Despertamos nuestro último día en Orlando a las 7:30 y con varias opciones en la manga.
Podíamos ir a otro de los parques de atracciones, como Disney, pero supondría una pena solo estar un día cuando la entrada te ofrece un segundo día gratis.
Otra opción era ir a un parque acuático, como SeaWorld o Wet´n Wild, porque el tiempo era bastante bueno y apetecía darse un chapuzón, la pega era el precio de la entrada junto con el parking, comida y souvenirs se nos iría de las manos.
Tampa también era propuesta, pero las horas de conducción echaban para atrás teniendo al día siguiente el traslado a Miami.
O podíamos hacer la ruta de los Ross que nos quedaban por descubrir.
No tuvimos que pensarlo mucho y tras desayunar tardamos unos 30 minutos en llegar al destino. Una vez que entras en un Ross te parecen que todos tienen la misma mercancía, pero ni mucho menos, sino que se lo pregunten a la que salió contenta de allí con ropa para casi toda la familia.
En cuanto a artículos de cocina son varias las tiendas que te encuentras repletas de artilugios que solo los americanos pueden tener. Ya nos habíamos hecho anteriormente con moldes y cortapastas curiosos, pero si veíamos algo más no le haríamos ascos.
Pensando que la cadena de almacenes Depot Home era una de ellas, la visitamos aprovechando que quedaba cerca. Pero nada que ver. Era el Leroy Merlin de allí. Aun así entramos y curioseamos un poco.
Por ser la última ruta en Orlando queríamos comer “decentemente”. Evitando en todo lo posible las hamburguesas o perritos. De los múltiples folletos que habíamos ido recopilando un anuncio nos llamó la atención, era un restaurante de marisco y cangrejos tipo “come todo lo que puedas”. ¿Todo lo que puedas de marisco?. ¡Teníamos que ir! Además lo teníamos al lado de casa. Era el plan perfecto. Comida a tuttiplen y siesta.
Pero al llegar, chasco, estaba cerrado. Abría partir de las 16:00 y nuestra hambre no podía aguantar. Recordando que el día anterior, al pasar por Internacional Drive para dejar el coche, vimos un montón de restaurantes probamos suerte.
Un cartel en la carretera nos desvió haciéndonos llegar a Bogard´s, un restaurante de buena calidad, donde servían marisco y con una decoración diferente. (Dos tuberías expulsaban agua a modo de fuente a un lado de su terraza). Antes que nos llegase la duda ya estábamos sentados y atendidos por un personal superatento.
Que tiemble el marisco que mi estómago ruge con fuerza!!!
Uno que se concentra a la hora de comer
Nada de carta, queríamos marisco. Nuestra comida fue a base de Gambas Rosas, Patas de Cangrejos y Ensalada César. Quedamos satisfechos por la comida, el servicio y el precio. Junto con la propina nos salió por 70$. Después de lo mal que nos habíamos estado alimentando, nuestro estómago lo agradeció.
Este restaurante se encuentra justo enfrente de la casa de Believe It or Not! Nosotros ni nos paramos porque ya lo habíamos visitado en Los Ángeles.
Deberían revisar los cimientos
La hora de la siesta nos llegó sin poder evitarlo. Pero tuvimos que volver a la realidad para preparar la maleta y recoger las cosas. Compramos algo de provisiones para el viaje que teníamos hasta Miami y nos dormimos repasando las cosas que queríamos hacer en la cuidad que nunca descansa.
Podíamos ir a otro de los parques de atracciones, como Disney, pero supondría una pena solo estar un día cuando la entrada te ofrece un segundo día gratis.
Otra opción era ir a un parque acuático, como SeaWorld o Wet´n Wild, porque el tiempo era bastante bueno y apetecía darse un chapuzón, la pega era el precio de la entrada junto con el parking, comida y souvenirs se nos iría de las manos.
Tampa también era propuesta, pero las horas de conducción echaban para atrás teniendo al día siguiente el traslado a Miami.
O podíamos hacer la ruta de los Ross que nos quedaban por descubrir.
No tuvimos que pensarlo mucho y tras desayunar tardamos unos 30 minutos en llegar al destino. Una vez que entras en un Ross te parecen que todos tienen la misma mercancía, pero ni mucho menos, sino que se lo pregunten a la que salió contenta de allí con ropa para casi toda la familia.
En cuanto a artículos de cocina son varias las tiendas que te encuentras repletas de artilugios que solo los americanos pueden tener. Ya nos habíamos hecho anteriormente con moldes y cortapastas curiosos, pero si veíamos algo más no le haríamos ascos.
Pensando que la cadena de almacenes Depot Home era una de ellas, la visitamos aprovechando que quedaba cerca. Pero nada que ver. Era el Leroy Merlin de allí. Aun así entramos y curioseamos un poco.
Por ser la última ruta en Orlando queríamos comer “decentemente”. Evitando en todo lo posible las hamburguesas o perritos. De los múltiples folletos que habíamos ido recopilando un anuncio nos llamó la atención, era un restaurante de marisco y cangrejos tipo “come todo lo que puedas”. ¿Todo lo que puedas de marisco?. ¡Teníamos que ir! Además lo teníamos al lado de casa. Era el plan perfecto. Comida a tuttiplen y siesta.
Pero al llegar, chasco, estaba cerrado. Abría partir de las 16:00 y nuestra hambre no podía aguantar. Recordando que el día anterior, al pasar por Internacional Drive para dejar el coche, vimos un montón de restaurantes probamos suerte.
Un cartel en la carretera nos desvió haciéndonos llegar a Bogard´s, un restaurante de buena calidad, donde servían marisco y con una decoración diferente. (Dos tuberías expulsaban agua a modo de fuente a un lado de su terraza). Antes que nos llegase la duda ya estábamos sentados y atendidos por un personal superatento.


Nada de carta, queríamos marisco. Nuestra comida fue a base de Gambas Rosas, Patas de Cangrejos y Ensalada César. Quedamos satisfechos por la comida, el servicio y el precio. Junto con la propina nos salió por 70$. Después de lo mal que nos habíamos estado alimentando, nuestro estómago lo agradeció.
Este restaurante se encuentra justo enfrente de la casa de Believe It or Not! Nosotros ni nos paramos porque ya lo habíamos visitado en Los Ángeles.

La hora de la siesta nos llegó sin poder evitarlo. Pero tuvimos que volver a la realidad para preparar la maleta y recoger las cosas. Compramos algo de provisiones para el viaje que teníamos hasta Miami y nos dormimos repasando las cosas que queríamos hacer en la cuidad que nunca descansa.