Al despertarnos aún se oía la alarma de incendios en el edificio principal, y todo hacia olor a quemado… El restaurante seguía en pie pero con la segunda planta hecha polvo y estaba el dueño y un par de bomberos para averiguar el origen del fuego. Veredicto: una freidora que no se cerró correctamente fue la que lio el follón. El dueño no parecía muy afectado, supongo que el seguro de incendios lo tenía al día.
Nos tomamos un café y un par de galletas para no subir en el barco de las ballenas con el estómago demasiado lleno. Y cuando llegamos al embarcadero… Había bastante cola y en los paneles electrónicos ponía que todas las salidas de barcos estaban anuladas. Preguntamos el motivo y nos explicaron que las ballenas no estaban hoy en la zona. Se ve que mandan a primera hora un barco a comprobar y si no hay ballenas el resto no sale. Bastante lógico contando con que si en la excursión no se ven ballenas te devolvían el 80% de lo pagado y no les debe salir a cuenta el gasto. Como el barco no salía nos devolvieron todo el dinero y quisieron darnos hora para el día siguiente, pero esa misma tarde nos íbamos a la isla norte así que tuvimos que declinarlo.
Ohhhh, nos quedamos sin ver ballenas. Gemma está bastante afectada, le apetecía mucho verlas. Decidimos pasarnos a ver una colonia de focas que hay en la otra punta del pueblo y que el día antes no visitamos. Según la guía se pueden ver de bastante cerca, no como en Wesport que las teníamos a 30 metros bajo nosotros.
Nos tomamos un café y un par de galletas para no subir en el barco de las ballenas con el estómago demasiado lleno. Y cuando llegamos al embarcadero… Había bastante cola y en los paneles electrónicos ponía que todas las salidas de barcos estaban anuladas. Preguntamos el motivo y nos explicaron que las ballenas no estaban hoy en la zona. Se ve que mandan a primera hora un barco a comprobar y si no hay ballenas el resto no sale. Bastante lógico contando con que si en la excursión no se ven ballenas te devolvían el 80% de lo pagado y no les debe salir a cuenta el gasto. Como el barco no salía nos devolvieron todo el dinero y quisieron darnos hora para el día siguiente, pero esa misma tarde nos íbamos a la isla norte así que tuvimos que declinarlo.
Ohhhh, nos quedamos sin ver ballenas. Gemma está bastante afectada, le apetecía mucho verlas. Decidimos pasarnos a ver una colonia de focas que hay en la otra punta del pueblo y que el día antes no visitamos. Según la guía se pueden ver de bastante cerca, no como en Wesport que las teníamos a 30 metros bajo nosotros.

Pedazo de foca en Kaikorua
Al llegar al aparcamiento… Joder si están más cerca… Teníamos un par a 3 metros del parking, tumbadas en el césped que hay entre el asfalto y las rocas. No esperábamos tenerlas a esa distancia, hay un cartel que explica las normas básicas: no acercarse a menos de 10 metros de ellas, no darles de comer y no ponerse entre una foca y el mar pues podrían sentirse acorraladas y atacar.
La primera norma se infringe sola, cuando tienes focas a 3 metros del coche y otra que está bajo uno de los bancos del aparcamiento… Nos recorrimos las rocas (había marea baja) haciendo fotos a diestro y siniestro. Intentamos no acercarnos a menos de 3 metros de ninguna foca pero hay gente que se hace fotos tan cerca de ellas que las podrían tocar si alargaran el brazo. A Gemma se le pasó rápido el chasco de las ballenas. Estuvimos allí más de media hora paseando.
La primera norma se infringe sola, cuando tienes focas a 3 metros del coche y otra que está bajo uno de los bancos del aparcamiento… Nos recorrimos las rocas (había marea baja) haciendo fotos a diestro y siniestro. Intentamos no acercarnos a menos de 3 metros de ninguna foca pero hay gente que se hace fotos tan cerca de ellas que las podrían tocar si alargaran el brazo. A Gemma se le pasó rápido el chasco de las ballenas. Estuvimos allí más de media hora paseando.

Marea baja
Después tocó seguir la ruta, dirección norte, a Picton. Por el camino paramos varias veces a ver más colonias de focas y como nos habíamos ahorrado muchos kiwi dólares en el paseo de las ballenas decidimos almorzar a lo grande: langosta.
Hay muchas casetas al lado de la carretera donde se cocinan productos del mar que se han pescado ese mismo día, incluso en algunas puedes traer tú lo que hayas pescado y ellos te lo preparan. Según la guía había una caravana con muy buena reputación en lo referente a sus langostas y fue allí donde paramos, el Nin´s Bin. Una caseta de poco más de 2 por 4 metros.
Cuando llegamos solo les quedaban 2 langostas, recién pescadas esa mañana, escogimos la más grande y nos la prepararon a la plancha, partida por la mitad. Nos la comimos en unas mesas que tenían fuera, mirando el mar y la colonia de focas que hay frente al local, acompañada de patatas fritas y salsita, deliciosa.
Hay muchas casetas al lado de la carretera donde se cocinan productos del mar que se han pescado ese mismo día, incluso en algunas puedes traer tú lo que hayas pescado y ellos te lo preparan. Según la guía había una caravana con muy buena reputación en lo referente a sus langostas y fue allí donde paramos, el Nin´s Bin. Una caseta de poco más de 2 por 4 metros.
Cuando llegamos solo les quedaban 2 langostas, recién pescadas esa mañana, escogimos la más grande y nos la prepararon a la plancha, partida por la mitad. Nos la comimos en unas mesas que tenían fuera, mirando el mar y la colonia de focas que hay frente al local, acompañada de patatas fritas y salsita, deliciosa.

Comiendo langosta a la brasa con estas vistas...
El resto del camino a Picton fue algo más alejados del océano, a través de prados con poco interés paisajístico. Los últimos kilómetros sí que estuvo mejor, atravesando un bosque y con colinas altas flanqueando la carretera.
Y Picton es… un pueblo mediano con un puerto y una gran estación de tren, con muchas tiendas de suvenirs y bastantes restaurantes, se nota que es ciudad de paso para quien cambia de isla.
Nos dedicamos a recorrer el pueblo y a visitar tiendas, comimos en un Subway (nunca más) y acabamos devolviendo el coche a la empresa de alquiler que hay en el mismo puerto antes de acudir a embarcar, le hicimos al Yaris 2363 kms en 11 días. El inglés de la empleada era pésimo, tuvo que escribirnos las cosas para poder entenderla. Y el coche que nos tenían que proporcionar en la isla norte no lo tendríamos al desembarcar hoy sino que al día siguiente por la mañana un empleado nos lo tenía que traer a nuestro hotel. Perfecto.
Y Picton es… un pueblo mediano con un puerto y una gran estación de tren, con muchas tiendas de suvenirs y bastantes restaurantes, se nota que es ciudad de paso para quien cambia de isla.
Nos dedicamos a recorrer el pueblo y a visitar tiendas, comimos en un Subway (nunca más) y acabamos devolviendo el coche a la empresa de alquiler que hay en el mismo puerto antes de acudir a embarcar, le hicimos al Yaris 2363 kms en 11 días. El inglés de la empleada era pésimo, tuvo que escribirnos las cosas para poder entenderla. Y el coche que nos tenían que proporcionar en la isla norte no lo tendríamos al desembarcar hoy sino que al día siguiente por la mañana un empleado nos lo tenía que traer a nuestro hotel. Perfecto.

En Picton no hay mucho que ver pero el puerto está muy bien
Lo mejor de la ciudad es el paseo marítimo y su memorial (enano) dedicado a los soldados que murieron en la Primera Guerra Mundial. También el barco que tienen en el museo marítimo vale la pena, es el tercer barco de madera más antiguo del mundo.
Una vez en la terminal esperamos a nuestro barco y cuando llegó y pudimos subir estuvimos entretenidos viendo como lo cargaban con camiones y vagones de tren, notando como se inclinaba a un lado o a otro según como repartiesen la carga.
El viaje duró unas 3 horas y pudimos ver como el sol se ponía detrás de las colinas de la isla sur mientras nos alejábamos… Momento triste, me resultaba difícil creer que la isla norte pudiese superar las maravillas que había visto hasta entonces. Pero seguíamos en Nueva Zelanda y aun había mucho por ver, así que…
Una vez en la terminal esperamos a nuestro barco y cuando llegó y pudimos subir estuvimos entretenidos viendo como lo cargaban con camiones y vagones de tren, notando como se inclinaba a un lado o a otro según como repartiesen la carga.
El viaje duró unas 3 horas y pudimos ver como el sol se ponía detrás de las colinas de la isla sur mientras nos alejábamos… Momento triste, me resultaba difícil creer que la isla norte pudiese superar las maravillas que había visto hasta entonces. Pero seguíamos en Nueva Zelanda y aun había mucho por ver, así que…

Adiós isla sur...
Al salir a mar abierto se notaron las olas que según el parte meteorológico podían llegar a los 2 metros, Gemma casi se marea pero al final consiguió aguantar. Nuestra parada era Wellington, la capital Neozelandesa y cuando llegamos a ella eran ya las 10 de la noche. Al salir de la terminal del puerto empezamos a buscar un taxi y lo que encontramos fue una furgoneta con un remolque portaequipajes y se tenía que compartir con otros viajeros.
Algo desconfiados nos montamos en la furgo y mientras iba soltando a los demás pasajeros pudimos ver la vida nocturna de la que era sin duda la mayor ciudad que veíamos desde que salimos de Barcelona. Al llegar al hotel pagamos la irrisoria cantidad de 10 kiwi dólares por el paseo y nos acomodamos en la habitación, fin del día, a dormir.
Algo desconfiados nos montamos en la furgo y mientras iba soltando a los demás pasajeros pudimos ver la vida nocturna de la que era sin duda la mayor ciudad que veíamos desde que salimos de Barcelona. Al llegar al hotel pagamos la irrisoria cantidad de 10 kiwi dólares por el paseo y nos acomodamos en la habitación, fin del día, a dormir.