Otro día importante, al levantarnos había unas pocas nubes pero parecía que iban a desaparecer. Hicimos las maletas y lo dejamos todo preparado para salir hacia el norte en cuando bajásemos del helicóptero. Queríamos llegar a las Pancake Rocks sobre las seis de la tarde por motivos que explicaré luego.
El hecho es que en la agencia de vuelos nos acompañaron a la entrada del pueblo, donde tienen unas pistas de despegue de helicópteros. Diez o doce pequeños montículos redondos con una manguera de gasolina al lado; repartidos por una explanada mayor que un campo de futbol. Estos kiwis lo tienen todo muy bien montado.
Esperamos 10 minutos a nuestro aparato mientras veíamos llegar y salir a varios helicópteros. Llegan, baja la gente mientras el piloto reposta y en 3 minutos ya vuelve a tener gente dentro y vuelve a salir, que eficiencia…
Cuando nos llegó el turno salimos volando en dirección al glaciar. Mi primera vez en helicóptero y la primera vez que veía un glaciar de cerca, imaginaros mi cara mientras iba haciendo fotos con la réflex. Gemma se dedicaba a la gopro, gravando todo el trayecto con la cámara sobre el hombro del piloto y alucinando con el paisaje.
El hecho es que en la agencia de vuelos nos acompañaron a la entrada del pueblo, donde tienen unas pistas de despegue de helicópteros. Diez o doce pequeños montículos redondos con una manguera de gasolina al lado; repartidos por una explanada mayor que un campo de futbol. Estos kiwis lo tienen todo muy bien montado.
Esperamos 10 minutos a nuestro aparato mientras veíamos llegar y salir a varios helicópteros. Llegan, baja la gente mientras el piloto reposta y en 3 minutos ya vuelve a tener gente dentro y vuelve a salir, que eficiencia…
Cuando nos llegó el turno salimos volando en dirección al glaciar. Mi primera vez en helicóptero y la primera vez que veía un glaciar de cerca, imaginaros mi cara mientras iba haciendo fotos con la réflex. Gemma se dedicaba a la gopro, gravando todo el trayecto con la cámara sobre el hombro del piloto y alucinando con el paisaje.

Frank Joseph Glacier a vista de pájaro
Bajo nosotros se extendía la lengua de hielo, agrietada en muchos puntos, lisa en otros… Y a medida que subíamos cada vez era más ancha y las montañas que la flanqueaban estaban más llenas de nieve.
Nuestra ruta incluía la subida por el glaciar Frank Joseph, aterrizaje en su inicio, rodeados de montañas y bajada por el glaciar Fox. Gracias a los descuentos de los que os hable antes logramos ahorrarnos 60 kiwi dólares pero aun sin los descuentos lo que se paga vale la pena, nos encantó la excursión. Al aterrizar en lo alto lo que pisamos no era nieve, era hielo granulado. El piloto nos hizo fotos junto al helicóptero y estuvimos 10 minutos paseando entre los picos y haciendo fotos a ese paisaje impoluto.
Nuestra ruta incluía la subida por el glaciar Frank Joseph, aterrizaje en su inicio, rodeados de montañas y bajada por el glaciar Fox. Gracias a los descuentos de los que os hable antes logramos ahorrarnos 60 kiwi dólares pero aun sin los descuentos lo que se paga vale la pena, nos encantó la excursión. Al aterrizar en lo alto lo que pisamos no era nieve, era hielo granulado. El piloto nos hizo fotos junto al helicóptero y estuvimos 10 minutos paseando entre los picos y haciendo fotos a ese paisaje impoluto.

Pista de aterrizaje entre montes nevados
Vuelta al aparato y bajada por el glaciar Fox, con el mar en el horizonte, es increíble lo cerca del océano que están estas lenguas de hielo. Al aterrizar almuerzo consistente mientras comentamos la experiencia y directos al coche porque tenemos un buen rato de carretera por delante.
La primera parada no tardó en hacerse obligada, a pocos kilómetros de Frank Joseph encontramos un lago de aguas transparentes que reflejaba perfectamente el cielo, los árboles y las colinas verdes, rodeado de helechos verdes y anaranjados. Más tarde supimos que se llamaba Mapourika.
Poco después vimos un camino de grava que bordeaba un rio. Decidimos desviarnos para poder hacer una última foto a los montes de donde veníamos y resultó que acabamos en una antigua colonia minera, con los pilares de un derruido puente ferroviario que cruzaba un rio de aguas azules; fotos, fotos…
La primera parada no tardó en hacerse obligada, a pocos kilómetros de Frank Joseph encontramos un lago de aguas transparentes que reflejaba perfectamente el cielo, los árboles y las colinas verdes, rodeado de helechos verdes y anaranjados. Más tarde supimos que se llamaba Mapourika.
Poco después vimos un camino de grava que bordeaba un rio. Decidimos desviarnos para poder hacer una última foto a los montes de donde veníamos y resultó que acabamos en una antigua colonia minera, con los pilares de un derruido puente ferroviario que cruzaba un rio de aguas azules; fotos, fotos…

Lago Mapourika, un espejo perfecto...
Un par de cosas que nos llamaron la atención al acercarnos a la costa fueron los árboles que debido al continuo viento crecían torcidos y también los puentes que la carretera compartía con las vías del ferrocarril, un semáforo en cada extremo del puente paraba el tráfico cuando un tren se acercaba.
Cuando la carretera volvía a juntarse con el mar llegamos ya a Hokitia, un pueblo / ciudad pesquero y donde hay muchas tiendas y talleres del típico jade verde neozelandés. Mucha gente pescando en el delta del rio, en el lugar donde el agua dulce azul cielo se mezclaba con la más oscura del mar de Tasmania. Decidimos comer en un restaurante de amplios ventanales y decoración en madera que nos pareció muy acogedor. Acertamos plenamente, el pescado estaba buenísimo y la ensalada oriental que pedí yo me dejó muy buen sabor de boca.
Cuando la carretera volvía a juntarse con el mar llegamos ya a Hokitia, un pueblo / ciudad pesquero y donde hay muchas tiendas y talleres del típico jade verde neozelandés. Mucha gente pescando en el delta del rio, en el lugar donde el agua dulce azul cielo se mezclaba con la más oscura del mar de Tasmania. Decidimos comer en un restaurante de amplios ventanales y decoración en madera que nos pareció muy acogedor. Acertamos plenamente, el pescado estaba buenísimo y la ensalada oriental que pedí yo me dejó muy buen sabor de boca.

Pescadores de Hokitia
Gemma quería un recuerdo de jade para su madre así que dedicamos un par de horas a recorrer la ciudad, entrando en los variados museos / tiendas que se dedican a esa piedra. Los artesanos que las tallan hacen verdaderas maravillas con ellas, pero evidentemente tienen un precio elevado… Yo desistí muy pronto de comprarme una arma maorí de madera. Todas ellas tienen puntas o filos hechos con jade, pero el tamaño de dichas piedras las hace prohibitivas para nuestro bolsillo.
Gemma acabó comprando 2 colgantes, uno para su madre y otro para ella. A mi mami le compramos una pequeña figurita de jade en forma de Kiwi Bird para que diera el cante en mitad de su colección de pajaritos de cristal.
Y de vuelta al coche puesto que teníamos que llegar a las Pancake Rocks de Punakaiki antes de las 6 de la tarde. Aún tuvimos tiempo de hacer alguna parada más y admirar la furia del mar de Tasmania contra las rocas a pocos metros de la carretera.
Gemma acabó comprando 2 colgantes, uno para su madre y otro para ella. A mi mami le compramos una pequeña figurita de jade en forma de Kiwi Bird para que diera el cante en mitad de su colección de pajaritos de cristal.
Y de vuelta al coche puesto que teníamos que llegar a las Pancake Rocks de Punakaiki antes de las 6 de la tarde. Aún tuvimos tiempo de hacer alguna parada más y admirar la furia del mar de Tasmania contra las rocas a pocos metros de la carretera.

Rabbit Rock en el embravecido Mar de Tasmania
Y cuando faltaban 15 minutos para las 6… llegamos a Punakaiki. Debidamente señalado estaba el paseo circular que te permitía ver las Pancake Rocks y los Blowholes. Un circuito corto, de poco más de 500 metros y que te llevaba por encima de los acantilados. Estas rocas tienen forma de pancakes puestas unas encima de las otras, es decir, tortitas. Es una formación geológica muy particular.
Además en estas rocas calcáreas el mar ha abierto con los siglos agujeros horizontales y verticales que les dan aspecto de quesos gruyere en algunos puntos. Los Blowholes son agujeros verticales que atraviesan la roca como si fuesen chimeneas. Al subir la marea las olas empujan el agua marina por esas estrechas hendiduras y el agua recorre 10 o 15 metros de roca por sus entrañas hasta salir en forma de espuma fina en la parte alta del acantilado. El efecto es muy impresionante y se acompaña del ruido de trueno de las olas al meterse en la roca y del siseo del agua surgiendo a presión por los agujeros.
Además en estas rocas calcáreas el mar ha abierto con los siglos agujeros horizontales y verticales que les dan aspecto de quesos gruyere en algunos puntos. Los Blowholes son agujeros verticales que atraviesan la roca como si fuesen chimeneas. Al subir la marea las olas empujan el agua marina por esas estrechas hendiduras y el agua recorre 10 o 15 metros de roca por sus entrañas hasta salir en forma de espuma fina en la parte alta del acantilado. El efecto es muy impresionante y se acompaña del ruido de trueno de las olas al meterse en la roca y del siseo del agua surgiendo a presión por los agujeros.

Pancakes everywhere...
Nuestra prisa por llegar a las 6 era porque a esa hora la marea alta estaba en su apogeo y las olas del furioso mar de Tasmania chocaban con más fuerza en las rocas y la espuma surgía mas alta por los agujeros. Estuvimos allí más de una hora, haciendo fotos, grabando videos y disfrutando de la naturaleza del lugar y del poder del agua.
Al salir eran las 7 y poco, aún faltaba hora y pico para la puesta de sol y Gemma me dijo que a 50 kms al norte había una colonia de focas y sería más fácil verlas ese día al anochecer que al día siguiente al amanecer. Como teníamos que atravesar toda la isla de Oeste a Este al día siguiente y dudaba que pudiésemos ver esas focas por la mañana… mejor aprovechar el momento y conducir una horita más hasta West Point.
Fue una decisión acertadísima, el GPS nos guió hasta el pueblo de Westport y después seguimos nuestro instinto para atravesar campos y colinas hasta llegar a la playa y los acantilados de la bahía. Llegamos poco antes de la puesta de sol, todo el horizonte rojo y naranja, espuma saltando por encima de las rocas que flanqueaban la Bahía Touranga… De postal. Cerca del mirador había un parking con baños impolutos, y un camino adaptado para sillas de ruedas recorría kilómetros de acantilado hasta llegar al faro de Wesport. La colonia de focas no estaba ni a un kilómetro del parking, a 20 metros por debajo del camino, en las rocas que tocaban el agua. Les hicimos fotos a ellas y a las rocas con la puesta de sol en el horizonte.
Al salir eran las 7 y poco, aún faltaba hora y pico para la puesta de sol y Gemma me dijo que a 50 kms al norte había una colonia de focas y sería más fácil verlas ese día al anochecer que al día siguiente al amanecer. Como teníamos que atravesar toda la isla de Oeste a Este al día siguiente y dudaba que pudiésemos ver esas focas por la mañana… mejor aprovechar el momento y conducir una horita más hasta West Point.
Fue una decisión acertadísima, el GPS nos guió hasta el pueblo de Westport y después seguimos nuestro instinto para atravesar campos y colinas hasta llegar a la playa y los acantilados de la bahía. Llegamos poco antes de la puesta de sol, todo el horizonte rojo y naranja, espuma saltando por encima de las rocas que flanqueaban la Bahía Touranga… De postal. Cerca del mirador había un parking con baños impolutos, y un camino adaptado para sillas de ruedas recorría kilómetros de acantilado hasta llegar al faro de Wesport. La colonia de focas no estaba ni a un kilómetro del parking, a 20 metros por debajo del camino, en las rocas que tocaban el agua. Les hicimos fotos a ellas y a las rocas con la puesta de sol en el horizonte.

Touranga Bay al atardecer
Al salir de allí paramos en Westport a cenar unos bocadillos horribles y volvimos por donde habíamos venido, hasta Punakaiki de nuevo. Fue un milagro encontrar el hotel en mitad de la noche y fue aún más milagroso no matar ningún posum (zarigüeyas) en el camino, tuve que esquivar a varios que cruzaban la carretera al caer la noche.
Caímos rendidos en la cama, menudo día. Diría que el más completo del viaje hasta el momento y con tantas imágenes que procesar que me costó un buen rato dormir. Nueva Zelanda me ha atrapado completamente, no me quiero ir…
Caímos rendidos en la cama, menudo día. Diría que el más completo del viaje hasta el momento y con tantas imágenes que procesar que me costó un buen rato dormir. Nueva Zelanda me ha atrapado completamente, no me quiero ir…