Salimos a la calle y comprobamos que por la noche había llovido. Las calles mojadas así lo atestiguaban pero de momento, aunque el cielo seguía nublado, no caía ni una gota. Bueno, una vez en la calle entraba la duda ¿Cómo hacer que la visita a una ciudad que conocíamos bastante fuese divertida y nueva? Parecía una faena complicada, pero teníamos algunos lugares pendientes de visitar, así que intenté compaginar una ruta que abarcara esas zonas no visitadas con las zonas de obligada visita.
Primero nos dirigimos a los jardines del Palais Royal que aunque también lo teníamos muy cerca del hotel en nuestra anterior visita, no tuvimos tiempo para pasarnos por allí. Un buen inicio, los jardines están muy cuidados y resulta muy agradable pasear tranquilamente entre los edificios uniformes que encorsetan elegantemente a los jardines. Unos pórticos delimitan los laterales con restaurantes, anticuarios y variedad de tiendas caras.
Primero nos dirigimos a los jardines del Palais Royal que aunque también lo teníamos muy cerca del hotel en nuestra anterior visita, no tuvimos tiempo para pasarnos por allí. Un buen inicio, los jardines están muy cuidados y resulta muy agradable pasear tranquilamente entre los edificios uniformes que encorsetan elegantemente a los jardines. Unos pórticos delimitan los laterales con restaurantes, anticuarios y variedad de tiendas caras.
Salimos de la zona por uno de estos pórticos que nos condujo a la Comédie Française, el teatro Nacional de Francia, justo al lado de esta curiosa entrada del metro.
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Para una estancia tan corta de tiempo es preferible desestimar la visita a los museos, más aun si el museo es un gigante como el Louvre y ya se ha realizado la visita con anterioridad, pero eso no nos privaba de entrar al patio de las Pirámides de Cristal, ya que no se necesita ningun pase para visitarlas.
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El bullicio aun no se había apoderado de la zona, así es que nos pudimos entretener tranquilamente. Como había unas zonas que eran ideales para colocar el trípode y cámara y así podernos retratar directamente, nos pusimos tan campantes a la espera del disparo automático. Bueno, al menos conseguimos fotografiar una de las paredes del Palacio antes de que la cámara cayese irremediablemente al suelo. Menudo faenón. Por suerte no se había roto y tras una revisión y secado posterior la pudimos salvar. No sabéis el mal rato que pasamos.
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Una vez conseguida la foto sin más incidencias seguimos la ruta en dirección los Jardines de las Tuileries, pasando antes bajo el Arco del Triunfo del Carrusel, donde antiguamente Napoleón hizo colocar los caballos que habíamos visto el verano anterior en la Basílica de San Marco de Venecia. Este arco es más pequeño que el de los Campos Elíseos pero está muy bien conjuntado con el entorno. A lo lejos, entre la espesa niebla, se podía ver tímidamente la Torre Eiffel. Deseamos que por la tarde la pudiésemos ver mejor y continuamos nuestro paseo por otra de las zonas que no habíamos podido degustar con tranquilidad, el Jardín de las Touleries.
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Parecía que el tiempo nos quería dar guerra y empezaron a caer débilmente unas gotas. Por suerte duraron poco y no tuvimos que sacar los paraguas. Los que no estamos acostumbrado a tener jardines en nuestra ciudad nos sorprende poderosamente estas zonas ajardinadas que los franceses miman con tan detenimiento, así es que degustamos este paseo con especial ilusión. A lo lejos, el Obelisco y el Arco del Triunfo parecían estar uno al lado del otro, curioso efecto óptico este.
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Curiosamente encontramos gaviotas sobre algunas de las esculturas allí dispuesta. Sí, sí, gaviotas, o eso nos pareció. Si hay un ornitólogo que nos lo confirme. De momento tenéis aquí la foto para que cada cual decida de que ave se trata.
A mitad del parque torcimos a la derecha para encaminarnos hacia otro lugar que no habíamos visitado, la Place Vandome con sus joyerías y tiendas caras que la envuelven en una áurea de exclusividad al alcance de pocos. Esta vez comprobé que el trípode estaba bien colocado antes de dejar la cámara sobre una de las estructuras de la plaza. Nos habían hablado grandezas de la Place Vandome. Yo personalmente abogo por la Place des Vosges en el Marais. Completamos la ruta de por esta zona tan cara con el paseo delante de la impresionante Ópera Garnier y de la majestuosa iglesia de la Madeleine.
A mitad del parque torcimos a la derecha para encaminarnos hacia otro lugar que no habíamos visitado, la Place Vandome con sus joyerías y tiendas caras que la envuelven en una áurea de exclusividad al alcance de pocos. Esta vez comprobé que el trípode estaba bien colocado antes de dejar la cámara sobre una de las estructuras de la plaza. Nos habían hablado grandezas de la Place Vandome. Yo personalmente abogo por la Place des Vosges en el Marais. Completamos la ruta de por esta zona tan cara con el paseo delante de la impresionante Ópera Garnier y de la majestuosa iglesia de la Madeleine.
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Desde la Madeleine se tiene visión preciosa con la placa de la Concorde, la Assemblée Nationale y el Dome como telón de fondo, así pues no dejamos tentar un rato por esta vista tan agradable.
Retomanos el paseo hacia el Palais de l’Elysée y así poder ver de cerca una de las zonas de m´sa poder de La France. Bueno, de cerca es una utopía porque tienes que mirarte la fachada desde la acera delantera, y aun así tienes que driblar a los policías de paisano que vigilan la zona. Y es que los policías de la secreta curiosamente no pasean desapercibidos. Había uno de ellos que si se llega a dedicar al baloncesto Pau Gasol no hubiese rascado bola bajo tablero. Pedazo armario, como para montar un cirio y que te salga este corriendo detrás de ti. Al parecer se esperaba visita en palacio, ya que también había periodistas con sus cámaras haciendo guardia.
Retomanos el paseo hacia el Palais de l’Elysée y así poder ver de cerca una de las zonas de m´sa poder de La France. Bueno, de cerca es una utopía porque tienes que mirarte la fachada desde la acera delantera, y aun así tienes que driblar a los policías de paisano que vigilan la zona. Y es que los policías de la secreta curiosamente no pasean desapercibidos. Había uno de ellos que si se llega a dedicar al baloncesto Pau Gasol no hubiese rascado bola bajo tablero. Pedazo armario, como para montar un cirio y que te salga este corriendo detrás de ti. Al parecer se esperaba visita en palacio, ya que también había periodistas con sus cámaras haciendo guardia.
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Después de esta breve visita tocaba llegarnos a la plaza de la Concordia. Bordeamos l’Elysée hasta llegar a jardines de los Campos Elíseos. El trote que acumulábamos empezaba a hacerse sentir en nuestras piernas. También urgía encontrar un WC, pero en estas ciudades no hay manera de encontrar uno cuando lo necesitas. Hombre, es que podrían poner algún cartelito indicativo, sino la gente luego se ve obligada a aliviar la carga en cualquier sitio... eh!!! que es coña ¿eh?
Llegamos por fin a la Place de la Concorde.. Si hay un lugar en París donde no sabes hacia dónde mirar es precisamente esta plaza. La Concorde vendría a ser el centro (¡y que centro!) del una cruz que tiene sus extremos embellecidos por algunos de los más destacados iconos de la ciudad. Hacia un lado la Madeleine, en el lado opuesto El Palacio Borbón o Asamblea Popular acompañada a lo lejos por la impresionante cúpula dorada del Domé. Y e la otra dirección de la Cruz, por un lado el Arco del Triunfo y, por el otro, les Touleries antesala del Louvre. La Concorde como centro de esta imaginaría cruz, no se queda al margen de tanta belleza y aporta , el Óbelisco Egipcio de Luxor y sus magnificas fuentes doradas que en combinación con las farolas decorativas hacen de este un lugar destacado en la geografía parisina. También desde aquí se puede ver a la Torre Eiffel asomando detrás de los árboles de los jardines de los Champs Elisées. ¿Qué más se puede pedir?
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Dedicamos un buen rato a fotografiar la zona y a contemplar con detenimiento los alrededores. Si bien es un lugar muy bonito, también está desprotegido al viento, ya que queda bastante lejos de los edificios más cercanos, así es que el frio nos cogió desprevenidos. Retomamos la ruta para a ver si caminando volvíamos a entrar en calor. Nos dirigimos hacia el Sena en dirección al, también dorado, Puente de Alejandro III. A diferencia de la visita anterior, optamos por pasar por los muelles del Sena y así tener una visión distinta. Desde esta zona se puede contemplar el Dome, el Puente y la Torre Eiffel. Una combinación genial que pudimos disfrutar en total soledad ya que no había un lma. En el mulle.
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Tras subir las escaleras llegamos al Puente de Alejandro y nos dedicamos a hacer las fotos de rigor. Como diría el poeta, teníamos el Domé y el Hotel de los inválidos a un lado, el Grand y el Petit Palais, al otro y a nuestra frente la Torre Eiffel.
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¿Hacia dónde ir? Eran dos lugares que ya conocíamos, por eso nos decantamos por ir en dirección al Domé pero tomar el metro en Invalides para llegarnos a St-Germain-Des-Prés y así conocer la parte de este barrio más alejada del Sena que es lo que conocíamos de la anterior visita.
Así que por primera vez en el día, y segunda desde que estábamos en París, tomamos el metro para perder el menor tiempo posible y de paso rehacernos definitivamente del frío que nos había invadido en la Concorde.
La idea era conocer un poco el centro St-Germain-des-Prés ya que nos venía de paso hacia el St Sulpice y los Jardines de Luxemburgo. Al salir de la Estación de Mabillon.
Pudimos ver que una de las calles daba directamente al St Sulpice, así que teniendo claro cual sería el camino de retorno, nos dirigimos hacia la zona que donde se encuentra la iglesia que da nombre al barrio. Al parecer nos encontrábamos en el centro de encuentro de los filósofos y de los literatos franceses. También esta zona había sido la preferida de los revolucionarios del mayo del 68, y como no podía ser de otra forma, intentaban arreglar los problemas del mundo desde los salones y terrazas de los bares de la zona. Así es que mires donde mires te encuentras inevitablemente con un café. Al parecer en Les Deux Magots solía tomar sus cócteles el escritor norteamericano Hemingway. Sí, ya sé, cualquier persona en su sano juicio hubiese ido a tomar también algo en ese café, pero es que ya nos habíamos encontrado con bares frecuentados por Hemingway en La Habana y Venecia y uno acaba por opinar que bar que oteaba el novel americano entraba a tomar sus mejunjes, así que seguir su estela resulta misión imposible.
Así que por primera vez en el día, y segunda desde que estábamos en París, tomamos el metro para perder el menor tiempo posible y de paso rehacernos definitivamente del frío que nos había invadido en la Concorde.
La idea era conocer un poco el centro St-Germain-des-Prés ya que nos venía de paso hacia el St Sulpice y los Jardines de Luxemburgo. Al salir de la Estación de Mabillon.
Pudimos ver que una de las calles daba directamente al St Sulpice, así que teniendo claro cual sería el camino de retorno, nos dirigimos hacia la zona que donde se encuentra la iglesia que da nombre al barrio. Al parecer nos encontrábamos en el centro de encuentro de los filósofos y de los literatos franceses. También esta zona había sido la preferida de los revolucionarios del mayo del 68, y como no podía ser de otra forma, intentaban arreglar los problemas del mundo desde los salones y terrazas de los bares de la zona. Así es que mires donde mires te encuentras inevitablemente con un café. Al parecer en Les Deux Magots solía tomar sus cócteles el escritor norteamericano Hemingway. Sí, ya sé, cualquier persona en su sano juicio hubiese ido a tomar también algo en ese café, pero es que ya nos habíamos encontrado con bares frecuentados por Hemingway en La Habana y Venecia y uno acaba por opinar que bar que oteaba el novel americano entraba a tomar sus mejunjes, así que seguir su estela resulta misión imposible.
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Siguiendo el precepto de disfrutar de París paseando por sus calles, no entramos entrar en la iglesia conformándonos con admirarla desde fuera, aunque a decir verdad no está en lo más destacado de la ciudad. Pasamos por delante del busto que Picasso hizo de su amigo el poeta Apollinaire, quien, según parece, enriquecía las arcas del cercano Café de Flore, y seguimos bordeando la iglesia hasta llegar a una cerca placita de lualpa me había recomendado en el foro. Se trata de Rue de Fürstenberg, una bucólica y minúscula placeta rodeada por edificios, árboles y por un fanal en el centro que le da un aire especial a este pequeño remanso de tranquilidad tan cercano al bullicioso Boulevard St Germain.
Justamente hacia ese Boulevar nos dirigimos luego para alcanzar el St Sulpice. Pero aquí sí hicimos un alto en el camino para entrar en una librería y así poderle comprar un par de libros a nuestro hijo. Tenemos la costumbre de llevarle siempre que podemos algún libro, y aunque no lo encontramos en inglés, vimos que el texto en francés era bastante fácil de entender, así que el peque ya tenía otro regalito.
Llegamos sl St Sulpice pasando por Rue Mabillon, la calle que estaba justo al lado de la estación de metro por la que habíamos llegado a este distrito. Como suele pasar, resulta que parte de la fachada de la iglesia estaba en restauración, pero bueno, ya se sabe... Aun así la fuente de los Cuatro Puntos Cardinales estaba en perfecto estado y funcionamiento, y eso al menos nos compensó un poco.
Llegamos sl St Sulpice pasando por Rue Mabillon, la calle que estaba justo al lado de la estación de metro por la que habíamos llegado a este distrito. Como suele pasar, resulta que parte de la fachada de la iglesia estaba en restauración, pero bueno, ya se sabe... Aun así la fuente de los Cuatro Puntos Cardinales estaba en perfecto estado y funcionamiento, y eso al menos nos compensó un poco.
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Los Jardines de Luxemburgo están cerca del San Sulpice, así que en nada llegamos. Una vez más los jardines de París nos encantaron tan cuidados y bonitos como los tienen, y eso que en esta época del año pocas plantas habían florecido. En primavera pasearse por aquí debe ser genial.
Estos jardines son tan grandes que se puede ver la enorme Torre Montparnasse y hasta la Torre Eiffel sacando la nariz a lo lejos. La gente lo aprovecha para hacer deporte, pasear y hasta para jugar partidas rápidas de ajedrez. Nosotros no nos topamos con los jugadores de ajedrez, seguramente no era la hora más propicia del día para hacer unas partidas.
Estos jardines son tan grandes que se puede ver la enorme Torre Montparnasse y hasta la Torre Eiffel sacando la nariz a lo lejos. La gente lo aprovecha para hacer deporte, pasear y hasta para jugar partidas rápidas de ajedrez. Nosotros no nos topamos con los jugadores de ajedrez, seguramente no era la hora más propicia del día para hacer unas partidas.
Desistimos de ver al completo el recinto ya que la hora de almorzar se acercaba, y porque a estas alturas yo necesitaba con urgencia un lavabo. Así que priorizamos la visita al monumento a Delacroix, el Palacio de Luxemburgo, el lago octogonal y la impresionante fuente de los Medicis. También nos topamos con algunas de las estatuas que están repartidas por los jardines como la de un fauno que está cerca del acceso cercano al Pantheón. Por cierto que la imagen que se tiene del Pantheón desde este parque es genial.
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Al salir comprobé con especial alegría que los franceses han tenido el gran acierto de poner un Mc Donald’s en esta zona, así que di gracias a la providencia y entre a aliviar mi carga. ¡Aaaah! Si es que si no puedo entrar a lavabo de los Mc Donald’s no siento completo un viaje. Eso si, resulta que hay más de uno que comparte esta afición a los WC de la hamburguesería americana y les han puesto un código para poder entrar y que no se cole la gente. ¿Será posible, un fiel seguidor de sus dependencias urinarias como yo se podría quedar sin entrar? Pues no, dio la coincidencia que justo en ese momento salio un chaval y yo me pude colar y completar así mi costumbre viajera más ancestral.
Al salir avanzamos por Rue Soufflot hasta el Pantheón. Decidimos que ya tocaba sentarnos a comer algo y de paso a descansar nuestros frios y fatigados pies. Bordeamos el gigantesco monumento hasta llegar a un par de calles traseras conde comimos a buen precio en nuestra anterior visita. El restaurante al que fuimos estaba cerrado por vacaciones, pero al lado había otro local que por 12 euros te entraban 2 platos.
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Finalizado el receso salimos sin rumbo fijo, pero al ver el cartel de Rue Clovis nuestros pies nos llevaron justo en dirección contraria, y es que allí tuvimos un incidente aéreo remarcable hacia cuatro año. Los que habéis leído el anterior diario de París sabréis a qué me refiero... Por Dios, si al llegar al Pantheón hay un restaurante con nombre premonitorio de lo que te puede pasar “Bombardier”. Ya lo hubiesen podido poner al inicio de la calle Clovis para prevenir y no después, jejeje.
La zona del Pantehón queda encima de una colina, así que pasando por la Universidad de la Sorbona se llega fácilmente hasta el museo del Cluny en unos minutos. Dimos una vuelta por la zona antes de adentrarnos en las bulliciosas calles del corazón del Barrio Latino.
La zona del Pantehón queda encima de una colina, así que pasando por la Universidad de la Sorbona se llega fácilmente hasta el museo del Cluny en unos minutos. Dimos una vuelta por la zona antes de adentrarnos en las bulliciosas calles del corazón del Barrio Latino.
Después de deambular sin rumbo llegamos a la Shekespeare & Co. Esta vez sí pudimos entrar a una de las librerías más caóticamente peculiares del planeta. Imaginad si es especial que tienen un par de camas en el piso superior por si alguien quiere echarse un rato a descansar.
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Esta vez nos pareció que estaba un poco más ordenada que en nuestra anterior visita, claro que a medida que vas adentrándote vas encontrando libros en los lugares más raros que te puedas pensar como un piano amarillo que tienen colocado al lado de las escaleras que te llevan al piso superior. También en la primera planta tienen una pared donde puedes dejar colgados escritos, fotos, dibujos lo que te apetezca. Miré en mi cartera para poner la pegatina del brucelee2000 pegada en el techo pero resulta que me la dejé en el hotel. Vaya contratiempo. Decidimos que si la mañana siguiente daba tiempo pasaríamos de nuevo a colocarla. Al bajar hice una fotografía de Notre-dame desde dentro de la librería ya que la catedral queda casi delante de la misma, pero en la Ile de la Cite, claro.
Ese era nuestro nuevo objetivo, ver la fantástica fachada de la catedral más famosa del mundo y pasar por una zona que siempre viene de gusto pasar cuando vas en pareja y que juntos no habíamos estado, los jardines de Notre-Dame y la Place du JeanXXIII. Desde este pequeño paseo se tiene una visión perfecta de los rosetones y arbotantes de la catedral, así que nos entretuvimos un poco por esta zona bajo la atenta mirada, desde las torres, de las quimeras.
Ese era nuestro nuevo objetivo, ver la fantástica fachada de la catedral más famosa del mundo y pasar por una zona que siempre viene de gusto pasar cuando vas en pareja y que juntos no habíamos estado, los jardines de Notre-Dame y la Place du JeanXXIII. Desde este pequeño paseo se tiene una visión perfecta de los rosetones y arbotantes de la catedral, así que nos entretuvimos un poco por esta zona bajo la atenta mirada, desde las torres, de las quimeras.
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Necesitábamos urgentemente un receso, así que después de tanta caminata y haber hecho tan solo un viaje en metro, fuimos andando en dirección al Pont Neuf para ir en busca del hotel y descansar un rato.