Cogimos el tren de las 8:53 y llegamos a Paestum a la 10:06. Tras un breve paseo hasta el yacimiento pagamos la entrada (4 euros la reducida).
Aunque se pueden ver los templos perfectamente desde la verja exterior, merece la pena pasearse entre ellos.
Si días atrás estuvimos en Roma, ahora retrocedimos 2700 años a la cultura griega. Es increíble cómo tras ese tiempo se conservan en pie estos magníficos edificios. Puedes ver el templo de Athenea, de Hera y de Neptuno, así como el anfiteatro.
Volvimos a entrar en el yacimiento por la puerta de Neptuno con las entradas de antes y recrearnos de nuevo paseando entre los templos. Salimos por la entrada inicial, visitamos el museo y comimos muy bien en Della Rosa (hay tres menús: de 7 euros con pizza y bebida; 12 euros: pasta con tomate y escalope; y de 16 euros: espaguetti con frutos de mar y fritura de pescado). Cogimos el tren de las 15:00.
De vuelta a Nápoles fuimos a museo arqueológico, donde nos encontramos cerradas por falta de persona la mitad de las salas (toda a semana), incluida la sala Meridiana y nos quedamos sin ver el fresco de Pompeya que traía mi marido en portada de la revista National Geografic. Si pudimos ver la colección Farnesio, los mosaicos y la sala secreta.
A la salida recorrimos la vía Faria y nos volvimos.
