El segundo día teníamos planeados bastantes templos para ver por la mañana, así que volvimos a madrugar y el primero fue el Chion-in, famoso por la puerta principal.
Además de que el templo es curioso, el entorno es bonito y cae de paso para muchos templos, así que merece la pena pasarse.




El siguiente fue el Nanzen-ji, y para mi si que sería un templo imprescindible dentro de la visita a Kyoto, no solo por el templo en sí, por todo el entorno que lo rodea. Lo más curioso es un acueducto que cruza por mitad del bosque, que parece que lo han plantado allí los romanos en algún viaje temporal, y al que se puede subir para tener mejor panorámica.






Ver estos dos templos nos llevó practicamente toda la mañana, así que paramos a comer y pusimos rumbo al Heian Jingu. Este templo te recibe con una puerta Torii gigantesca, se parece bastante a algunos de Tokyo, es muy grande y totalmente diferente a otros de Kyoto, por eso es curioso verlo, aunque no imprescindible.




Ese día ya estábamos un poco saturadas de templos y fuimos a ver la zona de Gion, que el día anterior habíamos visto pero con poco detenimiento.
Casi lo primero que se ve es la casa de té famosa por Memorias de una geisha, luego si se sigue andando por esa calle se llega a un templo al que también se puede entrar gratuitamente.


La zona de Gion es indescriptible, parece que te has transportado al Japón antigüo, sobretodo yo recomendaría esperar a que anochezca y a que enciendan los farolillos de la calle. El ambiente es todavía más especial si cabe.
Los turistas están cámara en mano en cada esquina intentando cazar a alguna geisha en la calle principal, nosotras preferimos meternos por las callejuelas y tuvimos la suerte de disfrutar prácticamente solas de un trocito de Kyoto.
Para acabar el día fuimos a dar una vuelta por la zona del río que cae muy cerca y vuelta para el hotel.