Por fin llega el gran día, para mí el más esperado de todo el viaje. Nos plantamos en la recepción del hotel a las 4.30 de la mañana. Nos dan unas linternas. Va llegando gente de fuera del hotel y sobre las 5 (o quizá algo antes) vamos hacia el templo. No vamos por la entrada normal, sinó a través de los jardines del hotel, que es la entrada a Borobudur que usaremos más tarde también. Los clientes del hotel tienen el acceso diferente al público en general!
Esta completamente oscuro. Pasamos el control de la entrada y empezamos a subir. ¿Es enorme! Aun sin luz, puedo ver relieves preciosos, pero eso vendrá luego. Ahora toca subir hasta arriba y esperar la salida del sol, acompañados por el canto de las mezquitas que llevan así sin parar casi 12 horas.
Sinceramente, dudé bastante sobre si hacer o no esta visita. No es barata y pensaba que, pudiendo ver el templo después, no hacía falta gastar dinero extra en ver la salida del sol desde allí. A fin de cuentas, el sol sale más o menos igual en todos sitios… Pero no me arrepiento. Fue precioso: la niebla y las nubes le dan un aspecto muy diferente al que tiene durante el día, con la luz y el sol. Éramos poca gente y hablábamos todos bajito.
Nos quedamos bastante rato, pero cuando la luz del sol ya era bastante fuerte, volvimos al hotel a desayunar. La gente que hace la excursión sin estar alojada en el hotel también tiene incluido un refrigerio: café, te, agua y unos pastelitos. Además, te regalan un pañuelo de Borobudur. Nosotros nos fuimos al bufet.
El templo desde los jardines del hotel
Después de un desayuno reparador, volvimos al templo. Yo iba preparada para verlo lleno de gente. Había visto fotos y leído comentarios en el foro, así que me esperaba lo peor. Pero no había tenido en cuenta que era Idul Fitri. Casi nadie sale ese día de casa. Los primeros “pisos” de Borobudur los vimos absolutamente vacíos. Nadie. Al llegar arriba, y como ya era algo más tarde, había gente, pero nada de aglomeraciones. La mayoría de fotos las tengo sin gente. Un extra con el que no contábamos, pero que fue muy bienvenido. Así, lo que yo creía al principio que podía ser un problema para nuestro viaje (viajar en los últimos días del Ramadán), estaba siendo de momento un punto a favor.
Estuvimos algo más de cuatro horas dando vueltas, haciendo fotos y mirando a todos lados. Supongo que puede visitarse en menos tiempo, pero tengo claro que estamos algo “enfermos de templos”: mirábamos cada detalle, cada relieve y casi cada piedra. Y en Borobudur hay mucho de todo eso. Además, no solo es espectacular el templo: los paisajes que lo rodean son preciosos.
Borobudur completamente vacío
Las escaleras de subida: también vacías
Bajamos a comer. Estábamos tan cansados que nos quedamos en el hotel. Después, siesta, algo de lectura, organizamos las fotos (¿Cómo se pueden hacer tantas fotos en tan pocos días?), vemos un documental sobre Borobudur en la sala de actos, damos una vuelta por los jardines del hotel, salimos a comprar bebidas a las tiendecitas de al lado y volvemos a cenar en el Manohara. Era lo único abierto cerca. Las dos guesthouses que hay al lado están cerradas por la fiesta y no nos apetece ir más lejos.
Nos acostamos temprano. Hoy hemos madrugado mucho y mañana otra vez repetimos horario: vamos a ver salir el sol a Mahitan.
Esta completamente oscuro. Pasamos el control de la entrada y empezamos a subir. ¿Es enorme! Aun sin luz, puedo ver relieves preciosos, pero eso vendrá luego. Ahora toca subir hasta arriba y esperar la salida del sol, acompañados por el canto de las mezquitas que llevan así sin parar casi 12 horas.
Sinceramente, dudé bastante sobre si hacer o no esta visita. No es barata y pensaba que, pudiendo ver el templo después, no hacía falta gastar dinero extra en ver la salida del sol desde allí. A fin de cuentas, el sol sale más o menos igual en todos sitios… Pero no me arrepiento. Fue precioso: la niebla y las nubes le dan un aspecto muy diferente al que tiene durante el día, con la luz y el sol. Éramos poca gente y hablábamos todos bajito.
Nos quedamos bastante rato, pero cuando la luz del sol ya era bastante fuerte, volvimos al hotel a desayunar. La gente que hace la excursión sin estar alojada en el hotel también tiene incluido un refrigerio: café, te, agua y unos pastelitos. Además, te regalan un pañuelo de Borobudur. Nosotros nos fuimos al bufet.
Después de un desayuno reparador, volvimos al templo. Yo iba preparada para verlo lleno de gente. Había visto fotos y leído comentarios en el foro, así que me esperaba lo peor. Pero no había tenido en cuenta que era Idul Fitri. Casi nadie sale ese día de casa. Los primeros “pisos” de Borobudur los vimos absolutamente vacíos. Nadie. Al llegar arriba, y como ya era algo más tarde, había gente, pero nada de aglomeraciones. La mayoría de fotos las tengo sin gente. Un extra con el que no contábamos, pero que fue muy bienvenido. Así, lo que yo creía al principio que podía ser un problema para nuestro viaje (viajar en los últimos días del Ramadán), estaba siendo de momento un punto a favor.
Estuvimos algo más de cuatro horas dando vueltas, haciendo fotos y mirando a todos lados. Supongo que puede visitarse en menos tiempo, pero tengo claro que estamos algo “enfermos de templos”: mirábamos cada detalle, cada relieve y casi cada piedra. Y en Borobudur hay mucho de todo eso. Además, no solo es espectacular el templo: los paisajes que lo rodean son preciosos.
Bajamos a comer. Estábamos tan cansados que nos quedamos en el hotel. Después, siesta, algo de lectura, organizamos las fotos (¿Cómo se pueden hacer tantas fotos en tan pocos días?), vemos un documental sobre Borobudur en la sala de actos, damos una vuelta por los jardines del hotel, salimos a comprar bebidas a las tiendecitas de al lado y volvemos a cenar en el Manohara. Era lo único abierto cerca. Las dos guesthouses que hay al lado están cerradas por la fiesta y no nos apetece ir más lejos.
Nos acostamos temprano. Hoy hemos madrugado mucho y mañana otra vez repetimos horario: vamos a ver salir el sol a Mahitan.