Nuestro vuelo hacia Chicago salía el sábado a las 10:25 de la mañana así que este año decidimos irnos la tarde antes hacia Madrid y coger un hotel cerca del aeropuerto.
Llegamos con tiempo más que suficiente al aeropuerto de Los Rodeos, embalamos nuestras maletas, facturamos y pasamos los controles sin ningún problema. Unos días antes del vuelo, llamé a Iberia ya que el vuelo hacia Chicago iba a ser operado por ellos pero nuestros billetes eran de American Airlines. Tenía la duda de si iba a poder facturar nuestras maletas esa misma noche para no tener que cargar con ellas hasta el hotel y tener que madrugar en exceso al día siguiente. Por suerte, podríamos facturarlas al llegar a Madrid y “olvidarnos” de ellas hasta llegar a Chicago.
Del vuelo hacia Madrid con Iberia poco que decir: el peaje de 2 horas y media de rigor que nos toca tragar siempre que queremos viajar agravado por los peques del asiento de atrás cuya diversión era pegar patadas a nuestros asientos. El vuelo salió puntual a las 17:55 desde Tenerife Norte.
A nuestra llegada a Madrid, pasadas las 9:30 de la noche, recogimos nuestro equipaje y a buscar nuevamente los mostradores de Iberia para facturar. Allí ya nos dieron la primera “buena” noticia: si queríamos elegir asientos para estar todos juntos teníamos que pagar 40 € de nada cada uno. Así que nos encomendamos al orden aleatorio de asignación de Iberia: 2 juntos y las otras 3 personas “sueltas” por el avión. El llevar 2 localizadores no afectó en nada, ya que ni siquiera las 4 personas que iban en el mismo localizador, viajaron juntas.
Seguimos las indicaciones para llegar a la zona de Shuttle del aeropuerto por donde pasan los distintos hoteles recogiendo a los huéspedes. Supongo que todos funcionarán igual: llamas al hotel informando de que estás esperando en la zona de recogida y van a buscarte. Yo tengo asumido que la paciencia no es una de mis virtudes, pero es que tardaron 25 minutos en venir a buscarnos después de 2 llamadas al hotel.
Para cuando llegamos al hotel, hicimos el check-in (nos apuntamos también en la lista para ir al aeropuerto por la mañana ya que el shuttle sale a unas horas concretas) y dejamos las cosas en nuestras habitaciones era ya bastante tarde y todavía teníamos que cenar. En recepción nos recomendaron un italiano cercano al que llegamos por los pelos. Solo se podía pedir pizzas que pagamos a precio de oro, al menos comparado con el precio de una pizza en Tenerife. 75,85€ por 5 pizzas y 5 refrescos.
Por cierto, que a estas alturas ya me había llevado el primer susto. Al hacer el check-in en el hotel intenté usar la tarjeta que tenía prevista para los hoteles y me pidieron el PIN. Nunca me lo habían pedido antes y no recordaba que hubiera sido necesario en los años anteriores así que no lo recordaba. Por suerte, mi cuñada estaba despierta y tenía llave de casa para entrar y buscarme el dichoso número secreto. Pagué la cena con la tarjeta para comprobar que ese era el número y pude respirar tranquila. No me volvieron a pedir más el número durante todo el viaje.
Después de la cena, vuelta al hotel, duchita y a descansar.
Llegamos con tiempo más que suficiente al aeropuerto de Los Rodeos, embalamos nuestras maletas, facturamos y pasamos los controles sin ningún problema. Unos días antes del vuelo, llamé a Iberia ya que el vuelo hacia Chicago iba a ser operado por ellos pero nuestros billetes eran de American Airlines. Tenía la duda de si iba a poder facturar nuestras maletas esa misma noche para no tener que cargar con ellas hasta el hotel y tener que madrugar en exceso al día siguiente. Por suerte, podríamos facturarlas al llegar a Madrid y “olvidarnos” de ellas hasta llegar a Chicago.
Del vuelo hacia Madrid con Iberia poco que decir: el peaje de 2 horas y media de rigor que nos toca tragar siempre que queremos viajar agravado por los peques del asiento de atrás cuya diversión era pegar patadas a nuestros asientos. El vuelo salió puntual a las 17:55 desde Tenerife Norte.
A nuestra llegada a Madrid, pasadas las 9:30 de la noche, recogimos nuestro equipaje y a buscar nuevamente los mostradores de Iberia para facturar. Allí ya nos dieron la primera “buena” noticia: si queríamos elegir asientos para estar todos juntos teníamos que pagar 40 € de nada cada uno. Así que nos encomendamos al orden aleatorio de asignación de Iberia: 2 juntos y las otras 3 personas “sueltas” por el avión. El llevar 2 localizadores no afectó en nada, ya que ni siquiera las 4 personas que iban en el mismo localizador, viajaron juntas.
Seguimos las indicaciones para llegar a la zona de Shuttle del aeropuerto por donde pasan los distintos hoteles recogiendo a los huéspedes. Supongo que todos funcionarán igual: llamas al hotel informando de que estás esperando en la zona de recogida y van a buscarte. Yo tengo asumido que la paciencia no es una de mis virtudes, pero es que tardaron 25 minutos en venir a buscarnos después de 2 llamadas al hotel.
Para cuando llegamos al hotel, hicimos el check-in (nos apuntamos también en la lista para ir al aeropuerto por la mañana ya que el shuttle sale a unas horas concretas) y dejamos las cosas en nuestras habitaciones era ya bastante tarde y todavía teníamos que cenar. En recepción nos recomendaron un italiano cercano al que llegamos por los pelos. Solo se podía pedir pizzas que pagamos a precio de oro, al menos comparado con el precio de una pizza en Tenerife. 75,85€ por 5 pizzas y 5 refrescos.
Por cierto, que a estas alturas ya me había llevado el primer susto. Al hacer el check-in en el hotel intenté usar la tarjeta que tenía prevista para los hoteles y me pidieron el PIN. Nunca me lo habían pedido antes y no recordaba que hubiera sido necesario en los años anteriores así que no lo recordaba. Por suerte, mi cuñada estaba despierta y tenía llave de casa para entrar y buscarme el dichoso número secreto. Pagué la cena con la tarjeta para comprobar que ese era el número y pude respirar tranquila. No me volvieron a pedir más el número durante todo el viaje.
Después de la cena, vuelta al hotel, duchita y a descansar.