Orlando no es una ciudad solo para niños. Hay mucho más a parte de la diversión. Y estábamos a punto de descubrirlo.
Teníamos reservado un tour por la cuidad, parte en minibús y parte en bote.
Para recogernos nos citaron, a las 7:40, en un hotel hasta el que nos tuvimos que desplazar bastante temprano. Fuimos con nuestro coche que dejamos aparcado en una zona de restaurantes en Internacional Drive.
Nuestro medio de transporte
Ya nos estaba esperando un chico bastante simpático con su minibús y unos turistas más. La compañía era GRAY LINE, que por cierto nos pareció muy profesional. No todos los clientes teníamos el mismo tour así que estuvimos recogiendo y dejando a gente hasta que nos quedamos con el grupo con el finalmente pasamos el día. De no ser por nosotros la media de edad hubiese sido de 80 años. Aun así, nuestros compañeros, eran adorables y estuvimos intercambiando con ellos toda clase de información.
El tour nos llevo como primer lugar al Estadio donde se juegan los partidos de fútbol americano, Florida Citrus Bowl. Y siguiendo con la parte deportiva el siguiente punto fue ver el Amway Arena, que es el pabellón donde juegan al baloncesto los Orlando Magic. Por lo visto van a demoler el lugar y nuestro guía consideraba que tener una foto del famoso del sitio llegaría a ser toda una reliquia.
NBA
Después nos desplazamos hasta el down town. Como era domingo no había mucho ambiente pero es un lugar que de noche se transforma. La zona donde se encuentra la Church Street Station es un pequeño centro comercial abierto de estilo victoriano. El espacio que ocupa el down town es muy reducido, una pena que sea de lo poco que se mantenga desde sus orígenes.
Entrando en otro mundo
Nos llevaron después a una zona muy conocida, una de las imágenes típicas de Orlando. El Lago Eola y el parque Thornton, tomado por corredores, gente paseando y ardillas juguetonas.
Para un paseo de ensueño
Hicimos una pausa es un bar restaurante famoso, por lo visto el dueño era el actual ganador del concurso de cocina American Chef, el lugar era una croisantería francesa bastante buena de calidad y de precios. Se encuentra en un barrio de un nivel económico alto, donde la presencia de perros es obligatoria. De hecho, nos contó nuestro guía que, el día de Halloween los protagonistas son los perros.
Luego llegó el viaje en barca por el Winter Park, trayecto de una hora, en la que pasamos por mansiones impresionantes, recorriendo canales y canales. Se le conoce como la Venecia de América.
Grumetes a bordo!!!
Jugando con el agua
Luego fuimos al complejo de Disney, para pasear por su down town y comprar souvenirs en las tiendas. (Merece la pena entrar en la supertienda de imanes de frigorífico). Como es una zona de acceso libre está llena de restaurantes y tiendas, Planet Hollywood, La Casa del Blues, etc.
Nuestro guía nos había hablado de un hotel espectacular. Nos llevó a visitarlo, entramos y lo pudimos comprobar. Se trataba del Hotel Gaylord. En su interior tiene un jardín botánico a lo bestia, con caimanes y algunas especies de la zona.
Un ratito por Disney... pero no vi al pato Donald
¿Y que esto esté en el interior de un hotel?
Para la hora de la comida nos desplazamos hasta la zona más cara de Orlando, Celebration. Un barrio donde a más de uno no le importaría vivir. La gente que vende propiedades por ahí considera que poner un cartel de se vende es restarle categoría a su casa. Más chic es decir: “casa disponible”.
En un mercado de productos orgánicos y artículos diferentes en su calle principal nos entretuvimos y comimos. Y para hacer tiempo hasta la hora de irnos nos dejamos aconsejar por el guía que nos recomendó probar los helados que vendían por allí. Exquisitos. No se equivocó.
Digo yo que aqui celebrarán nuchas cosas, no?
La parada en este barrio fue de dos horas y con esto terminamos el tour. De camino de vuelta fuimos dejando a los clientes en sus diferentes megacomplejos hasta llegar a nuestro humilde motel. Eran las 17:00 cuando regresábamos.
La Internacional Drive estaba plagada de tienda de recuerdos, así que fue buen momento para acordarse de las comprillas. Una vez te metes en una tienda el resto son iguales, pero aun así picamos. Y con más bolsas para meter en la maleta decidimos terminar nuestro día.
Teníamos reservado un tour por la cuidad, parte en minibús y parte en bote.
Para recogernos nos citaron, a las 7:40, en un hotel hasta el que nos tuvimos que desplazar bastante temprano. Fuimos con nuestro coche que dejamos aparcado en una zona de restaurantes en Internacional Drive.

Ya nos estaba esperando un chico bastante simpático con su minibús y unos turistas más. La compañía era GRAY LINE, que por cierto nos pareció muy profesional. No todos los clientes teníamos el mismo tour así que estuvimos recogiendo y dejando a gente hasta que nos quedamos con el grupo con el finalmente pasamos el día. De no ser por nosotros la media de edad hubiese sido de 80 años. Aun así, nuestros compañeros, eran adorables y estuvimos intercambiando con ellos toda clase de información.
El tour nos llevo como primer lugar al Estadio donde se juegan los partidos de fútbol americano, Florida Citrus Bowl. Y siguiendo con la parte deportiva el siguiente punto fue ver el Amway Arena, que es el pabellón donde juegan al baloncesto los Orlando Magic. Por lo visto van a demoler el lugar y nuestro guía consideraba que tener una foto del famoso del sitio llegaría a ser toda una reliquia.

Después nos desplazamos hasta el down town. Como era domingo no había mucho ambiente pero es un lugar que de noche se transforma. La zona donde se encuentra la Church Street Station es un pequeño centro comercial abierto de estilo victoriano. El espacio que ocupa el down town es muy reducido, una pena que sea de lo poco que se mantenga desde sus orígenes.

Nos llevaron después a una zona muy conocida, una de las imágenes típicas de Orlando. El Lago Eola y el parque Thornton, tomado por corredores, gente paseando y ardillas juguetonas.

Hicimos una pausa es un bar restaurante famoso, por lo visto el dueño era el actual ganador del concurso de cocina American Chef, el lugar era una croisantería francesa bastante buena de calidad y de precios. Se encuentra en un barrio de un nivel económico alto, donde la presencia de perros es obligatoria. De hecho, nos contó nuestro guía que, el día de Halloween los protagonistas son los perros.
Luego llegó el viaje en barca por el Winter Park, trayecto de una hora, en la que pasamos por mansiones impresionantes, recorriendo canales y canales. Se le conoce como la Venecia de América.


Luego fuimos al complejo de Disney, para pasear por su down town y comprar souvenirs en las tiendas. (Merece la pena entrar en la supertienda de imanes de frigorífico). Como es una zona de acceso libre está llena de restaurantes y tiendas, Planet Hollywood, La Casa del Blues, etc.
Nuestro guía nos había hablado de un hotel espectacular. Nos llevó a visitarlo, entramos y lo pudimos comprobar. Se trataba del Hotel Gaylord. En su interior tiene un jardín botánico a lo bestia, con caimanes y algunas especies de la zona.


Para la hora de la comida nos desplazamos hasta la zona más cara de Orlando, Celebration. Un barrio donde a más de uno no le importaría vivir. La gente que vende propiedades por ahí considera que poner un cartel de se vende es restarle categoría a su casa. Más chic es decir: “casa disponible”.
En un mercado de productos orgánicos y artículos diferentes en su calle principal nos entretuvimos y comimos. Y para hacer tiempo hasta la hora de irnos nos dejamos aconsejar por el guía que nos recomendó probar los helados que vendían por allí. Exquisitos. No se equivocó.

La parada en este barrio fue de dos horas y con esto terminamos el tour. De camino de vuelta fuimos dejando a los clientes en sus diferentes megacomplejos hasta llegar a nuestro humilde motel. Eran las 17:00 cuando regresábamos.
La Internacional Drive estaba plagada de tienda de recuerdos, así que fue buen momento para acordarse de las comprillas. Una vez te metes en una tienda el resto son iguales, pero aun así picamos. Y con más bolsas para meter en la maleta decidimos terminar nuestro día.