DÍA 7 (10 Diciembre)- Paseo por Trinidad para comprar 4 baguettes para el almuerzo y envío de postales que creemos que no van a llegar porque nos han dicho que si no se sellan, algunos cubanos despega el sello para volver a venderlo, aún así han llegado. Salimos a las 10:30 hacia Tope de Collantes por una carretera llena de “curvas” peligrosas y de baches. Paramos en el mirador para admirar el paisaje y un par de tarántulas que tenía un lugareño.
Llegamos al centro de información de Topes de Collantes y después de un intento fallido de ir al Salto de Caburní, decidimos hacer la excursión de los Jardines de los Gigantes con Susana y George. El paseo es bonito pero lo tienen descuidado y dejado. Un café en la Casa del Café y almuerzo en el reloj de sol del Centro de Información. Vuelta a Trinidad con el deposito en la reserva, zumo donde Miriam y camino a Cerro Vigía. En el trayecto vemos mucha pobreza y nos acompaña un perro al que George le dio un aperitivo y del que no se separó. El camino es algo empinado y pedregoso pero merece la pena ver el atardecer desde allí y contamos también con la compañía de una pareja de canadienses muy sonrientes.
Vuelta para tomar algo y descansar en La Casa de la Música y a cenar langosta en casa. Después de cenar, los seis huéspedes, fuimos a tomar algo al Palenque de los Pongos Reales (espectáculo un poco soso pero música bien) y a la Casa de la Música, en las escaleras y más tarde dentro donde continuamos la fiesta y conocimos a cubanos que nos merodeaban como moscas para bailar con Susana, Johana y Ana. Buena noche para despedir Trinidad, el mejor destino de todos y la mejor compañía.
Llegamos al centro de información de Topes de Collantes y después de un intento fallido de ir al Salto de Caburní, decidimos hacer la excursión de los Jardines de los Gigantes con Susana y George. El paseo es bonito pero lo tienen descuidado y dejado. Un café en la Casa del Café y almuerzo en el reloj de sol del Centro de Información. Vuelta a Trinidad con el deposito en la reserva, zumo donde Miriam y camino a Cerro Vigía. En el trayecto vemos mucha pobreza y nos acompaña un perro al que George le dio un aperitivo y del que no se separó. El camino es algo empinado y pedregoso pero merece la pena ver el atardecer desde allí y contamos también con la compañía de una pareja de canadienses muy sonrientes.
Vuelta para tomar algo y descansar en La Casa de la Música y a cenar langosta en casa. Después de cenar, los seis huéspedes, fuimos a tomar algo al Palenque de los Pongos Reales (espectáculo un poco soso pero música bien) y a la Casa de la Música, en las escaleras y más tarde dentro donde continuamos la fiesta y conocimos a cubanos que nos merodeaban como moscas para bailar con Susana, Johana y Ana. Buena noche para despedir Trinidad, el mejor destino de todos y la mejor compañía.
