecer vemos la puesta de sol y la subida de la marea,el agua cubre completamente toda la arena.



Es espectacular cómo ha subido la marea en pocas horas y tenemos curiosidad por ver cómo habrá subido también en Cancale, así que volvemos allí.
Es impresionante ver cómo lo que antes era un lodazal con las barcas encalladas en el suelo ahora es todo agua,todo mar. Ya no se ven n los criaderos de ostras ni las mejilloneras ni nada. Anochece. El Mont Saint Michel que veíamos al frente a lo lejos,muy muy lejos,disipado entre la neblina y la bruma ya no se vé. Todo está cubierto,engullido por el mar.

Cenamos paté y queso bretón que habíamos comprado con el océano al frente como escenario maravilloso y con el único sonido de las olas y el graznido de las últimas gaviotas que quedan a estas horas. Llenamos los pulmones de aire con olor a sal y el alma con un sentimiento de paz y comunión total con la naturaleza. Son las 22:00 h. Nos volvemos hacia el hotel. Las fotos no hacen justicia a todas las cosas bellas que hemos visto hoy,todo se queda guardado en la memoria...
