Jueves, 7 de marzo. West Yellowstone.
Es el día sin plan. Un día que dejé en medio sin nada que hacer aparentemente para improvisar un poco, dependiendo de cómo han ido los días anteriores.
Hoy no tengo planeado entrar al Parque Yellowstone. Tras la excursión en coche de ayer, y el regreso infernal, no tengo ganas de coger el coche de nuevo. Además mañana salgo en ruta hacia Chicago así que prefiero descansar del coche.
Así que si no voy a entrar al parque, ni voy a salir en coche, el plan es quedarse todo el día en este pueblo o hacer algo.
¿qué se puede hacer en un pueblo dejado de la mano de Dios en medio de una montaña nevada...?
¡¡¡SNOWMOBILE!!!
uséase, moto de nieve.
Durante la temporada invernal (que es laaaarga aquí) el medio de transporte más usado es la moto de nieve, y puedes alquilar durante unas horas una con equipación completa y recorrer las decenas de kilómetros de pistas que tienen preparadas en las montañas que rodean el pueblo.
Obviamente, dentro del parque NO se puede hacer el cafre tú solo y solo puedes entrar con guía (hay tours en moto de nieve). Pero fuera del parque hay mucha más montaña y lo tienen todo perfectamente organizado.
Alquilas una moto de nieve con un depósito lleno y el equipo completo: mono, botas, casco...
Unas nociones básicas de conducción (es como una moto normal, pero sin ruedas) y al monte!!
Para orientarte te dan un mapa bastante cutre (una fotocopia) con los puntos importantes. Hay una serie de caminos marcados y señalizados, con un número en cada cruce. Así tú vas desde el cruce 1 al 7, de ahí puedes ir al 15, y vuelves por el 22, el 9 y el 3, por ejemplo. Y también puedes preguntar, que hay mucha gente haciendo estas rutas.
Para moverte por estos caminos debes tener tres cosas en cuenta: Una, la gasolina. Vigilar que no te quedes sin combustible en medio del monte. Dos, el tiempo. Esto se disfruta con buen tiempo. si dan malo, mejor no salir. Y tres, el circuito. Estas motos corren mucho (aunque supuestamente tienes un límite) y el trazado es sinuoso y la nieve no es buen firme.
Por estos circuitos me pasé unas seis horas en total, de nueve de la mañana a tres de la tarde, parada para comer incluida. Es lo que me ha durado el depósito de combustible, y también debo decir que cansa mucho, sobre todo a los brazos porque el manillar no deja de dar golpes y debes corregir el trazado continuamente.
Lo mejor de esta actividad, la adrenalina que sueltas, el vértigo de correr sobre la nieve (toda una experiencia nueva para mi), el paisaje...
La anécdota: Me paré cerca del mediodía en una zona de descanso junto a un río y había un par de vejetes cada uno con su moto de nieve, y uno traía una barbacoa portátil en un remolque!! el otro tenía un montón de comida preparada para poner al fuego.
Al rato aparecieron como una veintena de jubilados más, cada uno en su moto y se reunieron con los otros dos. Se habían reunido para pasar el día juntos haciendo un picnic, solo que a varios grados bajo cero y en moto de nieve...
Al verme a mí solo, me preguntaron; y al explicarles cómo había llegado allí, no me dejaron irme sin quedarme a comer antes con ellos. Se interesaron mucho por mi historia y me ofrecieron cantidades ingentes de hamburguesas, perritos, chips, galletas y patatas fritas (todo muy saludable para un jubilado, y para mi)
Pasé un rato muy pero que muy agradable con una gente muy amable.
Pero como todo lo bueno en la vida, ésto se acaba. Mañana comienza la segunda parte de mi viaje: el largo camino desde Yellowstone hasta Chicago.
Vuelvo al bullicio y animación de las concurridas calles de West Yellowstone...