Hoy la intención es dividir el día en dos visitas,la primera es Dinan,asi que como cada mañana,después de desayunar nos ponemos en marcha. Nada más aparcar el coche vemos este paisaje y auguro que éste lugar me vá a gustar mucho...

Dinan es una ciudad dividida en dos partes:la alta y la baja,separadas ambas por un pórtico de piedra. La parte baja conserva su aire marítimo mientras que la alta conserva su aire medieval,invitándote a cada paso a retroceder en el tiempo y al ambiente de aquella época. Después de admirar el pequeño puerto atravesamos la puerta de piedra que dá paso a la famosa y empinada Calle Jerzual,llena de comercios,tiendecitas y creperías.


Paseamos por sus calles empedradas y empinadas acompañados de la música medieval que sale de unos pequeños altavoces camuflados entre las farolas como si fuera un hilo musical,ayudando a que nos sumergiésemos aún más en el ambiente de aquella época.

Todo parece que invita a cada paso,en cada vuelta de esquina a retroceder en el tiempo y dejándonos llevar nos "perdemos" entre sus callejuelas.


Después de pasear por sus pintorescas calles entre antiguas casas de entramado (algunas construidas sobre pilotes) con sus voladizos,de visitar sus iglesias,de curiosear entre sus encantadores comercios y recrearnos con las estampas inéditas que éste lugar nos regala,el estómago nos dice que necesita reservas para reponer las energías gastadas en las cuestas empinadas,así que volvemos a la parte baja,donde habíamos visto un sitio donde parecía que se comía bien y barato,así que con vistas a los barquitos de turistas y de particulares que hacían sus recorridos nos sentamos a comer en una terraza del puerto.

Degustamos el típico menú bretón: galette completa,sidra y de postre crèppe; nos sorprenden los buenos precios (este menú 9 €) y las buenas ofertas que hacen,ellos lo llaman "fórmules" y para nosotros viene siendo el plato del día.
Después de comer y muy contentos con ésta visita nos dirigimos hacia Saint Suliac,un pequeñíiiiiiisimo y pintoresco pueblo de pescadores y que está considerado como uno de los pueblos más bonitos de la Bretaña.

Recorremos sus calles,fotografiamos sus originales casas adornadas con redes de pescar y como el sol aprieta y estamos cansados nos sentamos en la playa a descansar y a disfrutar también del hecho de no hacer nada,solo mirar a unos niños jugando en la orilla,tomar el sol y relajarnos sin pensar en nada...
La verdad es que aquí pasamos más tiempo descansando en la playa que paseando por el pueblo en sí,ya que sus cuatro calles se ven en seguida y su principal atractivo son sus peculiares casas y alguna tiendecilla de utensilios marineros de segunda mano; de haber traído bañador nos hubiésemos dado un baño de mil amores,pues el mar parece que me está llamando a gritos, ¡qué rabia!
Somos testigos de cómo el sol se oculta lentamente tiñendo de vibrantes colores el cielo y el mar y dejándonos una sensación tan sumamente relajante que,si no nos levantamos y nos vamos,¡nos habríamos quedado dormidos allí mismo!