Este viaje por la Costa Oeste, desde San Francisco a Las Vegas recorriendo principalmente los Parques Nacionales no era nuestra primera opción. En realidad era la Ruta 66 desde Chicago a Santa Mónica, pero como no sabíamos si tendríamos días suficientes buscamos algo seguro, es decir, que no pasara de las 2 semanas justas (14 días) e, indagando por la red, encontramos muchísimos diarios de viaje con muchas variaciones de la ruta que al final elegimos.
Lo primero fue decidir a donde volar. La primera idea era Los Ángeles, pero mayoritariamente encontramos mejores opiniones sobre San Francisco y Las Vegas que sobre Los Ángeles, así que decidimos que estas dos ciudades serían el punto de partida y de finalización del viaje. Así que cogimos los vuelos y seguidamente el alquiler del coche, un Toyota Corolla con Alamo y un seguro de viaje, con FIACT.
La ruta la fui apañando poco a poco, decidiendo hasta donde ir cada día y que no supusiera una paliza en coche, consiguiendo al final solo un par de días con trayectos de unas 4 horas de continuo, siendo el resto inferiores. En un principio el día 5 en lugar de acabar en Bishop nos llevaba a Sequoia NP, pero a falta de una semana para marchar pensé que podíamos ver estos árboles gigantes en Mariposa Groove y nos suponía un buen ahorro de horas de coche para ir a Death Valley, además de permitirnos salir de Yosemite por la escénica Tioga Road y pasar por Mono Lake. Por suerte, pudimos cancelar la reserva en el hotel y encontrar otra en Bishop.
He de decir también que me agobié bastante hasta que, de repente, un día cogí el planning y me cuadró todo a la perfección, prácticamente sin pensarlo.
Con bastante antelación, por supuesto, adquirimos las entradas a Alcatraz y Antelope Canyon, habiéndonos informado de que cuanto antes las cogiéramos mejor, para no quedarnos sin nada.
Tampoco me obsesioné por tenerlo todo planificado completamente al dedillo, solo sabíamos donde dormíamos y cuál era la cita importante de cada día. Por tanto, los lugares donde cenar (porque comer casi siempre tiramos de bocadillo que nos preparábamos por la mañana antes de lanzarnos a la excursión), las paradas intermedias e incluso lo que visitar en cada lugar lo decidíamos sobre la marcha o, como mucho, la noche anterior en el hotel con la guía de Trotamundos en la mano y tirando de diarios de viaje en Internet.
Para el viaje nos llevamos una maleta facturada, una maleta pequeña de equipaje de mano y una mochila también de equipaje de mano. No iban llenas a reventar, en previsión de lo que compráramos allí y de que tampoco haría falta una gran cantidad de ropa. Para San Francisco y Las Vegas escogimos vaqueros y alguna camiseta de vestir y para las visitas a los parques, ropa más deportiva, por si hacíamos alguna ruta, además de un forro polar y un chubasquero-cortavientos.